jueves, 1 de octubre de 2020

¡Suerte Gala!

Nos fuimos al Jockey Plaza con mi mamá Inés después de varias semanas de confinamiento, flexibilizada la cuarentena obligatoria por la autoridad gubernamental. Queríamos caminar más allá de nuestras fronteras domiciliarias. Tomamos un taxi y enrumbamos a nuestro destino.

Había gente en el centro comercial con las tiendas ya abiertas, el centro financiero con gente protegidos con su doble tapaboca se ubicaban en ordenada  fila india respetando el distanciamiento social para entrar a los bancos. Gente en el supermercado, tiendas, peatones recorrían los espacios del Jockey plaza no en la cantidad de personas que solía haber antes de esta pandemia pero había regular cantidad de gente. Lo importante era ver que la actividad comercial, financiera, gastronómica, tímidamente retomaban sus actividades, servicios, para los clientes. Los negocios abrían sus puertas nuevamente.

Nosotras nos entretuvimos viendo las vitrinas de las tiendas con buenas ofertas. Nos animamos a comprar algunas cosas, ropa, zapatos, regalos para los bisnietos de mi mamá. Cuando estás entretenida el tiempo vuela. 

Tengo hambre ¿Qué hora es?

Son las 2 de la tarde, le contesto a mi mamá. 

Te invito a almorzar, me dice Inés.

Mi mamá esta animada pensé, le contesté: ¡ok! Intentamos entrar a uno de los restaurantes, se acerca un joven a la puerta y me dice: Señora, no pueden entrar.

¿Por qué? le contesto ¿No están atendiendo?

Sí, pero la señora no puede entrar, y mira a mí mamá.

Recordé las disposiciones gubernamentales por razón de la edad se restringió la entrada a los restaurantes y otros espacios a los mayores de 65 años por riesgo de contagio de Covid19. Por lo visto, el chico no me miró bien a mí, pensé, pues estoy dentro del grupo de riesgo. Retrocedimos y salimos. 

Le dije a mi mamá, vamonos a la feria gastronómica. 

Antes, entramos al baño de damas. Mamá lava sus manos, se dirige al secador de manos y no enciende. Lo comenta en voz alta, al tiempo que entra una chica joven, agraciada, vestida con el uniforme del personal de mantenimiento. Nos saluda.

¡Buenas tardes!

¡Buenas tardes! le contestamos nosotras al unísono.

Mamá le comenta: El secador de manos no funciona. A ver prueba tú.

La chica sonreída se dirige al aparato  comentando que hoy es su primer día de trabajo y que esta nerviosa.

 Ojalá que todo me salga bien.

¡Ah! Qué bien, le contesto: Te va a ir muy bien, ya verás. Tienes trabajo en un bueno sitio. Ves, ahora debes  informar que este secador de manos no funciona.

¡Si!  responde  aún con su humor alegre mientras habla.

Y pienso, qué ilusionada luce esta chica por su trabajo. Aún cuando a veces puede ser desagradable.

De pronto, mi mente viaja al pasado.

La memoria prodigiosa que Dios nos dio me evoca un episodio, una vivencia muy desagradable y traumática que enfrentó una amiga, de esas que nunca olvidas.

Ocurrió en Caracas hace un tiempo atrás. Una casa en una urbanización de clase media alta, una banda de asaltantes (cuatro hombres), toman por asalto su vivienda en pleno día. Está toda la familia y un invitado. Es una tarde de un día cualquiera laborable. Someten a toda la familia con revólveres, los mantienen aislados uno del otro en diferentes habitaciones. La familia y el invitado está separada dentro de su hogar, no saben cómo está el resto de ellos.

El delincuente que tenía maniatada a mi amiga y apartada del resto de la familia, en una de las habitaciones. Le dice: Qué bien viven ustedes los ricos, mientras mi madre tiene que limpiar baños públicos.

Teresa, que siempre ha sido contestataria, le responde: Tú mamá es una mujer digna porque tiene un trabajo digno como cualquier otro con el que se gana el pan de cada día para ella y su familia. Ella, tu mamá,  ¿sabe a lo que te estás dedicando tú?

A veces la vida te muestra que vivirla no es fácil para todos. Unos tienen mejor situación y oportunidades que otros aún cuando todos somos seres dignos y merecemos respeto, consideración, porque todos somos creación de Dios, del universo, del amor.

Esta joven mujer, empleada de mantenimiento de baños del Jockey Plaza se mostró tan digna, maravillosa, humilde y nos abrió su corazón. Estaba ilusionada en su primer día de trabajo. Mi pensamiento que nunca me pide permiso para nada, la recuerda a veces desde  que nos cruzamos y mi espíritu aprovecha para enviarle mentalmente buenas vibraciones esté donde esté ¡Qué Dios la bendiga y proteja siempre! No nos dijo su nombre, pero para mí es Gala.

                                                                                                                                      Lima, 30/09/2020