viernes, 1 de diciembre de 2023

Cuento de Dictadura


 

“El mundo entero es el escenario que requiere el histrión de la literatura”

Edgar Allan Poe

 “Quién da, conocerá la ingratitud, pero también la emoción de dar”

José Narovsky

Apéndice

En ocasiones una prosista debe armarse de voluntad, valor, coraje, decisión, para dejar atrás el alma adolorida, la rabia, un mal recuerdo de los que jamás olvidas al pensar que pudiste ser víctima sexual de un ser empoderado por una jefatura en tiempos de dictadura. La gente mala existe, andan al acecho, a la búsqueda de una posible víctima. Más grave es, si esa maldad proviene de un sujeto que es jefe de tus jefes inmediatos que empoderado en su rango se cree con derecho de intentar abusar de una joven profesional que trabaja en la institución en la que ese sujeto esta destacado y que con engaños logra drogar a su víctima hasta la inconciencia[1].

 La escritora, en estos casos, hace un gran esfuerzo de integridad intelectual para narrar lo más objetivamente posible circunstancias traumatizantes a partir de vivencias propias. En esos casos debe vencerse a sí misma para escribir lo que quiso por sobre todo olvidar, pero es imposible. Cualquier noticia[2] trae a la memoria sin importar el tiempo transcurrido o la edad que tengas esas malvadas experiencias de tu vida dormidas pero vivas, enquistadas en tu memoria como escenas de una película aterradora, aun cuando el infame intento haya ocurrido hace mucho tiempo atrás y el sujeto no lograra su objetivo. Así como la memoria recuerda lo bueno igual la mente almacena las malas vivencias.

Es normal que una mujer confíe en su jefe cualquiera sea el cargo que ella desempeña. Triste es leer en los periódicos, escuchar noticias en los cuales una fémina o cualquier persona fue víctima de acoso sexual y que se la drogó. Muchas veces la víctima calla por miedo de sufrir un daño mayor ella o su familia o teme una venganza. Es cuando la víctima no denuncia.

                                                                           &&&&&


Sabrina y Roxana. Marzo, 2011

Sabrina había ganado en un Bingo un pasaje a Rimaq, su ciudad natal, a la que llegó con agenda programada al milímetro para aprovechar al máximo los quince días que pasaría allí. Tenía anotado un domingo con Roxana, amigas desde la época universitaria. Este reencuentro le hacía mucha ilusión a Sabrina después de más de veinte años sin verse. Bueno, últimamente sólo a través de Facebook. Presagiaba un día alegre. Mientras el taxi la conducía a casa de su amiga, imaginaba con la personalidad sarcástica y burlona de Roxana que reirían mucho. Por eso, se sorprendió cuando Roxana casi apenas atravesar el umbral de la puerta de su apartamento le preguntó por Narcisa compañera y amiga de ambas, pero más de Roxana. Algo contrariada pensó para sus adentros ¿por qué me pregunta por Narcisa? ¿Qué sé yo de su vida? Hace más de cuarenta años que la vi por última vez, fue cuando renuncié a mi trabajo en el Ministerio de Traslaciones en el que le conseguí trabajo a Narcisa cuando ella se apareció en mi oficina a pedirme, más bien a rogarme con llanto ensayado que la ayudara. Sabrina se sintió mal por la pregunta tan directa de Roxana y pensó: ¡vaya tu interés no soy yo, sino chismear, sabe Dios qué mentiras te habrá contado Narcisa! Guardo malos recuerdos de su ingratitud, pensó Sabrina. Roxana sabe qué hace años no la veo cómo voy a saber de ella ¡No sé nada! le contestó. Para Sabrina, Narcisa era la encarnación de la traición a la amistad, con malestar anímico a causa del interrogatorio traído de los pelos por Roxana, Sabrina caviló, algo tendré que contarle para saciar su curiosidad sino no me dejará tranquila, es desagradable revivir lo olvidado hace años. Roxana seguía preguntando, insistía; Sabrina le respondía con monosílabos. Hasta que Roxana dejó de preguntar al emitir un ¡No! espontáneo que le salió del alma al escuchar una parte del relato; Sabrina pensó, por fin satisfice su curiosidad.

