jueves, 1 de octubre de 2020

¡Suerte Gala!

Nos fuimos al Jockey Plaza con mi mamá Inés después de varias semanas de confinamiento, flexibilizada la cuarentena obligatoria por la autoridad gubernamental. Queríamos caminar más allá de nuestras fronteras domiciliarias. Tomamos un taxi y enrumbamos a nuestro destino.

Había gente en el centro comercial con las tiendas ya abiertas, el centro financiero con gente protegidos con su doble tapaboca se ubicaban en ordenada  fila india respetando el distanciamiento social para entrar a los bancos. Gente en el supermercado, tiendas, peatones recorrían los espacios del Jockey plaza no en la cantidad de personas que solía haber antes de esta pandemia pero había regular cantidad de gente. Lo importante era ver que la actividad comercial, financiera, gastronómica, tímidamente retomaban sus actividades, servicios, para los clientes. Los negocios abrían sus puertas nuevamente.

Nosotras nos entretuvimos viendo las vitrinas de las tiendas con buenas ofertas. Nos animamos a comprar algunas cosas, ropa, zapatos, regalos para los bisnietos de mi mamá. Cuando estás entretenida el tiempo vuela. 

Tengo hambre ¿Qué hora es?

Son las 2 de la tarde, le contesto a mi mamá. 

Te invito a almorzar, me dice Inés.

Mi mamá esta animada pensé, le contesté: ¡ok! Intentamos entrar a uno de los restaurantes, se acerca un joven a la puerta y me dice: Señora, no pueden entrar.

¿Por qué? le contesto ¿No están atendiendo?

Sí, pero la señora no puede entrar, y mira a mí mamá.

Recordé las disposiciones gubernamentales por razón de la edad se restringió la entrada a los restaurantes y otros espacios a los mayores de 65 años por riesgo de contagio de Covid19. Por lo visto, el chico no me miró bien a mí, pensé, pues estoy dentro del grupo de riesgo. Retrocedimos y salimos. 

Le dije a mi mamá, vamonos a la feria gastronómica. 

Antes, entramos al baño de damas. Mamá lava sus manos, se dirige al secador de manos y no enciende. Lo comenta en voz alta, al tiempo que entra una chica joven, agraciada, vestida con el uniforme del personal de mantenimiento. Nos saluda.

¡Buenas tardes!

¡Buenas tardes! le contestamos nosotras al unísono.

Mamá le comenta: El secador de manos no funciona. A ver prueba tú.

La chica sonreída se dirige al aparato  comentando que hoy es su primer día de trabajo y que esta nerviosa.

 Ojalá que todo me salga bien.

¡Ah! Qué bien, le contesto: Te va a ir muy bien, ya verás. Tienes trabajo en un bueno sitio. Ves, ahora debes  informar que este secador de manos no funciona.

¡Si!  responde  aún con su humor alegre mientras habla.

Y pienso, qué ilusionada luce esta chica por su trabajo. Aún cuando a veces puede ser desagradable.

De pronto, mi mente viaja al pasado.

La memoria prodigiosa que Dios nos dio me evoca un episodio, una vivencia muy desagradable y traumática que enfrentó una amiga, de esas que nunca olvidas.

Ocurrió en Caracas hace un tiempo atrás. Una casa en una urbanización de clase media alta, una banda de asaltantes (cuatro hombres), toman por asalto su vivienda en pleno día. Está toda la familia y un invitado. Es una tarde de un día cualquiera laborable. Someten a toda la familia con revólveres, los mantienen aislados uno del otro en diferentes habitaciones. La familia y el invitado está separada dentro de su hogar, no saben cómo está el resto de ellos.

El delincuente que tenía maniatada a mi amiga y apartada del resto de la familia, en una de las habitaciones. Le dice: Qué bien viven ustedes los ricos, mientras mi madre tiene que limpiar baños públicos.

Teresa, que siempre ha sido contestataria, le responde: Tú mamá es una mujer digna porque tiene un trabajo digno como cualquier otro con el que se gana el pan de cada día para ella y su familia. Ella, tu mamá,  ¿sabe a lo que te estás dedicando tú?

A veces la vida te muestra que vivirla no es fácil para todos. Unos tienen mejor situación y oportunidades que otros aún cuando todos somos seres dignos y merecemos respeto, consideración, porque todos somos creación de Dios, del universo, del amor.

Esta joven mujer, empleada de mantenimiento de baños del Jockey Plaza se mostró tan digna, maravillosa, humilde y nos abrió su corazón. Estaba ilusionada en su primer día de trabajo. Mi pensamiento que nunca me pide permiso para nada, la recuerda a veces desde  que nos cruzamos y mi espíritu aprovecha para enviarle mentalmente buenas vibraciones esté donde esté ¡Qué Dios la bendiga y proteja siempre! No nos dijo su nombre, pero para mí es Gala.

