sábado, 2 de mayo de 2015

EL LADRÓN DE PINTURAS (Versión 2)


                                                                                          "... Los humanos esconden sus secretos demasiado bien."
René Magritte.

Caracas, Abril 2015
Los Amantes 1928 - Magritte
 Permítame estimado lector presentarme con mi seudónimo, Rodolfo Butler. Mi pasatiempo es robar obras de arte, razón por la cual no puedo dar mi verdadero nombre. Además, escribo sobre mis transgresiones. En mi última incursión delictiva me apropie de dos pinturas: “El hijo del hombre de René Magritte, y el “Autorretrato” de Vincent Van Gogh. Me doy  el placer de contemplar estas obras maestras, en privado, con  mis más discretos conocidos; hasta el día que devuelvo las obras al museo; hecho que siempre hago. Verá usted, no soy un vulgar ladrón que roba valiosas pinturas para luego venderlas a inescrupulosos millonarios o narcotraficantes sudamericanos a quienes les gusta poseer algo que nadie más puede tener. No, no pertenezco a ese grupo. Para que se haga una idea de mí, tengo  cuarenta años y las mujeres me califican como  hombre atractivo, domino tres idiomas, provengo de buena familia y a mi edad ya soy millonario. Mi fortuna personal provine de mi trabajo honrado en bienes raíces y de acertadas inversiones. Podría vivir holgadamente sin trabajar por el resto de mis días y es lo que en cierta forma hago, porque dedico más de mi tiempo a recorrer los museos del mundo. Tal es mi entusiasmo que asumo el peligro de verme descubierto en plena acción, con tal de sentir la adrenalina fluir por mis venas cuando culmino con éxito una sustracción.
El Hijo del hombre - 1964 
Nieva en París y sin embargo, las calles están atestadas de gente con gruesos abrigos, guantes, gorros y acolchadas botas. Los peatones caminan presurosos por las calles al golpe del viento helado que penetra hasta los huesos. En el museo D’Orsay, en la Rue de Légionne  d’honour es la hora del cambio de guardia. Bajan de la furgoneta cuatro guardias que remplazarán  a los del turno de la noche. Se identifican. Todo está en regla.  A las 9:30 a.m. abren las puertas del museo e ingresa el público parisino deseoso de visitar la sala en la que está la exposición temporal de pintores famosos del National Gallery de Londres. Guías con sus banderines y su grupo de turistas, profesores de colegios y alumnos. El museo está a tope y fluyen visitantes a lo largo de todo el día, dispersos entre las salas de exposición, baños, cafetería y tienda del museo. A las 19:00 horas cierran. Los policías del turno de la noche, inician su recorrido acostumbrado por las diversas salas. De pronto un policía ve que de la sala de la exposición temporal de pintores, han desaparecido dos cuadros valorados en doscientos millones de dólares, cada uno. El ladrón con las pinturas desprovistas de sus marcos logró  salir del museo por la ventana de un baño. Al día siguiente, la noticia del robo es reseñada en los principales periódicos de Francia. El diario Le Monde  de París, en primera plana publica una foto del policía que descubrió el robo. – ¡Pero si es Adriano!- se dice a sí mismo Butler. -Adriano mi ex socio y el que me inicio en estas lides años atrás. ¡Seguro que me le adelanté!; ¡Ese zorro quería las pinturas para él! ¡Él, ¿vestido de policía?! ¡Tengo que ubicar a Adriano!-.