 

Tiempos de dictadura militar. 1968-1975 y 1975-1980

Sabrina y Narcisa

Aquélla mañana, Sabrina se sorprendió al recibir en su oficina la visita de Narcisa. ¿Qué hace aquí? Pensó Sabrina sorprendida al verla, ¿cómo sabe de mí si no la veo desde que dejamos la universidad, ni por teléfono hemos hablado nunca? Ellas perdieron contacto a pesar de ser del mismo grupo. Habían viajado junto con Roxana a Piura de vacaciones. Esa vez, Roxana se alojó en casa de un familiar suyo, Sabrina se hospedo en casa de sus tíos quienes aceptaron también albergar a Narcisa pues ella, no tenía con quién hospedarse en Piura.

Narcisa ¿qué sorpresa? ¿cómo sabes que trabajo aquí? Le preguntó Sabrina al saludarse. Sabrina continúo, supe que te casaste con el cuñado de tu hermana. Narcisa estaba desmejorada, pálida, flaca, ojerosa; le infundió tristeza a Sabrina, pero no se lo hizo notar ¡qué demacrada, luce enferma! Con una sonrisa forzada Narcisa le contó: Me casé y hace dos meses di a luz a una niña. Hablaba de su vida de casada con desánimo, hasta que le dijo a Sabrina vengo a pedirte que me ayudes a conseguir trabajo aquí contigo.

Pero cómo vas a trabajar si acabas de dar a luz, tu hija tiene sólo dos meses según dices, no puedes trabajar ahora. Espérate un tiempo y veré si puedo ayudarte.

Necesito trabajar. Contestó Narcisa. Estamos en muy mala situación económica, lo decía con lágrimas en los ojos. Lloraba, suplicaba.

No llores por favor, en cualquier momento entra uno de los jefes.

Hay una vacante pensó Sabrina, pero ya está asignada para Frida. Sabrina escuchaba a Narcisa en tan mal estado emocional que se la tuvo que llevar al baño para evitar que la vieran. No quería tener que dar explicaciones a sus compañeros de trabajo.

Sabrina y su jefe inmediato. - al día siguiente: Sabrina no sabía cómo abordar al Dr. Reinaldo Fajardo, atractivo cuarentón de grandes ojos pardos, inteligente, bonachón, de mediana estatura. Toda una autoridad en Derecho aeronáutico, eran tiempos de dictadura en Rimaq. Por encima del Dr. Fajardo, estaban los jefes militares del aire. El Dr. Fajardo tenía en muy buena estima a su asistente legal Sabrina con dos años trabajando con él desde que llegó siendo estudiante de Derecho. La mamá de Sabrina a través de su militar jefe, en otra entidad del gobierno le consiguió ese trabajo a Sabrina como practicante de Derecho en la Dirección del Aire de la Delegación de Traslaciones; al año la nombraron como personal fijo del Estado, a esas alturas el Dr. Fajardo delegaba en Sabrina ciertas tareas de envergadura, inclusive la mandaban a reuniones de la OACHI.

¡Buenos días, jefe! Pienso que Frida es tan inteligente que está sobrecalificada para la vacante que tenemos en esta Dirección. Dijo Sabrina al Dr. Fajardo.

¿Qué dices Sabrina? Primero: Tú, me llamas jefe cuando algo quieres. Segundo: Cuando entrevisté a Frida me disté muy buenas referencias, muy inteligente, estudiosa, soltera ¿Y ahora cambiaste de opinión?

¡Bueno, Dr.! Realmente sería un egoísmo contratar a Frida para ese puesto, ella puede conseguir un trabajo mejor, allí no se va relacionar con nadie. Ese cargo le queda chiquito.

No te entiendo, Sabrina.

Bueno, Dr. La verdad es que ayer vino una amiga que necesita trabajar, también es de mi universidad. Ella se casó, están en mala situación económica. Sabrina le ocultó deliberadamente a su jefe que Narcisa hacía dos meses había dado a luz que estaba en reposo postparto.

¡Esto no es una Beneficencia que la ayude su familia! Sabrina insistió tanto que su jefe le dijo: has lo que tú quieras.

Narcisa empezó a trabajar ese mismo mes.