                                                                                                                                      Lima, 30/09/2020

 

 

 

 

sábado, 28 de marzo de 2020

VIVIR EN ARMONIA EVITA EL COVID19



Calendario Armonía 2010
Diálogos de la Tierra y la Luna
Son las 17:17 pm del 27/03/2020, estoy tratando de ocupar mi tiempo, pues estamos obligados los habitantes del mundo entero a permanecer recluidos en nuestras viviendas para no contagiarnos con el coronavirus. La situación es así de grave.  A veces la vida manda cataclismos vivenciales para que reaccione nuestra especie pensante y meditemos en lo linda que es la vida con todos los avatares que ella trae.  Las situaciones difíciles que trae la VIDA que debes enfrentar y resolver ¡porque estás vivo! Ese es el regalo del universo para ti: Tú Vida. No desperdicies ni un sólo minuto de tu existencia.  

Catleya venezolana de mi jardín
Foto: Silvia Rodríguez Pastor
Mi madre hace un mes llegó a Lima para vivir conmigo. A sus 88 años, es una mujer moderna, actualizada, sana. La miro. Está sentada frente a mí entretenida con su teléfono celular que es más moderno que el mío, se lo regaló su nieto primogénito Abraham. Ella escucha un mensaje de su WhatsApp. Tiene cuenta en Facebook, Instagram y Twitter. Es una mujer independiente económica y socialmente que siempre busca estar activa.  Ahora ella y yo tenemos que aprender a convivir juntas después de muchísimos años, desde que yo dejé la casa de mis padres al casarme. Es el ciclo normal de la vida que vuelve a juntarnos a madre e hija en el otoño de nuestras vidas ¡Gracias Dios mío por ello! Inés, mi mamá, viene de vivir 30 años en Puerto Ordaz, Venezuela. Siempre independiente en su departamento cerca de la casa de mi hermana Ada. Mi madre me comenta lo último que acaba de recibir en su WhatsApp sobre el Covid19.  A mediodía vimos, escuchamos juntas, por TV la homilía del Papa Francisco, la bendición Urbi et Orbi extraordinaria. "...al igual que a los discípulos del Evangelio, nos sorprendió una tormenta inesperada y furiosa. Nos dimos cuenta de que estábamos todos en la misma barca, todos frágiles y desorientados; pero al mismo tiempo, importantes y necesarios, todos llamados a remar juntos, todos necesitados de confortarnos mutuamente..."
Aves nacionales y migratorias en litoral
limeño - Costa verde
 El Comercio, 28/3/2020
De cómo la existencia te puede cambiar de un momento a otro hay un sinfín de ejemplos. Sucede que la vorágine de cómo vive su vida la mayoría de la gente no les da para pensar que pueden estar muy bien hoy y en un pestañear de ojos la vida puede cambiarle al mundo entero. Es lo que ha evidenciado el Coronavirus19, o coronavirus de Wuhan o Covid19. La infección se contagia vertiginosamente de un humano a otro. Basta que tengas la mala suerte de estar frente a una persona infectada; ésta inclusive puede no saber que porta el virus a veces es asintomático. Pero si esta persona estornuda, tose, o al hablar lanza gotas de saliva al aire si te cae a ti una gotita, eso basta para que ya estés contagiado. ¿Por qué Coronavirus de Wuhan? Los primeros casos de infectados proceden del mercado de animales exóticos (murciélagos, víboras, etc.), de la ciudad de Wuhan en China. El Covid19 ya es una pandemia mundial.                                                                                                                                             
 Loritos del Vivero Roraima
Foto: José Malavé Rodríguez
Esta pandemia, nos ha puesto en evidencia que el hombre es el principal depredador de la naturaleza. Ahora que el humano se ha encerrado dentro de sus cuatro paredes por semanas completas, las aves han vuelto a las orillas de las playas limeñas, cientos de aves marinas han copado la populosa playa de Agua dulce de la ciudad de Lima. En Venecia, Italia, peces nadan libremente en el Gran Canal; en Japón, manadas de ciervos pasean por las calles desiertas de humanos. Las otras especies vivas habitantes del planeta tierra han retomado sus espacios.  Este virus nos obliga a pensar seriamente y a tomar medidas efectivas en el futuro de nuestro medio ambiente. A abocarnos en la convivencia respetuosa con las  especies animales, vegetales, minerales del aire, mar y tierra. Nuestro planeta nos convoca a Vivir en Armonía. Me digo estás palabras y mi mente evoca el intento y logro posterior de Ada y mío por aportar nuestro granito de arena en crear conciencia dentro del entorno en el que vivíamos. Cuando contra viento y marea logramos publicar en Venezuela, nuestro "Calendario Armonía 2010", ese año se vendió en todo el territorio venezolano. De todas las regiones del país me escribían para que no dejáramos de publicar el calendario Armonía 2011;  sobre todo agricultores, horticultores, dueños de haciendas, hatos, viveros, cultivadores de especies florales ornamentales, amas de casa, gente interesada en el medio ambiente me llamaban por teléfono desde toda Venezuela; me decían por ejemplo: Sra. Silvia, soy agricultor, vivo en Mérida, las reseñas sobre los fases de la luna, que trae su calendario,  los ciclos de actividad y reposo que se suceden a lo largo del año según el ciclo lunar, me ha ayudado en determinar los tiempos de siembra, y tiempos de cosecha en la agricultura, por favor no dejen de publicarlo todos los años. Y así se sucedían diariamente llamadas de los diferentes Estados venezolanos. No logramos publicar el Calendario Armonía 2011 por falta de financiamiento. Acudí a entidades privadas y estatales pero sus exigencias desvirtuaban la intención pedagógica y sin fines de lucro de nuestro calendario. El calendario Armonía 2010 lo financiamos nosotras y con ayuda empresarial de nuestro entorno familiar. El tiraje del calendario 2010 se vendió casi completo, nos quedamos con unos cuantos para nosotras, de recuerdo. Por otra lado, la inflación económica galopante de Venezuela no nos permitió a nosotras continuar su publicación. El calendario Armonía  2010  contiene hermosos versos relacionados con la naturaleza, la autora es mi hermana Ada Rodríguez Pastor de Malavé. Ella es Ingeniero en Industrias alimentarias egresada de la Universidad Nacional La Molina de Lima, Perú.

