Los recuerdos son buenos para el corazón...
A los compadres: Charo, Lolo, Lucho.
I
¡Ring, ring, ring, ring! - ¡Aló! Contestó el teléfono, Sofía.
-¡Hola! Te habla, Aída.
-Sí reconocí tu voz ¡Hola! ¿Tú llamándome un sábado; el día que almuerzan con el “padrino”?, contestó Sofía.
-Es que quiero preguntarte ¿Tienes algún plan para la noche de Año Nuevo?, respondió Aída.
- Nada especial, lo pasaré aquí en casa con mi familia, dijo Sofía.
-¡Ah! Te voy a pasar para que hables por teléfono y conozcas al “padrino”, agregó Aída.
-¿Y eso? ¿para qué; no me contaste que tenía novia y que se iba a casar? Contestó Sofía.
-No, después te explico. Habla con él. Respondió Aída.
-Ok. ¡Pero esto, está raro! Antes no querías presentarme al ‘padrino’ y ahora sí. ¿Te acuerdas? Cuando el “padrino” vio las fotos de tu matrimonio con tus amigas y te preguntó ¿quién es esta chica? Y esa era yo. Te dije, preséntamelo, pues. Y me contestaste. No, tiene novia. Recordó Sofía.
-¡Ja, ja, ja! Es que en esa oportunidad tanto tú, como él tenían pareja. Ahora ambos están libres. No hay nada de extraño. Te lo paso para que hables con él, se llama Miguel, dijo Aída.
-¡Hola pata! Dijo Miguel.
-¡Hola! “padrino” ¿Qué tal? ¡Encantada de conocerte por teléfono!, respondió Sofía.
-¡Yo, ya te conozco por foto, las del matrimonio de los Salvatierra. Ellos van a hacer una reunión de Año Nuevo en Cieneguilla ¿Quieres ir conmigo?, dijo Miguel.
-Bueno, sí. Puede ser. Pero primero hay que conocernos personalmente ¿no crees?, le respondió Sofía.
- Mañana a eso de las 7 pm., paso por tu casa ¿Te parece? Contestó Miguel.
-Sí, está bien. Anota la dirección y mi teléfono. ¿Listo? Me pasas a Aída, por favor. Dijo Sofía.
-Está bien. Sofía. Nos vemos mañana en tu casa. ¡Chau! Se despidió Miguel.
-Aída, el “padrino” me dijo ‘hola pata’ ¿Cómo se le ocurre? ¡Yo soy de la Católica! Y no soy una ‘pata’, le comentó Sofía a Aída.
-¡Ja,ja,ja! No le hagas caso. Él es de la Agraria. Es bien ¡buena gente!, respondió Aída.
-¡Ah! ¿¡Bien buena gente!? ¿No? ¡O sea, es feo! Pero bueno, okey, siquiera me gustó su voz por teléfono, dijo Sofía.
-Mañana lo conocerás y verás. ¡Chau!, se despidió Aída.
II
A las siete p.m., en punto, del día siguiente, Miguel tocó el timbre de la casa de Sofía. María, como era su costumbre, salió presurosa a abrir la puerta de servicio. Al ver que era un joven al que no había visto antes. Le dijo: Espéreme un momentito joven, y se fue directo a abrir la puerta principal.
María, era una persona muy intuitiva, si alguien no le simpatizaba, de la puerta no pasaba. Sin embargo, por una extraña razón hizo entrar a Miguel hasta la sala sin someterlo antes a un somero interrogatorio, como siempre hacía.
Miguel, a la sazón de 26 años, alto, delgado, moreno, pelo negro, bien peinado, de ojos negros y pestañas curvas, usaba lentes correctores desde pequeño. Vestía impecable con pantalón negro de gabardina, camisa beige, encima llevaba puesto un suéter rojo de cachemira, manga larga y cuello en V. Parecía recién salido de la ducha. Olía a la colonia francesa Savage para hombres. Su hobby era resolver los crucigramas que publicaban en el diario “El Comercio” y la revista “Caretas”. Acababa de terminar un Máster en Esan en administración de empresas y era ingeniero de profesión. ¿Todo un nerd?
-¿Una imagen vale más que mil palabras? ¡Sí, esta vez! A Sofía le gustó Miguel al primer golpe de vista. Al verlo sintió un estremecimiento. Una especie de corrientazo en sus pezones. Y pensó: ¡Ya estoy lista! ¡Me fregué!¡Este tipo me atrae!
– ¡Hola Miguel, encantada de conocerte! Le dijo, mientras le sonreía y estrechaba la mano extendida de Miguel.
– ¡Hola Miguel, encantada de conocerte! Le dijo, mientras le sonreía y estrechaba la mano extendida de Miguel.
-Lo mismo digo -Contestó Miguel esbozando una amplia sonrisa. Mientras pensaba: ¡Qué rica está! ¡Me gusta más en persona que en la foto del matrimonio de los Salvatierra! En la que Aída esta retratada rodeada de todas sus amigas.
