sábado, 22 de febrero de 2020

Vestida para bailar




El sábado 15 de febrero hice algo que había estado postergando una y otra vez a pesar que casi todos los días paso frente a su fachada y diviso desde el autobús en movimiento las modernas estructuras sobrias del edificio sede de la Biblioteca Nacional. Está vez descendí en la parada del autobús de la Av. Javier Prado con esquina Av. Aviación. Crucé la pista congestionada de carros y de ansiosos peatones que aguardan el primer indicio de cambio de luz del semáforo de rojo a verde para lanzarse sin mirar siquiera al resto del enjambre peatonal del cual son parte. De pronto atraviesan presurosos las pistas llenas de carros, autobuses, motos, que pululan en el doble carril del cruce vehicular de las dos avenidas. Yo soy parte del enjambre humano. Aceleradamente nos lanzamos veloces, como búfalos hambrientos en busca de su presa, nosotros nos lanzamos para llegar a la otra esquina. No es sencillo cruzar las pistas en Lima, hay que saber calcular, adivinar cómo va a maniobrar el conductor que enfrentarás en esos segundos preciosos en el que arriesgarás tu vida. Hay que medir las distancias para atravesar la vía; llegar ilesa, íntegra, es el reto. De cambiar la luz del semáforo y tú estás cruzando la pista, la combi o el ómnibus te permitirán cruzar o te bufarán con el claxon para que te apures y corras. En esos segundos la adrenalina recorre veloz todo tu cuerpo angustiado ¡lo lograste, estás viva! Eres parte del caos de tu Lima caótica, que reta a diario tu adrenalina.


Tráfico limeño. Dónde vayas caos





Por fin, ingreso a la biblioteca, me dirijo al ascensor, segundo piso. La amable señorita me indica que debo guardar mi cartera en el locker y conservar la llave. Al recinto de lectura puedo llevar mi teléfono, además de un lapicero. Aunque me dan papel y lápiz. El salón de lectura en el que estoy es grande, luminoso, con cómodas mesas para que dos usuarios uno al lado del otro, algo distantes entre sí, puedan sentarse y si desean hacer uso de sendas computadoras instaladas para los internautas. El procedimiento es el siguiente, te acercas a la amplia recepción, solicita el libro que vas a consultar, al cabo de breve tiempo te lo acercarán a tu lugar. Tomo asiento en la primera fila cerca de la puerta. Numerosos lectores están enfrascados en sus investigaciones, leen, usan computadoras de la biblioteca o suyas.

Biblioteca Nacional del Perú - Sede San Borja

Mientras espero doy un vistazo a la computadora de mi vecina de mesa, está viendo trajes ¿será diseñadora de modas en busca de inspiración?  Estoy de fisgona, no me aguanto y le comento ¡qué bonito vestido! Ella sonríe y me dice: es un vestido típico de Huancavelica para bailar marinera. Me muestra una serie de fotos de vestidos típicos del Perú, me explica detalles, la simbología del vestido, color, adornos, borlas, sombreros y demás. Entre sus manos tiene un libro “Vestidas para danzar”, me lo da. Empiezo a hojearlo. Es una recopilación de diferentes trajes que utilizan las danzantes de la marinera en las diferentes regiones. Me extasío con el libro mientras Rosa me explica la personificación de cada traje. Yo le preguntó: ¿eres diseñadora de modas?


Vestida para bailar marinera


No, me contesta, estoy investigando para mi tesis de Magister.¡Guau, qué maravilla! Le contesto. Ella agrega: soy profesora de arte. 

Al tiempo que la joven bibliotecaria me entrega el libro que le había solicitado.  Sin embargo, yo ya estaba en otro mundo, Rosa Flor, mi nueva amiga profesora de arte, me tenía atrapada con su conversación sobre los vestidos típicos para bailar marinera de las diferentes regiones del Perú. Me muestra el libro “Vestida para bailar”, es una belleza, editado por el Fondo Editorial del Congreso.

¡Sorpresas te da la vida! ¿Qué me iba a imaginar yo, que recibiría una cátedra sobre hermosos y diferentes vestidos de marinera peruana?

Mi nueva amiga Rosa Flor me invitó a su sustentación de grado.  

 


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