 Diciembre 2014. En el Café de Flore de París
Frente a sendas copas de vino, converso con Adriano, han pasado diez años desde que nos vimos. Robábamos juntos. Él siempre lograba hasta lo impensable. En 1998, en Nueva York perdimos la pintura “Ramo de Peonías” de Manet, valuado en un millón quinientos mil dólares. Escondimos el lienzo en el techo de una oficina del museo, con la mala suerte que la policía la encontró. Fue un soplo, la mujer de Adriano nos delató. Lo reté a duelo. Salimos ilesos los dos. No supe más de él ni de su mujer.
Habla Adriano –Felicia está muerta, yo no tuve nada que ver en eso, soy ladrón, no asesino. Era demasiado hermosa, ambiciosa y sin escrúpulos; por dinero nos denunció.  Continúa – ¿Dónde tienes el Magritte y el Van Gogh?  
-No tengo por qué decírtelo.- Le contesto.     
-Te entregaré. Ahora soy policía.-
-¡Eres un falso policía!, tú querías esas pinturas para ti.-  
Autoretratos V. Van Gogh
-Sí soy policía.  En una incursión me aprendieron en Estambul. Me deportaron, y, aquí me conmutaron la pena a cambio de resolver casos de robo de obras de arte. Me gustó este trabajo y ahora recorro como policía de investigación los museos del mundo. No me quejo.
 – ¡Devuelve las pinturas, Butler! O te entregaré.
-¡No!, tú sabes cómo es; en dos años las tendrás en Londres. Además, fui yo el que te busqué a ti. Tú no has resuelto nada, policía. Para mí, sigues siendo un ladrón de pinturas como yo.
–Te doy los dos años convenidos en nuestro código, Butler,  pero iré a tu casa a verlas.
-¡Hecho!, serás uno de mis  invitados permanentes.

Y del Café de Flore, nos fuimos a recorrer París de noche hasta que amaneció. 
                                                                             FIN

Nota: Este relato surge a partir de la película "Tomas  Crown  Affair"  que me gustó mucho.  El cuento lo escribí el 2 de Mayo de 2015. Pero hoy 21/4/2020, en tiempos de la pandemia del coronavirus19, me acordé del gran René Magritte y sus rostros cubiertos. De su surrealismo impactante, sui generis. Qué iba a imaginar Magritte, cuando pintó su cuadro °Los amantes" en el año 1928, que premonitoriamente estaba representando una realidad que viviría el mundo entero en el año 2020 por la pandemia del coronavirus19. Como en el cuadro de Magritte, los amantes actuales deben cubrir sus rostros con pañuelos, tapabocas, barbijos, como quieran llamarlos, para no contagiarse mutuamente el peligroso virus que nos asecha, que puede llegar a ser mortal. Todos los habitantes del planeta tierra permanecemos  encerrados en nuestras casas en cuarentena, para preservar nuestras vidas, la de nuestros seres queridos y la de los habitantes que nos rodean. Aunque no todo es malo; por esta pandemia, a cambio, la tierra está descansando del comportamiento depredador del  hombre. El planeta se está limpiando de las peligrosas emanaciones que lo amenazan. La tierra, los mares, el aire, la atmósfera, se están purificando, librándose  de la contaminación. Los animales, peces, habitantes marinos, aves, regresan a sus espacios perdidos por la invasión del hombre. El coronavirus19 está dándonos una gran lección, la de aprender a convivir en armonía con los demás seres vivos que pueblan la tierra y sus espacios. 

jueves, 26 de marzo de 2015

A SOLAS CON LA ABUELA

Vivo ya fuera de mí, después que muero de amor;
porque vivo en el Señor, que me quiso para sí.
Santa Teresa de Jesús