    Mes de Enero:   
    "Enero, mes de comienzos y nuevas ilusiones. 
     Bosques nublados, frías y largas noches.
     Días soleados, brisas, la sabana secándose a jirones.                             
     Entre las rocas anidan los gallitos y en el río, el caimán 
     entró en amores.                          
     Los hombre festejan un año nuevo. 
     Los humildes prometen ser mejores. 
    Amada luna ¿Crees que lo logren? 
    Si cada día que andan sobre la tierra, buscan a                                              Dios con fe en sus corazones ... sabios serán, lo                                            lograran, sí, ¡Lograrán ser mejores!"
    Autora: Ada Rodríguez Pastor de  Malavé  

    
Parque Cachamay - Puerto Ordaz
Foto: Silvia Rodríguez Pastor

Contenido del Calendario Armonía 2010: Las fases de la luna en la agricultura: Luna Nueva - La luna del reposo. Cuarto Creciente: La luna del crecimiento de las plantas; Luna llena: La luna de las flores y los frutos jugosos; Cuarto menguante: La luna del agricultor ocupado. Autora de los textos: Ada Rodríguez Pastor

Editora, coordinadora, productora, fotógrafa, revisora, empeñada hasta el tuétano, etc. Silvia Rodríguez Pastor
Diseño gráfico: Víctor Pérez


    
     
            

Nota: Cada mes contiene una foto alusiva y una leyenda.

Contraportada Calendario Armonía 2010


martes, 10 de marzo de 2020

Langoy de circunstancias & Corona virus


Esto es un horno comentan entre sí las damas limeñas reinsertadas en su ciudad natal. Una de ellas no tiene ni un mes en Lima. Ambas vienen de residir en un país del ardiente trópico. Esos calorones calientes como bolas de fuego no los habían sentido en el Caribe. Pero el calor pasaría, el corona virus no; llegó a Lima en avión desde España en la humanidad de un joven tripulante de una línea aérea. Sucedió como le pasó a Francisco Pizarro y los trece de la Isla del Gallo allá por el año 1532; las circunstancias coinciden y suceden los hechos, es cuando surge una historia, no antes, comentó una de ellas. Otrora los españoles decían  que "habían descubierto el Perú".  Ahora en el 2020 diremos nosotros que los españoles nos "descubrieron" el corona virus y lo insertaron en Perú. ¡Ay! Qué barbaridades dices. El tripulante venido de España había estado antes en Italia y Holanda. Él contagió a su sobrino, un  estudiante del colegio Newton y el colegio como medida de protección, de prudencia, ha suspendido las clases por dos semanas.  Ya son cinco los casos de corona virus reportados en Lima. Más de uno no dormirá angustiado, o tal vez sí.  Las madres nerviosas por sus hijos rezarán para que no se contagien; los enamorados estarán pensando en cómo manifestar su amor sin peligro de un posible contagio por los efluvios ardientes que suelen transmitirse uno al otro al dar rienda suelta a su carnal pasión.

El mundo humano anda nervioso. Las noticias llegan desde muy lejos, de diversos países. En uno se reporta un nuevo caso de corona virus ¡Oh! ¡Oh!  En otro lado del mundo ya cuentan más de diez casos que son noticia en todo el planeta. Los medios de comunicación, las redes sociales, proyectan vídeos de autoridades políticas saludándose ya no con un apretón de manos sino con saludos golpeándose levemente codo con codo, o con golpes suaves entre sus zapatos. Las poblaciones están angustiadas, otros aún incrédulos, asombrados hacen chistes: es cuestión de los políticos dicen quieren distraernos de algo malo que están haciendo… es la corrupción mundial.

