Noche oscura, se fue la
luz eléctrica en el cerro. La pequeña
Yuleixsy de doce años, mece en su cuna y arrulla con suave canto al bebé, su medio hermano. Hijo de su mamá y su actual marido.
-¡Duérmete niño lindo que si no te duermes vendrá la bruja y te
llevará!
En la mesa de noche hay una vela que alumbra débilmente la habitación. Atraviesa el techo del cuarto una cuerda en el que se ven colgados pañales de tela, pantalones, franelas, faldas, interiores, que se agitan con el viento que penetra en el rancho y proyectan lúgubres sombras sobre la cama, sobre el bebé y sobre Yuleixsy.
En la mesa de noche hay una vela que alumbra débilmente la habitación. Atraviesa el techo del cuarto una cuerda en el que se ven colgados pañales de tela, pantalones, franelas, faldas, interiores, que se agitan con el viento que penetra en el rancho y proyectan lúgubres sombras sobre la cama, sobre el bebé y sobre Yuleixsy.
La atmósfera es pesada, se respira hediondez combinado con olor a sopa de pescado y cigarro.
El bebé llora, calla, llora cada vez con mayor intensidad. Da la impresión que no va a dejar
de llorar nunca pero el cansancio lo vence y rendido se duerme.
Yuleixsy muere de sueño, siente sus ojos pesados, se le cierran solos. Por más que intenta mantener los ojos abiertos, no puede, sus esfuerzos son vanos. Duerme a ratos, cuando despierta canturrea la canción de cuna: ¡Duérmete mi niño! ¡duérmete ya!
Fuera llueve a cántaros, se
escuchan ruidos molestos como que revientan cuetes o ¿son disparos? Dentro del rancho oyen los ronquidos del abuelo que duerme en la sala
comedor devenida en las noches en habitación de los viejos. En el otro cuarto duerme la mamá de Yuleixsy.
Su marido aún no ha llegado.
Yuleixsy tiene órdenes de no
dormirse hasta que el niño se duerma primero. La vela está a punto de apagarse.
La niña cabecea, los ojos se le cierran. Se adormece y empieza a soñar.
Se ve en el colegio, la maestra
le sonríe y la felicita por sus buenas calificaciones. Esta en el recreo
jugando con sus amiguitos, el sol brilla esplendoroso, escucha el
canto de pajaritos, un colibrí agita velozmente sus alas mientras se
alimenta del néctar de una sábila. Yuleiksy lo contempla arrobada. Es una niña
feliz acariciada por los rayos del sol.
-¡Duérmete mi niño duérmete ya! Apenas se le escucha canturrear,
entre sueños a Yuleixsy.
Momentos después sueña hallarse
en una finca, es la casa de su papá, La casa es grande señorial. Papá
desciende de su caballo, ella se acerca corriendo a saludar a padre. Él la besa con amor en la
frente, entran juntos a la casa. De pronto Yuleixsy siente un tremendo manotazo en la cabeza. Despierta y ve con horror
que es el marido de su mamá que le grita:
-¡Muchacha bruta! ¡el bebé llorando y tú durmiendo no sirves para
nada!
La toma de los brazos, la sacude con fuerza Yuleixsy
impávida del terror pide perdón:
-¡No volverá a suceder señor! ¡Lo siento! ¡No me pegue! ¡Ay! no me pegue más!
Yuleixsy sale corriendo hacia el
baño se echa agua en la cara. Sacude la cabeza, con ojos asustados, le tiembla
el cuerpecito. Sin embargo, empieza a
canturrear.
-¡Duérmete mi niño duérmete ya que sino la bruja mala vendrá y nos llevará!
-¡Tráeme al bebé,!- grita la madre.
Mientras la madre da de mamar al
bebé, Yuleixsy cierra los ojos y se vuelve a quedar dormida por unos instantes. No le da tiempo de soñar.
Ya es de día. Yuleixsy se baña
con la poquita agua que llega al rancho. Se cambia para irse al colegio. Desayuna
una arepa untada con margarina y café con leche. Su mamá le grita desde su habitación.
-Ya no vas a ir al colegio. Te necesito aquí para que cuides al bebé.
Yuleixsy implora:
-¡Mamá no, por favor! ¡yo cuidaré a mi hermanito toda la noche! ¡no me
quites mi colegio! Mamá.
Afuera el sol caraqueño benigno y luminoso sale para todos con sus dorados rayos, la gente sencilla, baja las escaleras del cerro a tomar el
transporte para ir a sus trabajos, al colegio, a sus obligaciones cotidianas. Yuleixsy desciende las escaleras y se
encuentra con sus amiguitas. La niña ahora ríe y corre a tomar el jeep que las llevará a su colegio, es el edén de Yuleixsy.