San Martín de Porres
Las nietas de Julia se habían acostumbrado a que su abuela llegara dos veces al año  con una de sus hijas a Lima, para su respectivo chequeo médico en el Hospital del Empleado. La abuela  permanecía internada una semana, cuando menos. Para las niñas era una algarabía, pues esto significaba que papá Sergio las llevaría algunas tardes a visitar a su abuela al hospital, y luego, por lo bien que se portaban las invitaba a la cafetería del nosocomio a comer butifarras o  hamburguesas con papas fritas y de postre siempre pedían sus helados favoritos Peach melba, o torta helada. Era ya una costumbre de unos cuantos años que disfrutaban mucho.  
Papá, a la abuela nunca la hemos visto vestida con un traje normal; siempre está  con ese hábito negro y blanco ¿por qué papá?- preguntó la pequeña Adina. 
Es porque la abuela es devota de San Martín de Porres.  Ella hizo la promesa de vestir el hábito del santo hasta el fin de sus días.  Sólo se lo quitan aquí, en el hospital, para ponerle la bata de los internos. Le contestó su padre. 
-Seguro que la abuela le pide al santo que la cure;  pero la abuela Julia no parece muy enferma porque se come todo lo que le llevan de almuerzo-. Intervino Sol.  
-Sí, así es, a ella le gusta la comida de acá-. Sonrió el papá y continuó: -Está enferma; pero el apetito no lo pierde. Se parece a ustedes cuando venimos a esta cafetería se comen todo. Bueno, es hora de pedir la cuenta para regresar a ver a la abuela para estar un rato más con ella-.  Dijo el papá -¡Señorita la cuenta, por favor! 
Al llegar al piso de hospitalización general, desde lejos divisaron a dos de los  nueve hijos de la abuela y a sus esposas. La habitación estaba llena con nietos y la abuela estaba despierta. Al rato la enfermera pasó indicando que la visita terminaba en media hora. Poco a poco se fueron retirando todos.
Hospital del Empleado de Lima - Perú.
Inaugurado  el 24-07-1956.
Actualmente: Hospital Nacional E. Rebagliati M.

Ya había anochecido, serían como las 8 de la noche y llegó a casa de su hermano Sergio la tía Celeste, la hija con la que había llegado a Lima, la abuela. Celeste preguntó por su hermano pero él había salido a su reunión de todos los martes de la logia masónica. 
La señora tampoco está… fue a casa de su hermana- le dijo María mientras ponía la piyama a Adina.  
Celeste se dirigió a Sol -Ven tú conmigo Sol, que eres la mayor… acompáñame… tal vez nos puedas ayudar en algoen el hospital está tu tía  Cuchi… tu abuelita se ha puesto muy grave
