Desde que llegué a Lima, lo que más he hecho es COMER.
Resulta que no logro resistir la tentación que me asalta cada día cuando camino por las calles limeñas y de repente pasas frente a una frutería en la mañana y ves tentadoras y hermosas frutas. Compro una bandeja de rojas y olorosas fresas. Los ojos se te van al ver los sonrosados duraznos. A éstos sumas las apetitosas y jugosas uvas italia. También tomas otro racimo de la uva negra o la bergoña. Yo muero por la fruta. Es lo primero que me llevo a la boca por las mañanas luego de beber un vaso de agua con limón. De repente más allá en la misma frutería divisas unas lustrosas lúcumas y también las aparta para ti 'el caserito.' ¡Sí! En Lima se te dispara el apetito. Al menos yo no he parado de comer aquí y allá. Todo comestible me provoca probar y comprar. Y pruebo y compro. Llegué con 7 kilos menos pero creo que ya los recuperé. En cada esquina de cualquier calle te puede sorprender un coqueto kiosko que vende mazamorra morada y arroz con leche. Son postres típicos para disfrutar en la tardecita. Y a precios bastante asequibles. Otra cosa que he notado, es que ya casi mis amigas, otrora amas de casa ya no cocinan. Prefieren comprar los menus, salir a comer fuera y todos los días. Los negocios de comida son tan buenos en calidad, tan suculentos, apetitosos, a precios tan solidarios que ya las amas de casa no cocinan en sus casas.![]() |
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