corona virus
Los colegios, universidades, empresas, organizaciones, han suspendido clases, eventos, conferencias, simposios, ferias en Lima, en Madrid, en China, en Holanda, en USA, Rusia.
 ¿Qué sucede en el mundo, Dios mío? Se interroga Lucila, entre exhalaciones de suspiros nerviosos. Instalada ella, en su quiosco de cosméticos ubicado en una de las galerías de la Av. Flora Tristán en La Molina. “Las noticias del corona virus son malas, pero no entiendo qué pasa”, dice, al tiempo que agita nerviosa sus pestañas postizas.  Trato de tranquilizarla. Le digo, tú lávate las manos más seguido, ten gel antibacterial en la cartera, no des la mano así nomas, a la vez me extasío contemplando su acompasado batir de pestañas postizas que refrescan sus ojos y, pienso,  ¿Cómo me quedaran a mí unas pestañas postizas? Le pregunto por el precio de las pestañas que vende y decido  comprar las que me parecen más naturales. Le diré a mi estilista Patricia que me ponga las pestañas. A la vez, continúo la conversación con Lucila,  mientras no se expanda entre nosotros el corona virus, estaremos bien.  Ya pasará. Encontrarán la vacuna y será superado. Aparte dicen que el calor es enemigo mortal del virus. Tenemos  suerte los peruanos pues estamos en pleno verano. En este clima ardiente, el virus muere al toque. Dicen que no sobrevive al calor.  Y yo sigo mirándole su gracioso batir de pestañas postizas. 
¡Dios es peruano! dice levantando la voz entusiasmada, Lucila.

¡Temblor! ¡Un remezón!  ¿qué fue...?      ¡Ya pasó, Lucila!

Los vecinos del edificio de al lado andan bajando.  

No pienso romperme la crisma en las escaleras  ¿Vienes Fortuna? Grita desde el edificio una voz masculina.
Papa a la Huancaína

El temblor no asustó al gato que sostenía entre sus dientes un trozo de carne de res que engullía con visible deleite. Es el felino de Sara la dueña del puesto de al lado, vende desayunos, almuerzos. Ella con esplendida sonrisa atiende los sabrosos requerimientos de sus comensales. Vestida de verde limón, protege su vestido con un delantal blanco adornado con letras bordadas rojas:  Perú Gourmet, en la pechera, impecablemente planchado su mandil. Lleva la cabellera trenzada, anudada con cinta amarilla. Es una auténtica monería limeña.  El comedor de Sara está a tope. Ver a sus clientes engullir sus alimentos con evidente placer, a nosotras nos estimuló el apetito.  Decidimos irnos a almorzar a uno de los muchos comedores populares que hay en la Av. Flora Tristán de La Molina.   Cualquiera que escojan será bueno en calidad, sabor, presentación.  

 A nosotras nos provocó almorzar:  de entrada, papa a la Huancaína; de segundo plato, mi mamá optó por estofado de res con pallares guisados y arroz.  
Yo, papa a la huancaína y de segundo plato carapulcra con chancho y arroz blanco. La bebida está incluida ad limiten, es jugo de maracuyá. Precio del menú 10,00 soles.  

Ante  sus almuerzos nadie piensa en el corona virus.

Esta tarde  iré a cortarme el pelo.

En  la peluquería de Patricia le pregunto por su hijo que estudia en el Newton.

Él está bien, se fue con su papá a la casa de la playa a pasar la semana, aprovechan que  no tienen clases en el Newton por el asunto del corona virus.
                                                                             
                                                                                 

sábado, 22 de febrero de 2020

Vestida para bailar




El sábado 15 de febrero hice algo que había estado postergando una y otra vez a pesar que casi todos los días paso frente a su fachada y diviso desde el autobús en movimiento las modernas estructuras sobrias del edificio sede de la Biblioteca Nacional. Está vez descendí en la parada del autobús de la Av. Javier Prado con esquina Av. Aviación. Crucé la pista congestionada de carros y de ansiosos peatones que aguardan el primer indicio de cambio de luz del semáforo de rojo a verde para lanzarse sin mirar siquiera al resto del enjambre peatonal del cual son parte. De pronto atraviesan presurosos las pistas llenas de carros, autobuses, motos, que pululan en el doble carril del cruce vehicular de las dos avenidas. Yo soy parte del enjambre humano. Aceleradamente nos lanzamos veloces, como búfalos hambrientos en busca de su presa, nosotros nos lanzamos para llegar a la otra esquina. No es sencillo cruzar las pistas en Lima, hay que saber calcular, adivinar cómo va a maniobrar el conductor que enfrentarás en esos segundos preciosos en el que arriesgarás tu vida. Hay que medir las distancias para atravesar la vía; llegar ilesa, íntegra, es el reto. De cambiar la luz del semáforo y tú estás cruzando la pista, la combi o el ómnibus te permitirán cruzar o te bufarán con el claxon para que te apures y corras. En esos segundos la adrenalina recorre veloz todo tu cuerpo angustiado ¡lo lograste, estás viva! Eres parte del caos de tu Lima caótica, que reta a diario tu adrenalina.


Tráfico limeño. Dónde vayas caos





Por fin, ingreso a la biblioteca, me dirijo al ascensor, segundo piso. La amable señorita me indica que debo guardar mi cartera en el locker y conservar la llave. Al recinto de lectura puedo llevar mi teléfono, además de un lapicero. Aunque me dan papel y lápiz. El salón de lectura en el que estoy es grande, luminoso, con cómodas mesas para que dos usuarios uno al lado del otro, algo distantes entre sí, puedan sentarse y si desean hacer uso de sendas computadoras instaladas para los internautas. El procedimiento es el siguiente, te acercas a la amplia recepción, solicita el libro que vas a consultar, al cabo de breve tiempo te lo acercarán a tu lugar. Tomo asiento en la primera fila cerca de la puerta. Numerosos lectores están enfrascados en sus investigaciones, leen, usan computadoras de la biblioteca o suyas.

