El
sábado 15 de febrero hice algo que había estado postergando una y otra vez a
pesar que casi todos los días paso frente a su fachada y diviso desde el
autobús en movimiento las modernas estructuras sobrias del edificio sede de la
Biblioteca Nacional. Está vez descendí en la parada del autobús de la Av.
Javier Prado con esquina Av. Aviación. Crucé la pista congestionada de carros y
de ansiosos peatones que aguardan el primer indicio de cambio de luz del
semáforo de rojo a verde para lanzarse sin mirar siquiera al resto del enjambre
peatonal del cual son parte. De pronto atraviesan presurosos las pistas llenas
de carros, autobuses, motos, que pululan en el doble carril del cruce vehicular
de las dos avenidas. Yo soy parte del enjambre humano. Aceleradamente nos
lanzamos veloces, como búfalos hambrientos en busca de su presa, nosotros nos
lanzamos para llegar a la otra esquina. No es sencillo cruzar las pistas en
Lima, hay que saber calcular, adivinar cómo va a maniobrar el conductor que
enfrentarás en esos segundos preciosos en el que arriesgarás tu vida. Hay que
medir las distancias para atravesar la vía; llegar ilesa, íntegra, es el reto.
De cambiar la luz del semáforo y tú estás cruzando la pista, la combi o el
ómnibus te permitirán cruzar o te bufarán con el claxon para que te apures y corras.
En esos segundos la adrenalina recorre veloz todo tu cuerpo angustiado ¡lo
lograste, estás viva! Eres parte del caos de tu Lima caótica, que reta a diario
tu adrenalina.
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 | | Tráfico limeño. Dónde vayas caos |
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Por
fin, ingreso a la biblioteca, me dirijo al ascensor, segundo piso. La amable
señorita me indica que debo guardar mi cartera en el locker y conservar la
llave. Al recinto de lectura puedo llevar mi teléfono, además de un lapicero. Aunque
me dan papel y lápiz. El salón de lectura en el que estoy es grande, luminoso,
con cómodas mesas para que dos usuarios uno al lado del otro, algo distantes
entre sí, puedan sentarse y si desean hacer uso de sendas computadoras
instaladas para los internautas. El procedimiento es el siguiente, te acercas a
la amplia recepción, solicita el libro que vas a consultar, al cabo de breve
tiempo te lo acercarán a tu lugar. Tomo asiento en la primera fila cerca de la
puerta. Numerosos lectores están enfrascados en sus investigaciones, leen, usan
computadoras de la biblioteca o suyas.
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 | | Biblioteca Nacional del Perú - Sede San Borja |
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Mientras
espero doy un vistazo a la computadora de mi vecina de mesa, está viendo trajes
¿será diseñadora de modas en busca de inspiración? Estoy de fisgona,
no me aguanto y le comento ¡qué bonito vestido! Ella sonríe y
me dice: es un vestido típico de Huancavelica para bailar marinera.
Me muestra una serie de fotos de vestidos típicos del Perú, me explica
detalles, la simbología del vestido, color, adornos, borlas, sombreros y demás.
Entre sus manos tiene un libro “Vestidas para danzar”, me lo da.
Empiezo a hojearlo. Es una recopilación de diferentes trajes que utilizan las
danzantes de la marinera en las diferentes regiones. Me extasío con el libro
mientras Rosa me explica la personificación de cada traje. Yo le preguntó: ¿eres
diseñadora de modas?
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 | | Vestida para bailar marinera |
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No, me contesta, estoy investigando para mi tesis de
Magister.¡Guau,
qué maravilla! Le contesto. Ella agrega: soy profesora de arte. Al
tiempo que la joven bibliotecaria me entrega el libro que le había solicitado. Sin
embargo, yo ya estaba en otro mundo, Rosa Flor, mi nueva amiga
profesora de arte, me tenía atrapada con su conversación sobre los
vestidos típicos para bailar marinera de las diferentes regiones del
Perú. Me muestra el libro “Vestida para bailar”, es una belleza, editado
por el Fondo Editorial del Congreso.
¡Sorpresas
te da la vida! ¿Qué me iba a imaginar yo, que recibiría una cátedra sobre hermosos
y diferentes vestidos de marinera peruana?
Mi
nueva amiga Rosa Flor me invitó a su sustentación de grado.
Bonito e inspirador relato de una experiencia casual .
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