Miguel esa noche estuvo simpatiquísimo, permaneció largo rato en casa de Sofía, departió con toda la familia y les trasmitió su carisma, ese atractivo especial innato en algunas personas. El papá de Sofía hizo algo que a su hija no le gustó nada. Le invitó a Miguel a que compartiera con él una cerveza Pilsen bien fría. Algo que nunca antes había hecho con ningún otro amigo de sus hijas.
Esa noche, Miguel aprovechó para invitar a Sofía a su casa, pues en dos días cumplía años y tendría una reunión con sus amigos. Sofía le agradeció la invitación pero no le prometió ir, y, no fue. Lo saludó por teléfono. Quedaron en que él pasaría por ella el 31 en la tarde para ir juntos a Cieneguilla a la reunión de Año Nuevo de los Salvatierra.
III
Miguel y Sofía llegaron a Cieneguilla casi al anochecer. Inmensa y brillante se veía la luna en plenilunio, parecía más cercana a la tierra. El cielo estaba despejado, adornado por miles de estrellas, Un viento frío que le ponía a uno la carne de gallina, cubría la comarca. La casa decorada con adornos y luces navideñas. El árbol de pino natural invadía con su aroma toda la estancia dándole un ambiente navideño y acogedor. Toda la familia de los Salvatierra: padres, suegros, hermanas, cuñados, tíos, primos, sobrinos, estaban reunidos allí disfrutando de bebidas espirituosas, del típico chocolate cuzqueño de taza, sándwiches, tortas, nueces, pasas, pecanas y variedad de delicias dulces y saladas típicas de las fiestas decembrinas. El pavo relleno se horneaba en la cocina para la cena de medianoche, estaba anunciándose desde ya con su provocativo olor que estimulaba el paladar de los comensales.
Aída, con la bebé Micaela en sus brazos, salió a darles el encuentro a Sofía y Miguel. –Los estábamos esperando desde hace rato, les dijo, al tiempo que saludaba a cada uno con un beso.
Alfonso abrió la puerta de la estancia para que entraran con el carro y, les dijo: Ya íbamos a salir a buscarlos. Tardaron en llegar. Y en son de broma agregó: O se perdieron deliberadamente ¡Ja, ja,ja!
Alfonso y Miguel amigos del colegio, desde el kínder. Siempre juntos como hermanos, aunque sus personalidades eran muy distintas. Alfonso era inquieto, travieso, dicharachero y pendiente de las circunstancias cotidianas para sacar algo divertido, una travesura, una picardía. En cambio, Miguel era más bien tranquilo, pensativo, precavido, sin dejar de ser algo travieso pues bien que secundaba a Alfonso en sus inventivas. Con el tiempo cada uno tomo su propio rumbo. Universidades y profesiones disimiles. Aún así, siempre permanecieron uno pendiente del otro, aún a la distancia. Cuando Alfonso conoció a Aída, el primero que lo supo fue Miguel: ”Conocí a una hembrita que está bien buena. Estoy enamorado”. Y le dijo, ¡Pucha hermano! Esta hembrita me atrae, me gusta escuchar su risa burlona, me provoca acariciarle su cabellera que le llega hasta la cintura. Sus ojos marrones de mirada burlona me ponen nervioso. Es cachetoncita, me tiene loco, hermano. ¡Mañana mismo me le declaro! Todos los días la busco en su casa para irnos a la universidad y en la tarde la llevo devuelta a su casa. Ella está igual de ansiosa, esperando que me le declare. ¡Lo sé! ¡Ya no aguantamos más, ni ella ni yo!
-Una vecina de Aída los había presentado, estudiaban ambos en la PUC pero nunca se habían visto antes. Aída vivía lejos y Alfonso se ofreció a ir a buscarla a su casa todos los días para llevarla a la universidad. Aída aceptó sin pensarlo dos veces… ¡Sí, gracias! Las vibras amorosas surgieron de inmediato. Los compañeros les hacían bromas, ellos trataban de disimular su idilio para evitar las chanzas. Pero era inútil. No les quedó más remedio que hacerlo público. Ese año formalizaron su compromiso. Estaban enamorados y sentían el deseo de estar juntos todo el tiempo ¡pasión, amor y embriaguez! Todo en una sola molécula.
Las amigas de Aída fueron las primeras en enterarse de que pronto ese amor llegaría al altar. – Aída comentó un día – Alfonso va a pedir mi mano. Sus amigas se alegraron ¡Era la primera que se casaría del grupo!, y aún, cuando la fecha no estaba establecida hacían planes para la despedida de soltera. -El matrimonio sería al finalizar ese año universitario. Transcurrió el invierno, la primavera. Se casaron finalmente durante el verano. Primero fue la boda civil y luego el matrimonio religioso. Miguel fue testigo de Alfonso en el eclesiástico.
A nadie le extraño que Alfonso escogiera a Miguel para que fuera el padrino de bautizo de su primera hija. Y a partir de esa fecha, toda la familia Salvatierra llamó a Miguel “el padrino”.