 

Un Año Después

Nuevo ministro, nuevos jefes militares.

Es una lástima que cambien al Coronel Padrino y al General Rojas son gente decente no creo que ellos estén de acuerdo con esta dictadura. Opinaba una compañera de Sabrina. Espero que los que vengan sean gente buena. Vamos a extrañar a estos jefes, agregó otra.

Nuevo coronel jefe del Aire.

Meses más tarde

El Dr. Fajardo entró a la oficina de Sabrina y le dijo: Cuando te llame el coronel César, me avisas, no quiero que tú vayas a su oficina sola.

 ¿Por qué? Contestó Sabrina.

Yo sé lo que digo, Sabrina. No confío en el Cnel. César, le Respondió.

Sabrina ya no sabía cómo eludir las llamadas del coronel César a través de su secretaria o llamadas directas al anexo de Sabrina para que fuera a su oficina llevándole tal o cual documento. Cuando su jefe estaba en reuniones o de viaje. En esos casos Sabrina tenía que ir. E iba.

Ese viernes trabajarían medio día, feriado decretado por el gobierno. Habría un almuerzo en la oficina. Asistirían los jefes militares, personal civil, abogados, secretarias, técnicos aéreos. El personal se vistió con esmero. El Dr. Fajardo estaba de viaje. La reunión concluía, el personal y Sabrina se iban. De pronto llama por teléfono el coronel César: Sabrina antes de irte tráeme tal contrato, quiero revisarlo.

 

Está bien, coronel César. Contestó Sabrina.

Con su cartera en la mano Sabrina se dirige a la oficina del coronel César para darle el contrato e irse.

Al despedirse el coronel le dice: ¿Probaste el vino?

No, coronel, yo no tomé licor, sólo Inca Kola.  contestó Sabrina.

¿No probaste el vino? Bueno, antes de irte brinda conmigo. Insistió el coronel César.

Coronel, yo no bebo licor. Debo irme, mi mamá me espera.

No vas a despreciarme un brindis, Sabrina. Insistió el Cnel. César.

 

Sabrina vio la copita tan chiquita, que pensó, eso no es nada. 

Sabrina de pie le recibió la copita al Cnel. César, escritorio de por medio.  Apenas humedeció su labio y lengua Sabrina se sintió mareada no podía sostenerse en pie y cae en el amplio sillón que el Cnel. César tenía en su despacho, frente a su escritorio. Sus ojos pesados no podía abrirlos, intentó pararse y no pudo, balbuceaba, no podía hablar, siente que el Cnel. César se le tira encima, empieza a besarla, el cuerpo del hombre está sobre ella, sus malvadas manos lujuriosas recorrían sus pechos que por el frío limeño estaban protegidos por la chompa gruesa de lana que vestía encima de su blusa y pantalón de corduroy. Sabrina semiinconsciente suplicaba: No, coronel, no me toque ¡Mamá! Es lo último que recuerda Sabrina antes de perder el conocimiento. No tiene recuerdos de lo que pasó después del intento de violación; no sabe cómo la sacaron de la oficina del Cnel. César.

La siguiente escena que Sabrina recuerda de esa tarde es que la despiertan. Está sentada en el asiento posterior de un carro negro, con la cabeza apoyada en el hombro del Cnel. César, estacionado frente a la puerta de la casa de Sabrina, ella sigue obnubilada, drogada, recién allí la despierta el Cnel. César. El chofer la aparta del hombro del coronel y la ayuda a bajar del carro pues ella por sí sola no podía caminar por la droga que tenía en su organismo, siente los ojos pesados a duras penas los entreabre, ve a su mamá asomarse a la puerta principal de su casa. La mamá sorprendida recibe a su hija. Sabrina se da cuenta de todo en medio de su inconsciencia ¡Este hombre me quiso violar y me dio a beber una droga que me ha podido matar! La mamá de Sabrina no emite ninguna palabra, simplemente recibe a su hija que no puede sostenerse en pie. El Cnel. César no sale del carro, permanece en silencio, ajeno, anónimo. El chofer le entrega su hija a la mamá y le dice algunas palabras ¿Qué le diría a su mamá? Nunca lo supo, Sabrina. La Madre recibe a su hija, la abraza, con cuidado la sostiene, la ayuda a caminar y a subir las escaleras hasta su dormitorio. Sabrina durmió hasta el día siguiente. Ella tiene la certeza que el Cnel. César no la llegó a violar. Sus ropas, su cuerpo no presentaron rasguños, moretones o indicios de violación. Ella presume que el coronel se asustó al ver que ella perdió el conocimiento por el alucinógeno que le dio a beber. Sabrina en medio de su inconsciencia se supo intacta pero mancillada en su honor. Ella había sido objetivo de un militar del aire violador amparado en unas charreteras y en su cargo superior. Al darle la copita de licor con la droga líquida jamás pensó que la chica perdería el conocimiento. Sabrina siente que el desmayo la salvó de ser violada. Nunca habló de este incidente con su mamá, presiente que su mamá se dio cuenta de todo, pero que, al ser tal el trauma emocional de esa experiencia para ambas ninguna de las dos quiso recordarlo nunca y porque el crimen se frustró. El papá de Sabrina nunca se enteró ni nadie más de la familia. Tal vez, además, por temor a que les hiciera daño ese Cnel. César.