Biblioteca Nacional del Perú - Sede San Borja

Mientras espero doy un vistazo a la computadora de mi vecina de mesa, está viendo trajes ¿será diseñadora de modas en busca de inspiración?  Estoy de fisgona, no me aguanto y le comento ¡qué bonito vestido! Ella sonríe y me dice: es un vestido típico de Huancavelica para bailar marinera. Me muestra una serie de fotos de vestidos típicos del Perú, me explica detalles, la simbología del vestido, color, adornos, borlas, sombreros y demás. Entre sus manos tiene un libro “Vestidas para danzar”, me lo da. Empiezo a hojearlo. Es una recopilación de diferentes trajes que utilizan las danzantes de la marinera en las diferentes regiones. Me extasío con el libro mientras Rosa me explica la personificación de cada traje. Yo le preguntó: ¿eres diseñadora de modas?


Vestida para bailar marinera


No, me contesta, estoy investigando para mi tesis de Magister.¡Guau, qué maravilla! Le contesto. Ella agrega: soy profesora de arte. 

Al tiempo que la joven bibliotecaria me entrega el libro que le había solicitado.  Sin embargo, yo ya estaba en otro mundo, Rosa Flor, mi nueva amiga profesora de arte, me tenía atrapada con su conversación sobre los vestidos típicos para bailar marinera de las diferentes regiones del Perú. Me muestra el libro “Vestida para bailar”, es una belleza, editado por el Fondo Editorial del Congreso.

¡Sorpresas te da la vida! ¿Qué me iba a imaginar yo, que recibiría una cátedra sobre hermosos y diferentes vestidos de marinera peruana?

Mi nueva amiga Rosa Flor me invitó a su sustentación de grado.  

 


domingo, 9 de febrero de 2020

Arena blanca, mar azul & Muy muys

Para Adita, mi hermanita querida.

Por   WhatsApp nos escribimos tres amigas del colegio. Una es socia de un club de playa al sur de Lima. Nos invita a pasar un día al pie del mar juntas.  Escribe:
El peñón en playa del sur de Lima

Renée, Silvia ¿Vamos a la playa el jueves, les parece bien?   

Sí, claro, está bien, contestamos ambas con sendos mensajes de texto.

Amanece el jueves y rezo para que sea un día luminoso. El cielo limeño es nublado y nos podía corresponder un día opaco, triste. Para mí en día de playa el astro Sol debe reinar, es sinónimo de felicidad total.

A las 8:30 am. ya estábamos enrumbando hacia las costas del Sur de Lima. Todo indicaba que íbamos a tener un bonito día. El sol se asomaba aún muy tímidamente, allí estaba para no irse. Yo, suplicaba al universo quédate sol con nosotros.  La carretera estaba fluida, con circulación decente, cordial de camiones, camionetas, carros particulares. El tiempo presagiaba un día prometedor y nosotras estábamos entusiasmadas.
  
Por fin, llegamos. Mi amiga Luz, nos hace un recorrido por el club, unas cuantas familias con sus hijos de vacaciones pasan su semana de playa.  Vamos a los vestidores para cambiarnos con nuestros bañadores. Me aplico el protector solar. Reencontradas en el pasillo nos damos el visto bueno visual silencioso como las mujeres solemos hacer; un acomodo del traje de baño, tenemos las toallas ¿todo lo que vamos a necesitar? Sombrero, lentes, dinero y, salimos rumbo a la playa.

Que mañana tan agradable, maravillosa, cálida, comentamos entre nosotras. Si todas las mañanas fueran como esta andaríamos en el paraíso pienso, e inevitablemente recuerdo las playas caribeñas de distinta morfología.  
Unos cuantos niños corretean en la playa, otros se bañan, dos salvavidas desde sus puestos están atentos vigilando a los bañistas en el mar. El oleaje es continuo, una ola tras otra, sin dar tregua aterrizan su espuma blanca en la orilla. Es un paisaje hermoso de la costa del sur limeño.