Celeste le pedía al taxista que tomara la ruta más corta hacia el Hospital. Se bajaron volando, atravesaron corriendo la larga ruta hacia los ascensores. Al llegar al piso  una de las enfermeras, presurosa, se acercó a tía Celeste… ella empezó a llorar. Sol no entendía qué pasaba aunque se imaginaba que la abuela se había agravado más. Celeste tomó de la mano a Sol, bajaron al sótano del hospital, atravesaron otra vez los largos pasadizos, corrían a través de salas de espera de los consultorios médicos de la planta baja. No había nadie, de vez en cuando, veían un vigilante, éste guiaba a tía Celeste dándole indicaciones. Hasta que llegaron a un sector del sótano donde había una serie de habitaciones contiguas, tía Celeste abrió una de esas puertas y entraron.  
Allí estaba la abuela, tenía sus ojos bien cerrados, los labios apretados como sellados, su pelo blanco peinado hacia atrás como siempre lo llevaba. Estaba acostada, totalmente inmóvil, dormida en un sueño muy profundo. No se escuchaban sus leves ronquidos, tampoco su respiración. Su cuerpo ocupaba toda la anchura de la angosta camilla, aunque el  largo de la misma excedía el tamaño de la abuela. Vestía su hábito de San Martín de Porres. Al fondo de la habitación estaba sentada la tía Cuchi, sosegada se incorporó apenas las vio. Corrió a abrazar a su hermana, y a Sol le dio un beso. Las hermanas lloraron juntas, a Sol aún no le brotaban las lágrimas. No entendía cómo la abuela estaba, de pronto, muerta.  
Al cabo de unos minutos las tías le dijeron a Sol Hijita quédate un rato con la abuela;  nosotras tenemos que ir a una oficina del hospital a hacer unos trámites, no nos demoramos-. Salieron juntas. La niña,  a sus doce años, nunca había enfrentado la muerte de alguien. Parada, quieta al pie de la abuela, se extrañó que no sintiera miedo,  pero si viene un extraño y abre la puerta allí sí  me va a dar miedo, pensaba. 
De pronto, le empezó a hablar a su abuela: –Abuelita ¿dónde se fue tu alma? No tengo miedo abuela porque tú nunca harías algo para asustarme, tú no te vas a sentar de pronto y abrir los ojos así como en las películas de Frankenstein, y empezar a perseguir a la gente con las manos estiradas. 
Te prometo que ya nunca voy a ver en la televisión la serie de Boris Karloff. Eso no es verdad que los muertos se levantan, ¿verdad abuela? Tú estás con Dios y con San Martín de Porres. Tú no me vas a asustar abuelita. 
La niña se acercó a su abuelita y la besó en la frente… ¡Adiós abuelita Julia! Ya nada te duele ¿verdad? Acarició su pelo, acomodó su hábito. Y las tías no regresaban.
Atardecer limeño. El sol se mete dentro del mar.
La Bandera del Perú.
 -Quién diría abuela… yo que soy junto con Adina de las nietas que sólo te veíamos cuando viajábamos a Ferreñafe para tu cumpleaños, soy ahora la que está a tu lado… aquí a solas contigo en tus últimos momentos en la tierra. Besó a su abuela y esperó a sus tías al lado de su abuela muerta.   

