Esto es un horno comentan entre sí las damas limeñas reinsertadas en su ciudad natal. Una de ellas no tiene ni un mes en Lima. Ambas vienen de residir
en un país del ardiente trópico. Esos calorones calientes como bolas de fuego no los habían
sentido en el Caribe. Pero el calor pasaría, el corona virus no; llegó a Lima en avión desde España en la humanidad de un
joven tripulante de una línea aérea. Sucedió como le pasó a Francisco Pizarro y los trece de la Isla del Gallo allá por el año 1532; las circunstancias coinciden y suceden los hechos, es cuando surge una historia, no antes, comentó una de ellas. Otrora los españoles decían que "habían descubierto el Perú". Ahora en el 2020 diremos nosotros que los españoles nos "descubrieron" el corona virus y lo insertaron en Perú. ¡Ay! Qué barbaridades dices.
El tripulante venido de España había estado antes en Italia y Holanda. Él contagió a su sobrino, un estudiante del colegio
Newton y el colegio como medida de protección, de prudencia, ha suspendido las
clases por dos semanas.
Ya son cinco los casos de corona virus reportados en Lima. Más de uno no dormirá angustiado, o tal vez sí.
Las madres
nerviosas por sus hijos rezarán para que no se contagien; los enamorados estarán
pensando en cómo manifestar su amor sin peligro de un posible contagio por los
efluvios ardientes que suelen transmitirse uno al otro al dar rienda suelta a su carnal pasión.
El mundo humano anda nervioso. Las noticias llegan desde muy
lejos, de diversos países. En uno se reporta un nuevo caso de corona virus ¡Oh! ¡Oh!
En otro lado del mundo ya cuentan más de diez casos
que son noticia en todo el planeta. Los medios de comunicación, las redes
sociales, proyectan vídeos de autoridades políticas saludándose ya no con un
apretón de manos sino con saludos golpeándose levemente codo con codo, o con
golpes suaves entre sus zapatos. Las poblaciones están angustiadas, otros aún incrédulos,
asombrados hacen chistes:
es cuestión de los políticos dicen …
quieren
distraernos de algo malo que están haciendo… es la corrupción mundial.
 |
| corona virus |
Los colegios, universidades, empresas, organizaciones, han
suspendido clases, eventos, conferencias, simposios, ferias en Lima, en
Madrid, en China, en Holanda, en USA, Rusia.
¿Qué sucede en el mundo, Dios mío?
Se interroga Lucila, entre exhalaciones de suspiros nerviosos. Instalada ella, en su
quiosco de cosméticos ubicado en una de las galerías de la Av. Flora Tristán en La
Molina. “Las noticias del corona virus son malas, pero no entiendo qué pasa”, dice, al tiempo que agita nerviosa sus pestañas postizas. Trato de
tranquilizarla. Le digo, tú lávate las manos más seguido, ten gel antibacterial en la cartera, no des la mano así nomas, a la vez me extasío contemplando su acompasado batir de pestañas postizas que refrescan sus ojos y, pienso, ¿Cómo me quedaran a mí unas pestañas postizas? Le pregunto por el precio de las pestañas que vende y decido comprar las que me parecen más naturales. Le diré a mi estilista Patricia que me ponga las pestañas. A la vez, continúo la conversación con Lucila, mientras no se expanda entre nosotros el corona virus, estaremos bien. Ya pasará. Encontrarán la vacuna y será superado. Aparte dicen que el calor es enemigo mortal del virus. Tenemos suerte los peruanos pues estamos en pleno verano. En este clima ardiente, el virus muere al toque. Dicen que no sobrevive al calor. Y yo sigo mirándole su gracioso batir de pestañas postizas.
¡Dios es peruano! dice levantando la voz entusiasmada, Lucila.
¡Temblor! ¡Un remezón! ¿qué fue...? ¡Ya
pasó, Lucila!
Los vecinos del edificio de al lado andan bajando.
No pienso romperme la crisma en las escaleras ¿Vienes Fortuna? Grita desde el edificio una voz masculina.
 |
| Papa a la Huancaína |
El temblor no asustó al gato que sostenía entre sus
dientes un trozo de carne de res que engullía con visible deleite. Es el
felino de Sara la dueña del puesto de al lado, vende desayunos, almuerzos. Ella
con esplendida sonrisa atiende los sabrosos requerimientos de sus comensales. Vestida de verde limón, protege su
vestido con un delantal blanco adornado con letras bordadas rojas: Perú Gourmet, en la pechera, impecablemente planchado su mandil. Lleva la cabellera trenzada, anudada con cinta amarilla. Es una auténtica monería limeña. El comedor de Sara está a tope. Ver a sus clientes
engullir sus alimentos con evidente placer, a nosotras nos estimuló el apetito. Decidimos irnos a
almorzar a uno de los muchos comedores populares que hay en la Av. Flora
Tristán de La Molina. Cualquiera que
escojan será bueno en calidad, sabor, presentación.
A nosotras
nos provocó almorzar: de entrada, papa
a la Huancaína; de segundo plato, mi mamá optó por estofado de res con
pallares guisados y arroz.
Yo, papa
a la huancaína y de segundo plato carapulcra con chancho y arroz blanco. La bebida está incluida ad limiten, es jugo de maracuyá. Precio del menú 10,00
soles.
Ante sus almuerzos nadie piensa
en el corona virus.
Esta tarde iré a cortarme el pelo.
En la peluquería de Patricia le pregunto por su hijo que estudia en el Newton.
Él está bien, se fue con su papá a la casa de la playa a pasar la semana, aprovechan que no tienen clases en el Newton por el asunto del corona virus.