Amigas desde la niñez
A un lado un enorme peñón rocoso me llama la atención y recuerdo mi niñez cuando con mi hermana Ada desenterrábamos de la arena húmeda a los muy muy s en la orilla del mar de la Herradura, de Agua dulce, de Naplo (me dicen que este balneario se puso feo ¿cómo pudo ser? Era bonito), ¡Ah! y  el mar de Pimentel en Trujillo. Desde que salimos  de Lima he viajado en mi túnel del tiempo a diferentes etapas de mi niñez, adolescencia y juventud. 
Recuerdo haber recorrido muchas veces esta carretera plagada de distintas playas. Unas de aguas tranquilas, las playas surfistas, las bravas de oleajes grandes, las bañables,  las casi vírgenes que aún estaban por ser exploradas. Pero ahora, es otro paisaje muy diferente. Han pasado 40 años. Soy consciente de ello  ¿Cómo no iba a ser otro paisaje el que yo vería? Sólo que me da tristeza. Siento que lejos de mejorar hemos decaído un poco más. Tal vez, sí hayan más clubes, conjuntos de casas de playa bonitos, cercados de alambres, alcabalas, y me pregunto ¿Es esto mejorar? ¿Constituye un avance? O más bien, se han acrecentado las desigualdades. Por lo menos, antes, uno atravesaba cada comunidad aledaña a la playa, no habían alcabalas. Me hubiera gustado que cada sector, cada comunidad creciera como pueblo bonito, abierto, cordial, que nos integráramos más los peruanos unos con otros, que decrecieran las desigualdades de clases sociales. Que las comunas se  constituyeran en aldeas abiertas de nativos residentes y migrantes que van y vienen al pueblo playero. Evoco y extraño las playas accesibles a todo público así eran antes, cuando yo era una niña y jovencita aún. Me hubiese gustado que crecieran como alcaldías prósperas enfocadas al turismo de playa y afines. Sin embargo, es mi primera visita a las payas del sur de Lima es  prematuro para mí opinar y aún no conozco Asia.
Si nos quedáramos un día más en esta playa me acercaría a los espacios del hermoso peñón que adorna su orilla que debe ser remanso de  plancton, algas, peces, muy muy s.  Estos nobles cangrejitos que van, vienen, y se esconden dentro de la superficie de la arena en la orilla del mar. Son inquietos, a la vez lentos, qué paradoja. 
Cangrejitos de mar: Muy muy

Ellos instalan sus madrigueras al ras de la arena. En su ir y venir el agua de la ola se retira y es allí cuando nosotras: las otrora niñitas  Silvia y Ada corríamos con otros pequeños para atraparlos ¡zas, zas! los metíamos en nuestros baldecitos llenos de agua, luego contábamos quién tenía más muy muy s en su balde. Al final del día, papá o mamá antes de regresar a casa, retornaban los cangrejitos al mar.  Nosotras arrancábamos a chillar como verracos según nos decía nuestra preciosa abuelita Matilde Legrand Morse; papá y mamá ni caso nos hacían al tiempo que con sendos helados sepultaban nuestros chillidos infantiles. Y así nos olvidábamos de los baldes llenos de  muy muy s.
Meterse al mar de las costas peruanas es toda una aventura, el frío oleaje no te deja, te ausculta primero. Sientes en el cuerpo el golpe de sus olas frías y celosas. Neptuno te reta con su tridente y lanza olas con espuma para que a uno le cueste adentrarse al mar limeño. Debes enfrentarlo sino estás perdido.  esas olas espumosas, avasalladoras, incansables, una tras otra te desafían. A pesar de ello, tu cuerpo se va acostumbrando a la temperatura del agua y ya no sientes frío.  El mar o tú, van cediendo, aceptándose uno al otro.  A partir de allí empieza el disfrute pleno y luego te costará salir del agua de las hermosas costas de las playas limeñas  del océano Pacífico.








domingo, 2 de febrero de 2020

El fuego de tu hoguera



Esa calurosa y aún juvenil noche limeña de enero 2020 subí al ómnibus 202 con dirección a La Molina con la suerte de a pesar de la hora, encontrar un asiento vacío. Así que me ubiqué al lado de la ventana e inmediatamente saqué de mi cartera mis audífonos para hacer el trayecto de regreso a casa escuchando la música que me gusta. El viaje desde Miraflores es largo, por lo menos una hora hasta La Molina. Busqué en WhatsApp los chats del Ateneo La Carlota, es mi grupo cultural de Caracas del cual formo parte desde hace varios años. Se reúnen los miércoles por la tarde para compartir tertulias culturales. Cuando surgió la aplicación tecnológica de WhatsApp para teléfonos inteligentes integré a sus miembros formando el grupo  con el nombre de la urbanización donde vive la creadora del Ateneo, la Dra. Alicia Álamo Bartolomé, dama brillante, inteligentísima, icono de la intelectualidad venezolana, quien a sus 92 años sigue dando clases en la universidad. Pues bien, la casa de Alicia es también sede del Ateneo La Carlota. A través del chat del Ateneo nos comunicamos todos sus miembros, enviamos música, vídeos, poesía, noticias, y todo lo que la humanidad se reenvía por Internet.
Perfecto pensé, ya ubicada en mi asiento de la 202, podré escuchar la música que han posteado los amigos del Ateneo. Inserté los audífonos en mis orejas y a la vez al teléfono.  A mis oídos acudió Johann Strauss con su Danubio Azul ¿Quién diría? pensé sonreída, viajo en este autobús atestado de gente y, sin embargo, escucho en exclusiva los acordes de esta melodía magnífica. En realidad dentro del autobús, cada quién estaba en su mundo. Estos teléfonos inteligentes han cambiado la vida de la gente. Casi todos los pasajeros en Lima se trasladan de un lado a otro con sus audífonos puestos. Hablan por teléfono, otros viajan con la cabeza gacha viendo vídeos, escriben mensajes de texto. Cada quién inmerso en su mundo.