Sol, adulta, contempla el atardecer marino

martes, 20 de enero de 2015

Turismo en una Venezuela devastada - 2.

Segundo día en la Isla de Arapo.

El 27 de diciembre estábamos de cumpleaños era el onomástico de mi esposo. Por eso, ese día, decidimos ir a celebrarlo a la isla de Arapo, ubicada en el Parque Nacional Mochima, al oriente de Venezuela entre los estados Sucre y Anzoátegui.
Hacia Isla  de Arapo  
La señora Gladys, encargada en la posada de preparar los deliciosos y típicos desayunos venezolanos constituidos  por  una o dos arepas rellenas de perico -es un sofrito de huevo revuelto aderezado con tomate y cebolla-; queso semiduro rayado, café a gusto del comensal,  el café  puede ser: negrito es café sólo y concentrado, guayoyo: menos café y más agua, marrón es café con leche y puede ser: clarito o marrón según se prepare con más leche o más café; jugo de parchita (maracuyá) o naranja. Gladys tan gentil y atenta llamó a su   nieto, quien trabaja con  su abuelo balsero que transporta turistas a las diferentes islas del Parque Mochima. Al llegar a la playa nos esperaba un niño de unos diez años de nombre Juan. – ¿Eres tú el nieto de la Sra. Gladys?... -Sí, soy yo-. –Pero si eres un niño cómo nos vas a llevar a la isla- Le preguntamos. Juanito se sonrío y con su carita avispada y mirada inteligente nos respondió: -Nos espera mí abuelo en la lancha… ¡Síganme!  Le digo: -Aquí los niños trabajan… él me responde… -Sí, yo ayudo a mi abuelo en vacaciones y los fines de semana- … -Qué bien, te felicito-, dirigiéndonos al bote. Juan se sentó  en la punta del  extremo delantero de la lancha y de allí no se movió.
El pequeño timonel Juan
En ningún  momento perdió el equilibro a pesar del oleaje que se formaba al tomar velocidad la barcaza a motor.  En un bello día soleado, luminoso, temperatura ideal descendimos en la playa de la isla de Arapo. Paradisíaca, arena blanca, vegetación abundante con arbustos y helechos, agua cristalina se ven los  arrecifes de coral y a lo lejos las frondosas montañas verdes repletas de flora y fauna. Atravesamos islas en las que viven los pescadores con sus familias, veíamos a lo lejos a sus mujeres en su cotidianidad, los niños más pequeños  hacían adiós. La isla muy bonita. Comimos más ostras tan frescas como las primeras... y yo pensaba en París y sus restaurantes exhibiendo con orgullo sus  ostras y vinos a tono... aquí en las playas de Mochima las teníamos recién sacadas del mar a un precio bien asequible-. A la hora del almuerzo pescados: catalanas, calamares, en fin lo que cada quién pedía a gusto de su paladar. Por último, casi al final de la tarde antes de embarcarnos de regreso probamos un dulce típico preparado por las madres de los niños que los vendían, una especie de gran galletón frito y bañado de miel ¡Otra delicia!
Isla de Arapo
A la hora acordada  apareció el bote del abuelo. Era la hora del retorno. Al llegar a Playa Colorada el pequeño Juan fue el que nos cobró y a él se le dio el dinero, el abuelo nos miraba desde su lancha sin descender.  Para la cena de esa noche de cumpleaños había tratado de contratar a Gladys para que nos preparara una comida rica especial. Gladys se disculpó: -es que en la posada ya no se dan cenas... por la inseguridad los empleados nos  retiramos temprano a nuestras casas. Los huéspedes debían ingeniarse para asegurar la manera de satisfacer su apetito antes de irse a dormir. Gladys nos recomendó que al subir en la tarde luego del paseo a la isla de Arapo, buscáramos el restaurante de pizzas que atendía por encargo a puerta cerrada y estaba a cuadra y media de la posada en la que estábamos alojados.
Las ostras con cangregitos vivos que nos comimos
¡Happy Birthday to you!
Así lo hice. Luego de pagar el pedido de pizzas le dije a la señora que pasaría a las 7:30 pm. a buscar las pizzas.  Ella me respondió: -Mejor no venga usted, pídale el favor al vigilante nocturno para que venga él a buscar las pizzas…  aquí todos nos conocemos…pero a usted no la conocen y la pueden asaltar... Es preferible…  y usted luego  le da su propina al vigilante… es por la inseguridad, señora- me dijo. Pensé: -¡Ay Dios! Otra vez la inseguridad atentado contra ellos, contra nosotros, contra el turismo y contra toda Venezuela… ¡Hasta cuándo, Dios!-.  En fin, seguimos su consejo al pie de la letra.  La señora Gladys nos dejó usar la cocina de la posada así pudimos organizar una bonita velada con pizzas, vino, torta y nuestra alegría y agasajar al cumpleañero. Finalmente, la habíamos pasado estupendamente  bien. Venezuela tendría que ser un destino predilecto para el turista nacional y el extranjero para ello el turismo hacia Venezuela debe ser política de Estado con todo lo que ésto implica sobre todo Seguridad, infraestructura vial y dejar que el sector privado invierta.
Con el  cumpleañero
Islote al lado de isla de Arapo
Niños vendiendo dulces
que mamá prepara.
Ostrero adereza con limón
 las ostras antes de comerlas.