IV
A Cieneguilla llegaban los invitados. Se formó un simpático grupo. Conversaban, brindaban con vino, champagne, refrescos, jugos. Abundaban los buenos deseos, augurios, se contaban sus planes, proyectos para el año que se avecinaba. La música se oía a todo volumen. Habían colocado el estéreo en el gazebo del jardín convertido en una pista de baile. El Año Nuevo lo recibieron reventando cuetes, luces de bengala, cuetones. Esa noche hubo abundante comida, bebida, y, bailaron hasta el amanecer, otros salían a pasear por el jardín, volvían a acercarse a la casa. Al fin, algunos se adormilaron, los niños se fueron a dormir. Miguel y Sofía tuvieron tiempo para compartir y conocerse un poco más.
– ¿Te sirvo una copa de vino o prefieres otra cosa? Le dijo Miguel.
– Si, vino está bien, gracias. Le contestó Sofía, al tiempo que cruzaba sus largas piernas.
Le sirvió la copa de vino, brindaron, Miguel comentó – ¿Cómo es que no te conocí antes? Ambos fuimos oferentes de la despedida de solteros de los Salvatierra, además estuvimos en la fiesta y luego en el matrimonio. ¿Y nunca nos vimos?
-Sí, es cierto.- Sofía carraspeó y afirmó-: Creo que ambos teníamos otra relación ¿Será por eso? Aunque yo siempre fui sola a las fiestas que mencionas.
-Y yo, también, afirmó Miguel. Y además, yo siempre, todas las semanas, voy a casa de los Salvatierra en Javier Prado y nunca hemos coincidido. ¡Cosas del destino! ¿Será que éste es nuestro momento? ¡Tenemos que recuperar el tiempo perdido!
-¿A qué te refieres? le contestó Sofía, mirándolo con fijeza. Aunque sabía exactamente a qué se refería.
-¡Vaya por aquí andan!, dijo Alfonso, se acercaba a ellos con una botella de vino en la mano.
- ¡Los estábamos buscando! Reafirmó Aída.
- Miguel y Sofía sorprendidos, apartaron la mirada uno del otro, sonrieron y turbados por la presencia de los Salvatierra bebieron un trago de sus respectivas copas.
Alfonso, al percatarse del súbito azoramiento de Miguel, intervino. -Dime de ¿qué hablaban para oponerme? ¡jajaja! ¿qué están tramando?
Miguel, sonreía, no disimulaba su entusiasmo, Sofía en cambio, no dejaba adivinar sus sentimientos. Alfonso se atrevió a echarles bromas. Sofía sonreía discretamente, pensó – Algo deben haber hablado estos dos- refiriéndose a Alfonso y Miguel.
La noche era fría. El rocío impregnaba el jardín, las rosas y buganvilias, noche de luna llena, nítida inmensa esfera que alumbraba toda Cieneguilla. Aída, Alfonso, Miguel y Sofía conversaron los cuatro toda la noche, reían, festejaban, bromeaban. Apenas había nadie. Todo en silencio, podían oír únicamente sus voces.
-Miguel comentó alzando la mirada hacia el cielo –Cieneguilla es un escenario magnífico para recibir el Año Nuevo y qué mejor que con ustedes, Alfonso, Aída y Sofía.
-¡Tienes razón!- Le contestó Alfonso tomando a Aída del brazo mientras caminaban hacia la casa ya para irse a dormir.
- Miguel hizo lo propio con Sofía, le encantó la cercanía de ella, el aroma de su perfume. Ligero, floral, embriagador. Se sentía muy atraído por ella. Del mismo modo que se había sentido cuando la vio por primera vez en la foto del matrimonio de Aída y Alfonso y luego la noche que la visitó en su casa, pero esta noche esa sensación fue más intensa, mucho más fuerte. Caminaron juntos en silencio por unos segundos hasta que Miguel le dijo: -Creo que ésta es la habitación que te toca compartir con las primas de Aída.
-Sí, le contestó Sofía: Bueno Miguel, nos vemos dentro de un rato, que descanses.
Ese Primero de Enero, Miguel y Sofía se despidieron de los Salvatierra. Miguel llevaría a Sofía a su casa. Al llegar a Lima a eso de las 2 de la tarde, Miguel no dejó que ella se bajase del carro, pasó el seguro a las puertas y le dijo: -Si quieres bajarte, primero tienes que darme un beso.
Ella le contestó: ¿Estás loco? Recién nos hemos conocido.
Ella le contestó: ¿Estás loco? Recién nos hemos conocido.
-Él respondió, -no importa… ¡sé que me voy a casar contigo! ¡me casaría contigo mañana mismo!
-¿Qué? ¡estás ‘re loco’! Le contestó Sofía – ¡Tú no me conoces lo suficiente, no sabes cómo soy! ¡Ni yo sé, cómo eres tú!
-¿Qué? ¡estás ‘re loco’! Le contestó Sofía – ¡Tú no me conoces lo suficiente, no sabes cómo soy! ¡Ni yo sé, cómo eres tú!
- Miguel parecía que no la escuchaba. Se fue acercando a ella y la besó.
- Sofía se dejó besar.
- Se despidieron y esa misma tarde se volvieron a ver para ir a ver 'Annie Hall' en el cine Pacífico de Miraflores.
FIN