El ómnibus se detiene en una de las paradas de la Av. Javier Prado, desciende la persona que iba a mi lado, suben dos mujeres. La mujer mayor se sienta junto a mí y la más joven viajará parada a su lado. Decido quitarme los audífonos pues ya había escuchado 3 maravillosas melodías.  Miro a través de la ventana veo el movimiento de la gente aglomerada en las paradas de los transportes, otros caminan veloces a sus destinos. Es la hora en que salen de sus trabajos; todos andan ansiosos de regresar a casa. El tráfico en Lima es terrible a toda hora y a esta hora se pone infernal. Aparto mi mirada de la ventana y regreso a mi mundo dentro del ómnibus, miro a la chica que le habla muy quedo a su amiga sentada a mi lado de edad contemporánea a la mía. Las miro rápidamente a ambas, ellas ni cuenta se dan de mí. Es una conversación intensa que mis oídos captan perfectamente a pesar que hablan en un volumen bajo. Todo indica que son compañeras de trabajo. La joven anda con mal de amores tiene los ojos enrojecidos, su amiga sentada a mi lado puede ser su madre; ella la aconseja: Espera no lo llames, dale tiempo, a ver cómo él reacciona. La chica está despechada; no es fácil. A esa edad, uno piensa que el mundo se te acaba cuando peleas con tu amor.  La joven asienta con la cabeza. Escucha a su amiga y se esfuerza en contener sus lágrimas a punto de brotar y brotan. Ella se las seca con el pañuelo que tiene entre su mano. Está dolida, triste, vulnerable.  Yo, que no la conozco también me entristezco.  De pronto acuden a mi mente recuerdos míos de juveniles despechos amorosos. ¿Cómo puedo tener estas reminiscencias? Pienso qué tontita era yo y me enternezco por mi pasada juventud con vivencias alegres y también como las tristes de esta chica. Por otro lado, o a la vez, me maravillo de la obra prodigiosa que hizo Dios con nosotros al crearnos así; en un instante  con la mente viajamos en un túnel del tiempo sin movernos de donde estamos. De pronto me veo jovencita como si estuviera viendo una película y evoco recuerdos de situaciones mías como los de esta chica. En esos casos yo acudía a mi madre. A su lado, hacía catarsis y lloraba mis rompimientos a moco tendido; mi mamá me consolaba y me decía muy burlona ella, imagínatelo que tiene diarrea, ¡Uy! ¡Aj! Que tiene mal aliento, inaguantable pues. Y así, las dos terminábamos riéndonos. Hasta que el tiempo se encargaba de sanar esas heridas mías juveniles del alma. Algunas las recuerdas, uno no se olvida del todo de los que te llegaron más al alma, de otros ni siquiera recuerdas sus nombres. Es la vida, el tiempo pasa y superas los mal de amores.  Pero ahora estoy en el transporte 202, vuelvo al aquí y al ahora con esta joven que me regresó a mi túnel del tiempo por un instante. La chica está muy triste. Quisiera decirle algo, pero no me toca soy una desconocida para ellas. Vuelvo a refugiarme en mi música, con mis audífonos. Esta vez escucho "Eres tú" de Mocedades, la canción que me dedicó cuando éramos enamorados, mi esposo,  el padre de mis hijos.  Muy de vez en cuando escuchamos juntos a ese maravilloso grupo musical de los setenta y ochenta del siglo pasado y han pasado más de 40 años.
Cuando llegué a mi destino la chica se hizo a un lado para dejarme pasar, ambas nos miramos a los ojos. Ella es de rostro dulce, sonreímos una a la otra.  Espero que la joven haya entendido lo que quise decirle con mi mirada: tu herida del alma pasará … el tiempo se lo llevará hasta convertirlo en un espejismo, o, en nada. El mismo tiempo traerá a tu prometido al que será como el fuego de tu hogueraa tu mañana de verano… al agua de tu fuente…  Así, así, será para ti,  tu él.
¡Espera y confía! Siento que su alma me escucho. Y la abrazo con la mirada de mis ojos húmedos, por ella.