Playa de la isla de Arapo

jueves, 15 de enero de 2015

Turismo en una Venezuela devastada

Primer día en Playa Colorada
El 20 de Diciembre llegamos a Puerto Ordaz, mi esposo y yo. Nuestro hijo  se nos uniría el 22. Íbamos a  pasar las fiestas decembrinas con la familia de mi comadre Teresa y con  mi mamá.
Cena navideña venezolana: Hallacas, pernil, pan de jamón, ensalada
de pollo, salsa.
Lo primero que divisas conforme el avión inicia el descenso en Puerto Ordaz, es la frondosa vegetación, el río Caroní y Orinoco que serpentean graciosamente el suelo verde guayanés. Sobrevuela parte de la ciudad en su ruta a la pista de aterrizaje puedes ver casi que al alcance de tu mano, la Siderúrgica de Orinoco y sabes que lo es, por el polvo  naranja que cubre como un velo todas sus instalaciones. A su lado divisas la empresa básica del aluminio Alcasa y la reconoces por la pátina de color plata que cubre sus edificaciones. Y así te vas adentrando desde el aire a la hermosa, joven, vasta, ciudad de Puerto Ordaz y te invade  una sensación de frescor al ver la ciudad desde el aire que luce húmeda y soleada porque acaba de llover. Nos reciben en el aeropuerto mi mamá y Teresa.
Camino a su casa Teresa nos cuenta que se le había echado a perder el aire acondicionado de la camioneta – Y no hay repuestos por ningún lado… Le digo: -Dios mío con este calorón cómo puedes manejar sin aire acondicionado- Me responde: -Bueno con las ventanas abiertas… He buscado por todos lados el repuesto y no lo encontramos, ni yo ni el mecánico- … -Tampoco consigo…y  desde hace tiempo… la manija de una de las puertas traseras de la camioneta… no sé puede abrir esa puerta-  Así estamos viviendo… acá  no hay repuestos de nada... Concluye Teresa.
Veo los cables pelados y el hueco vacío donde va el radio  ¿qué le  paso al reproductor de sonido de tu camioneta? Le pregunto - Me lo han robado- ¡¿Qué?! Le contesté.  Me respondió: –No te sorprendas tanto, tú sabes bien cómo está la inseguridad y la escasez en toda Venezuela… Se quién fue, pero me tuve que quedar callada- concluye. –Pero ¿cómo?... ¿no pudiste hacer nada?-.   -Nada…me responde Teresa... fue en el estacionamiento del automercado al que voy… cuando  estacioné la camioneta… había una mujer que  supuestamente cuidaba los carros- Ella fue la que me robó  o alguien a quien ella pasó la voz… en un instante…al salir ya no estaba el equipo de sonido... en las ciudades del interior estamos con una calidad de vida peor que la de Caracas.
Algo preocupada le contesto -¡Ay! menos mal que tienes la camioneta de tus hijos que te la pueden prestar para el viaje programado a Playa Colorada- Al tiempo que  miro a mi esposo… ambos cruzamos miradas de interrogación, de angustia.  Al bajarnos de la camioneta porque ya habíamos llegado a la casa de Teresa, ella me contesta: -En esa camioneta no cabemos todos- Si no conseguimos los repuestos de ésta,  tendremos que emprender el viaje así como está- -Además, de motor esta perfecta… el mecánico me dijo que me puedo ir de viaje  en ella a donde quiera… no me va a fallar. Mi mamá me mira y  sosteniéndome la mirada me dice: -Vamos a emprender una aventura… es mejor que te relajes-. Enmudezco de pura angustia porque además a la camioneta le faltaba el parachoques y el espejo retrovisor. – Por eso no te preocupes- Me contesta Teresa –mi mecánico me ha dicho que el parachoques ya está casi listo que me lo entregará en estos días y él nunca me falla es un hombre serio, es ingeniero civil pero antes fue mecánico y atiende a unos cuantos nada más…  y el espejo retrovisor lo voy a poner yo misma ya tengo la pega. Mi mamá me vuelve a  mirar y me  repite: -¡Una  aventura! Vamos a vivir una aventura.
 