En tiempos de dictadura la gente desaparecía. Sabrina nunca contó a nadie tan dolorosa vivencia y por vergüenza, como si ella fuera en algo culpable de ese intento de violación. Una experiencia traumática de esa envergadura nunca se olvida. Sabrina renunció a su trabajo.

Transcurren dos años.

Giovanna, economista de la oficina donde se conocieron y se hicieron buenas amigas con Sabrina, habían viajado juntas a Buenos Aires, a Tacna, por eso no le sorprendió a Sabrina que en su viaje de luna de miel Giovanna y Ricardo incluyeran Caracas, ciudad en la que residía Sabrina y esposo, que les dieran la sorpresa de visitarlos. Durante la conversación previa a la cena, Ricardo cuenta sobre los sucesos políticos en la convulsionada Rimaq. De la oficina se entera Sabrina que el Cnel. César, Narcisa y el Dr. Fajardo, viajaron los tres a Buenos Aires por un evento internacional OACHI. El Dr. Fajardo contó a Giovanna que del aeropuerto de Ezeiza a él lo dejaron en un hotel; Narcisa y el Cnel. César se hospedaron en otro hotel y sólo los volvió a ver en la reunión de OACHI. El Dr. Fajardo regreso solo a Rimaq, no supo más del coronel ni de la oficinista Narcisa. Giovanna remató su comentario ¿a qué viajó a Buenos Aires, Narcisa; por dios, ella ocupó un puesto administrativo interno de verificadora de licencias de técnicos y aeronaves nacionales cuando Otilia renunció. La cena en casa de Mario y Sabrina se prolongó hasta que los viajeros recién casados se despidieron pues al día siguiente partían a Aruba en su extendida luna de miel.

Marzo 2011.

Sabrina piensa que, si en su visita a Rimaq Roxana no le hubiera hablado de Narcisa con insistencia, ella no hubiera recordado que la drogaron para ser víctima de violación sexual. El shock emocional te supera, necesitas ayuda profesional para procesarlo. Roxana, escuchó en silencio y al final exclamó: ¡Seguro te dio a tomar burundanga!  Sabrina, se quedó de una pieza y pensó: Todos estos años he escuchado hablar de la burundanga, ese alucinógeno y nunca pensé que ese coronel César tal vez me drogó en su oficina de la DGTA con burundanga.

Escrito en el año 2012, a 34 años de ocurridos los hechos.

Revisado año 2023, 45 años después.

Nunca se olvida un intento de violación.

 



[1] Hechos relatados en realidad versionada.

[2] https://elcomercio.pe/politica/congresista-acusadodeviolacion

lunes, 22 de mayo de 2023

¿Deseo... amor?