jueves, 2 de enero de 2020

Viajar en Ómnibus en Lima


Al llegar a mi Lima natal en noviembre 2018 para radicar definitivamente  me sorprendió ver  gente que camina por las calles sin esconder sus pertenencias, sin miedo a que un ladronzuelo les arrebate sus teléfonos; los llevan  en la mano, suben a los transportes públicos, se comunican de voz  a través de sus audífonos con absoluta naturalidad. Caminan, ríen, whatsapean, igual a como transita el peatón en las seguras ciudades europeas. Por supuesto,  que en Lima ocurren arrebatones, son noticia  que se divulgan a través de los medios de comunicación y alertan a la población.
¿Porqué empiezo comentando esto? Porque este confiado comportamiento ciudadano me agradó. Tendemos siempre a sospechar, recelar, a pensar mal de nuestras ciudades latinas. Y no debe ser así, los pueblos siempre pueden mejorar, salir adelante, convivir en armonía como una población civilizada, con respeto al otro. Viví muchos años en Caracas, ciudad catalogada ahora como una de las más inseguras del mundo; en la que nadie en su sano juicio caminará confiado por las calles con teléfonos móviles exhibiéndolos. Caracas, otrora hermosa ciudad caribeña bendecida con el mejor clima de mundo y su cerro El Ávila oasis de verdor, frondosidad; Caracas, ciudad en la que reside gente culta, buena, a quiénes conduele la actual situación política de su país que la ha conducido al ostracismo. Venezuela era un país de inmigrantes no de  emigrantes. 
Me permitió tomarle fotos
No tengo carro en Lima, tampoco estoy apurada en adquirir uno. He descubierto el encanto de movilizarme a pie o en los ómnibus de Lima. El transporte público es mi medio de ir de un lugar a otro y así disfruto del contacto con la gente y hago amigos circunstanciales de ruta como asidua pasajera de autobuses de las  líneas 201, 202, 209 y del Metropolitano municipal que atraviesa  Lima de Sur a Norte. En Caracas siempre me movilicé en mi carro a todos lados con las lunas (vidrios), bien subidos por razones de seguridad con el aire acondicionado prendido todo el tiempo.  Por eso, al llegar a Lima mis amigas se sorprendían al oír mis anécdotas de autobuses. No asimilan mis disfrutes peatonales y mi condición de pasajera de cuanto transporte público existe en Lima.
La Yoguista: Hace unos días, subí al ómnibus de la línea 202. Encontré un asiento vacío al lado de una dama de  unos 80 años. Me senté a su lado. Vestía cómodos pantalones holgados, viajaba sentada sobre sus piernas cruzadas en posición de yoga, pies cubiertos por medias de lana de color a rayas blanco, gris y negro, se había quitado sus zapatos deportivos que llevaba sobre sus piernas; chompa, camiseta de mangas largas, cabello cano cubierto por la gorra deportiva,  lentes de lunas gruesas. Nos miramos las dos y le pregunté: ¿El asiento está desocupado? Sí,  me dice. Ambas esbozamos sonrisas, le dije: Yo también practico yoga. Ella contesta: Soy profesora de yoga, y me acerca una tarjeta que saca de su bolso de yute. A partir de allí no dejamos de hablar hasta que yo bajé del autobús. Aún tengo su tarjeta, la llamaré, si decido  integrarme a su grupo de yoga. 

El conquistador: Viajo sentada en uno de los primero asientos destinados a pasajeros de la tercera edad del ómnibus línea 201, en la ruta de La Molina - Callao, está lleno de pasajeros. Se incorpora para bajar la señora sentada a mi lado. Sube un señor bien vestido, lleva un saco de corduroy marrón. Siempre me ha gustado el tipo de urdimbre del corduroy es ideal para abrigos, pantalones de invierno. Me parece elegante, viste bien, además es tela duradera, algo cara.  El caballero se sienta; previamente me  preguntó si el asiento estaba libre. Le contesté, con sonrisa amable. Yo leía una novela de Agatha Christie. De pronto el señor comenta: a mí también me gusta leer novelas de misterio. Empezamos a hablar. A partir de ese momento el tiempo se hizo corto. Llegué a mi destino en San Isidro. Empiezo a despedirme una parada antes de la mía. El caballero me dice. Me gustaría invitarla a tomar un café, y seguimos conversando. Con una sonrisa le contesto: ha sido una conversación amena, le agradezco su invitación, pero no puedo aceptarla; en otra oportunidad será. Y bajé del ómnibus. No he vuelto a coincidir con el pasajero del saco de corduroy. Creo que no lo reconocería; a no ser que vistiera  el mismo saco de corduroy marrón.

La comerciante: Una mañana temprano, subo al ómnibus, no sé qué línea era, me daba igual  la 201 o 202, ambas recorren la misma ruta hasta cierto punto; aunque no tienen las mismas paradas de pasajeros pero para mi destino si coincidían  en la parada para subir o bajar.  El transporte va al tope de gente. Tuve suerte pues subía yo y un pasajero bajaba. Pude sentarme en el asiento desocupado. En el asiento de al lado, iba una señora de unos 50 años hablando por teléfono a mandíbula batiente y con sonoras  risotadas. Su frondosa y negrísima cabellera en trenzas, sin maquillaje, pestañas gruesas largas naturales; blusa con mangas de algodón grueso, pantalón jeans. No recuerdo cómo surgió la conversación pero hablamos mucho todo el trayecto. Al llegar a la Av. Aviación, debía bajarse para tomar el tren eléctrico hacia Lurigancho. Le comente: No conozco Lurigancho, nunca he ido.  Ella me responde: ¿No conoces Lurigancho, no puede ser? Este tren te deja en la puerta, cerquita no más,  del mercado principal y el pasaje es barato. Te invito a que vayas a Lurigancho. Yo tengo un puesto de verduras en el Mercado.  Antes de que bajara del autobús, ella me abrazo, yo hice lo mismo, nos dimos sendos besos en nuestras mejillas, le prometí que pronto la visitaría en el mercado. Aún no he ido al mercado de Lurigancho.  No anoté el nombre de mi nueva amiga  propietaria de un puesto en el mercado.  
Son Amistades circunstancial de pocos minutos  que enriquecen mi espíritu. Tengo otros relatos de viaje en ómnibus espero poder contarlos algún día.
Renové mi brevete, esta vigente, permanecerá  guardado en una gaveta de mi escritorio por tiempo indefinido, pues por ahora, no tengo ninguna intención de comprarme un carro.