Playa Colorada. Un paraíso.
El 26 de diciembre a las 6 de la mañana partimos con destino a Puerto La Cruz en la camioneta de Teresa, rogando que no lloviera pues las maletas iban atrás al descubierto y nosotros viajaríamos con las ventanas bajadas, sin aire acondicionado pero sí con el parachoques puesto de la camioneta. Lo demás seguía igual pero así partiríamos encomendándonos a Dios para que nos hiciera invisibles ante el peligro. El día se anunciaba cálido. Desayunaríamos en El Tigre. Serían 5 horas y media de viaje. Teresa al volante. El aire fresco entraba por las ventanas a medio abrir . Atravesamos Puerto Ordaz, y tomamos la carretera hacia El Tigre, la vía estaba buena, lo mejor fue el tramo rodeado de un bosque de pinos silvestres. El aire se cubrió de un oloroso aroma a pino fresco y nosotros aprovechamos para aspirar profundo ese aroma, después de todo tenía sus ventajas viajar con las ventanas abiertas.  Cruzamos poblados en los que los vendedores de café, dulces criollos, artesanías, se acercaban a los vehículos a ofrecer su mercancía en las alcabalas cuando uno disminuye al mínimo la velocidad. Por fin, llegamos dos horas después a El Tigre en el Estado Anzoátegui. Nos detuvimos en una bomba de gasolina a llenar el tanque, ir al baño, y a desayunar. Se turnaron mi esposo y mi hijo para vigilar la camioneta, -no vaya a ser que a alguien le gustaran nuestras maletas y se las llevaran-  mientras  desayunábamos en el tarantín de la bomba de gasolina: -un marrón grande para cada uno y  empanadas de harina pan rellenas de pollo-. Estuvo bueno el desayuno. Satisfechos y con  Teresa todo el tiempo al volante seguimos viaje… atravesamos El Tigre –con nuevos edificios, mejor ornato aunque sigue siendo un pueblo en el que campea el desorden urbanístico de pueblo del interior del país, es caótico.- Su crecimiento se debe principalmente a las empresas de servicios destinadas a la industria petrolera, se engalanaba con nuevos centros comerciales y edificios empresariales. Aún nos faltaban tres horas más de viaje. Hasta que llegamos a la ciudad portuaria de  Puerto La Cruz en el mismo Estado Anzoátegui que alberga la refinería de petróleo, centro de almacenamiento, procesamiento y exportación del crudo venezolano. En esa costa caribeña atravesamos una vía serpenteante al borde de las montañas del  parque nacional Mochima, entre Puerto La Cruz y Cumaná con una vista esplendorosa de la bahía, podíamos ver algunos buques petroleros reposando en ese mar de azul cristalino, tranquilo, sin olas,  en nuestra ruta hacia Playa Colorada, sus montañas al pie del mar y sus pequeñas islas, unas pobladas y otras aún vírgenes.  Cuando llegamos a lo que vendría a ser el pueblo de Playa Colorada  su vía principal que alguna vez fue pista asfaltada presentaba un estado caótico, por las lluvias, se habían formado cráteres enormes que un carro normal no podría sortear. Buscamos la posada Casablanca  ubicada en lo que vendría a ser la calle principal del pueblo de Playa Colorada, que nos cobijaría del 26 al 30 de diciembre de 2014.
Niñas de Playa Colorada
Nos instalamos, dejamos nuestras cosas en las habitaciones, nos cambiamos y salimos con nuestros trajes de baño puestos nuevamente a la camioneta para que nos llevara al pie de la playa.  Pagamos el derecho del estacionamiento, -¡Aquí, aquí, estacioné aquí! nos gritaban los muchachos- agitando sus manosuno no sabía a quién seguir hasta que optamos por el que nos pareció el mejor sitio.  Inmediatamente nos dijeron: -¡Bienvenidos! Si quieren mesa, sillas, toldo son Bs.400, todo el día. Está bien lo tomamos. Y se acercaron unas muchachitas ofreciéndonos un menú que preparaban unas señoras  en unas chocitas ubicadas hacia el lugar de parqueo. 
Parguitos con ensalada, arepas
y patacones
Optamos por pescado fresco: parguito, catalana, calamares arrebozados, corvina, con patacones, arepita y ensalada, cada uno a Bs.350 en promedio.  La comida, el pescado todo fresco y delicioso. ¡Un manjar, pues! De repente las muchachitas que nos estaban atendiendo desviaron su mirada de nosotros para enfocarse hacia un sector de la playa como a 200 metros de donde estábamos, hacia el mar.  Les preguntamos a ellas qué pasa. No contestaban, eran unas niñas las que nos atendían. Nosotros insistíamos y les volvimos a preguntar qué pasó cuando regresaron con las bebidas. –No. Nada, no sabemos-. Optamos por auto respondernos: -Seguro que alguien se estaba ahogando porque todos miraban hacia el mar… pero que raro en este mar tan tranquilo ¿un ahogado?. Y nos olvidamos del incidente. Luego nos enteramos por tuits y lo confirmamos en  la posada que lo que había sucedido era un asalto con armas largas a unos turistas en la playa. Les robaron sus pertenencias y su dinero. Los delincuentes llegaron a la playa desde el mar con un bote y huyeron también por el mar en la lancha de un pescador al que se la quitaron a punta de pistola. ¡Qué susto… de la que nos salvamos! dijimos cuando nos enteramos. Dios nos había hecho invisibles. Continuará...
Balseros listos para pasear al turista en
Playa Colorada
 


Atardecer en Playa Colorada y hora de
retirarse a tu posada.