viernes, 7 de diciembre de 2018

¿ Lima capital gastronómica de América?

Desde que llegué a Lima, lo que más he hecho es COMER. 
Resulta que  no logro resistir la tentación que me asalta cada día cuando camino por las calles limeñas y de repente pasas frente a  una frutería en la mañana y ves tentadoras y hermosas frutas. Compro una bandeja de rojas y olorosas fresas. Los ojos se te van al ver los sonrosados duraznos. A éstos sumas las apetitosas y jugosas uvas italia. También tomas otro racimo de la uva negra  o la bergoña. Yo muero por la fruta. Es lo primero que me llevo a la boca por las mañanas luego de beber un vaso de agua con limón. De repente más allá en la misma frutería divisas unas lustrosas lúcumas  y también las aparta para ti 'el caserito.'  ¡Sí! En Lima se te dispara el apetito. Al menos yo   no he parado de comer aquí y allá.  Todo comestible  me provoca probar y comprar. Y pruebo y compro. Llegué con 7 kilos menos pero creo que ya los recuperé. En cada esquina de cualquier calle te puede sorprender un coqueto kiosko que vende mazamorra morada y arroz con leche. Son postres típicos para disfrutar en la tardecita. Y a precios bastante asequibles. Otra cosa que he notado, es que ya casi mis amigas, otrora amas de casa ya no cocinan. Prefieren comprar los menus, salir a comer fuera y todos los días. Los negocios de comida son tan buenos en calidad, tan suculentos, apetitosos, a precios tan solidarios que ya las amas de casa no cocinan en sus casas.
La mayoría compra los menús que venden los negocios de comida en la calle. Hay variados para comer todos los días fuera. Las tortas. Son otra delicia que voy a comentar aparte. Si das una  caminata en la tarde prueba los picarones con miel que suelen venderlos a partir de las 5 de la tarde. Son roscas  hechas  de zapallo, camote, anís, algo de harina de trigo y levadura. Se fríen en abundante  aceite bien caliente. ¡Humm una delicia!
Picarones de la abuela ¡Deliciosos!
 En la cuadra 8 Flora Tristán en La Molina
 
Y contestando la pregunta que yo misma me hago. Si, para mí Lima es la capital gastronómica por excelencia de América.




martes, 3 de julio de 2018

UN DOMINGO EN EL MERCADO CHINO



Llovió toda la noche en Caracas, amaneció nublado, cielo gris, ambiente húmedo.  Son las 5 a.m. según el reloj digital de la mesa de noche. Estiro los brazos y piernas a la vez que me visualizo como si fuera una cuerda elástica que se extiende a lo largo de la cama. Me paro para ir al baño, bostezo y aún soñolienta  hago pis, luego cepillo mis dientes. Veo mi cara en el espejo, agarro el cepillo y  peino mis greñas. Regreso a la cama, acomodo en el respaldar las almohadas y cojines apoyándolos en la cabecera y me recuesto sobre ellos. Estiro mi brazo izquierdo hacia la mesa de noche, agarro el celular para revisar el WhatsApp. Es ritual en mí para ver si  ha escrito mi familia. Encuentro mensajes que no leo. Éstos pueden esperar. Dejo el teléfono y tomo la novela que estoy leyendo, Anna Karenina.  De pronto, en un tris, estoy en San Petersburgo del mil ochocientos.  Me convierto  en  una intrusa mirona invisible del  complejo mundo de la alta sociedad rusa. Sufro como  en carne propia las angustias de  la  princesa Kitty. -¡No Kitty, no rechaces a Levin él es bueno, noble, aristócrata, rico y te ama con locura. Olvida a Vronsky. Él  está obsesionado, apasionado, por Anna Karenina. Él no te va a pedir matrimonio, Kitty. En cambio Levin te adora!-. ¡Ya me angustié todita! Hago una pausa en mi lectura, entrecierro el libro con los dedos aún en la página que leo y pienso en Tolstoi ¡Es un genio. Si yo pudiera escribir como él!   Miro el reloj, son 6:30 a.m. dejo la novela tomo mi rosario y empiezo mi rezo diario matutino. Listo, terminé.  No me va a dar tiempo de bañarme. Lo haré a mi regreso del mercado.  Agarro el celular y llamo  a Eva,  amiga y vecina venezolana de origen chino, políglota pintora y chef. Iremos juntas  hoy domingo 01 de julio de dos mil dieciocho, a las 7 a.m. al mercado chino que se instala los domingos en los pasillos del club chino en la urbanización El Bosque.  Ahora estoy en el lugar y  época en que me ha tocado vivir.

