viernes, 30 de diciembre de 2016

LA TREGUA DE DIOS



Que os améis unos a  otros; que como yo
os he amado, así también os améis unos a otros.
Juan 13:34

Esta época del año, en la que uno suele meditar sobre los sucesos de su vida, los familiares, del país en que uno vive  y del mundo en general pensé ¡Basta ya!  Ni siquiera en estos días podemos descansar de escuchar tantas malas noticias que nos llegan por todas las vías comunicacionales: Periódicos, radio, televisión,  Tuits, WhatsApp,  Messenger,   etcétera.   ¡No es justo! Y, deseé  una  tregua,  ya que es imposible tenerla para siempre. 

En días pasados leí en una vieja Selecciones del Reader Digest,  que en tiempos de guerra en la Edad Media se dio una tregua en medio del horror del combate. La Iglesia Católica logró imponer una pausa, una interrupción. En francés se llamó: la Tréve de Dieu.
Como no podían dejar de matarse mutuamente, saquearse, espiarse,  por lo menos convinieron hacer un alto en los días de guardar,   los fines de semana y en  días especialmente sagrados como Navidad.
En nuestro tiempo, Sería grandioso despertarse en estos días de Navidad, de Año Nuevo, y saber que ningún ser humano  matará a otro,  no habrán asaltos, ni intrigas, ni robos. Los  estantes de los mercados estarán llenos de comida, para comprar; las farmacias bien abastecidas de medicamentos; la gente tendrá dinero suficiente para cubrir las necesidades propias y  de sus familias;  los hospitales contarán con todos los insumos y equipos necesarios para atender a sus pacientes. Cito estas últimas situaciones porque es el caso particular de Venezuela que padece estas escaseces desde hace unos años y que se ha acentuado aún más últimamente.  De que no  habrán colas de gente para poder, con dignidad, adquirir  cosas para cubrir sus necesidades u obtener algún servicio público o privado, Saber que tampoco habrán  torturas en las cárceles. Que se liberarán a todos los presos políticos  y no habrá corrupción. En general, que los políticos del mundo  no se atacarán mutuamente. Los contratos serán respetados y la palabra empeñada se cumplirá cabalmente. Los seres humanos, todos  se amarán entre si.
Sé perfectamente que todo esto es  una utopía, una ingenuidad.  Sin embargo,  aceptaré una cordial trevé que empiece en la puerta de mi  apartamento, se extienda a la de mi vecino y que él la trasmita a otro y así sucesivamente se extienda a otro y otro hasta que  llegue a todos los confines de la tierra

                                                                                                                                    Dic. 30, 2016.