Bodegón - Eva pintora
Los caraqueños duermen. Nos cruza uno que otro carro en la ruta hacia el mercado. Eva dice señalando -métete en el estacionamiento de ese restaurante, es de una amiga.-  Me estaciono pegadita a la puerta.  Está full de carros. Llegué justo cuando  otros compradores se iban. Bajamos. El chico que cuida los carros saluda a Eva. Es  temprano y hay  mucho movimiento. Gente de origen  chino, en su mayoría, circulan con bolsas repletas de comida, otros miran, compran.  En algunos puestos, te permiten probar la mercancía si deseas, un poquito.
Eva corta el pollo en mi cocina
Varios puestos venden verduras, frutas, carnes, dulces, embutidos. Hay de todo. El idioma que se escucha, que hablan, es el chino. Eva pregunta en su idioma original y yo no entiendo nada. La saludan señoras, comerciantes, amigas, se encuentra con gente.  Probamos ¡hum! delicioso.  Me va explicando qué es cada verdura, fruta, comida  de origen asiático que yo no conozco. ¡Qué rico! Nos despachan las compras que hacemos sin pagar un centavo. Aquí, en Venezuela, todos estamos viviendo la escasez del dinero en papel moneda. No hay efectivo. En algunos puestos pasamos las tarjetas, otros no tienen punto de venta. Esa es otra tragedia instalada en este país caribeño.  Pero Eva me dice, te fijaste, nos dan  la mercancía porque los paisanos confiamos uno en el otro.  Vamos a pagar la compra desde casa por  transferencia. Los comerciantes  le dieron los datos de sus cuentas bancarias para procesar el pago a posteriori. Mi amiga me comenta, -esto sucede sólo entre los paisanos. Los demás, tienen que pagar  en efectivo o con tarjeta de débito.  Si no tienen no les venden-.
 Es que la viveza criolla, eso de aprovecharse del otro, que padece un gran sector del gentilicio de este país es harto conocida y el comercio en el mercado chino se basa en la confianza y honradez.¡El mercado es una nota estoy entusiasmada! Ya de regreso, en nuestro edificio, cada una se fue con sus compras a su piso. Pero antes, nos juntamos en el mío para separar lo que habíamos comprado, entre las dos, para nuestro almuerzo de hoy.   En un par de horas, Evita subirá a mi apartamento para cocinar. Y yo aprenderé a preparar platos de la gastronomía china. Nuestro almuerzo delicioso y fácil de preparar: Sopa  con vegetales choy sum mo qua con tofu. Arroz chino con Siu chu yuk (cerdo),  vegetales Pak choi. En la tarde tratamos de ver una película peruana Asu Mare, pero ¡qué va! Nos quedamos dormidas en el sofá las dos. Despertamos, nos reímos al descubrirnos ambas dormidas, al rato nos despedimos. Regreso a mi cama, acomodo en el respaldar las almohadas y cojines apoyándolos en la cabecera, me recuesto sobre ellos y retomo  mi lectura de Anna Karenina y en otro tris regresé al  San Petersburgo del mil ochocientos. ***
Iglesia del Salvador sobre la sangre derramada
San Petersburgo