Uno no puede controlar sus pensamientos, decía el apuesto cincuentón y continúo
 El otro día, fui a casa de un amigo.  Emma, su esposa, guapa mujer de grandes y expresivos ojos, me abrió la puerta y me invitó a sentarme mientras llamaba a Leonardo, mi amigo. ¡Hola Javier! Me dijo Emma, pasa y toma asiento en la terraza mientras llamó a Leo. ¡Hola! le contesté. A la vez  que sentí  el dulce perfume que emanaba de su piel  ¿o de las flores de su jardín? Ese olor despertó en mí un placer corporal, que me erizó la piel ¡Qué pensamientos le vienen a uno a la cabeza, a veces/ Sin querer, sin buscarlos. Emma me dio la mano y me beso en la mejilla cuando me saludó, como es usual entre nosotros. En ese momento sentí que me fluía la sangre a borbotones por todo el cuerpo y me llegaba hasta el cerebro ¿Creí percibir un ligero temblor en las mejillas de Emma? ¿Ideas mías? Me  esforcé por mirarla indiferente y sonreí.  Me dije, tranquilo man, es la  mujer de Leonardo. Qué difícil es controlar el sexo, el instinto, el deseo, el placer corporal, hermano; fuera ya de la moral y los convencionalismos sociales.

Los Amantes - Magritte

Poema 
NO  ADMITO
 No admito que se pueda destruir la unión fiel de dos almas.
No es amor el amor que no logra subsistir o se amengua al herirle el desamor.
El Amor verdadero es tan constante que no hay nada que pueda reducirlo;
Es la estrella de toda barca errante, cuya altura se mide, no su brillo.
No es juguete del tiempo, aunque los labios y mejillas dobléguense a su suerte;
No le alteran del tiempo los agravios, pues su reino no acaba con la muerte.
                 Y si eso es falso  y fuera en mi probado, ni yo he escrito jamás ni nadie ha amado.                                                                                          William Shakespeare.




miércoles, 12 de abril de 2023

El vestido

Hermoso vestido azul de 45 soles
Luego de un suculento almuerzo preparado por mi tío ingeniero Carlos de juveniles 95 años a quien le gusta cocinar de vez en cuando bajo la atenta mirada y supervisión de su hija Patricia quien hace las veces de sous chef  cuando su papá cocina. Disfrutado el  esplendido almuerzo y  los gratos momentos de la sobremesa con risas incluidas, conversación agradable; ya entrada la tarde yo debía regresar a mi casa. Tenía ganas de caminar por lo que no llamé al aplicativo Cabifay, más bien enrumbé a pie hacia la Av. Salaverry en Jesús María. Mi prima Patricia me había advertido que tenía que tomar el autobús morado con una C bien grande en el frontis de la carrocería, así que subí a uno de esos buses. Debía bajar en el paradero final en Magdalena del Mar así hice; descendí del bus frente a la Iglesia. Atravesé calles centrales del mercado de Magdalena con mucha gente que compraba, miraba tiendas, comía en restaurantes, dulcerías, empezaba a oscurecer, la gente entraba y salía de tiendas, heladeros, raspadillas y vendedores ambulantes ofrecían sus productos. Las calles del mercado siempre muy concurridas. En ese ambiente populoso diviso a una chica con gorra blanca deportiva, pantalón blue jeans, blusa rosada, cara agraciada, a sus pies tenía un costal con mercadería. Estaba rodeada por tres señoras con las que conversaba les mostraba su mercadería. Me llama la atención el grupo ¿qué vende? me acerco a ellas. La joven agraciada vende vestidos. Una de las mujeres sostiene un vestido azul con flores de colores de tela vistosa, hablan de precios, la joven saca del costal sus vestidos para mostrarlos a clientas. Me integro al grupo para ver los vestidos de telas frescas, ligeras, vistosas; pregunto el precio, ella me dice 45 soles cualquier vestido. Una señora tenía un vestido azul de flores en sus manos, le pregunto si lo va a comprar, me contesta que no sólo estoy viendo, además, no me quedaría es para alguien más delgada que yo y me entrega el vestido. Una de las señoras del círculo que rodea a la vendedora grita: ¡fiscales! La vendedora agarra su costal que contiene vestidos y sale corriendo en sentido contrario a los fiscales a su lado empiezan a correr las otras señoras detrás de la vendedora. Yo soy la única, desconcertada que se queda parada con el vestido en la mano, volteo a mirar y veo que a mis espaldas están tres fiscales una era mujer, ellos no me miran hablan entre sí. Dirijo mi vista hacia donde había corrido la vendedora y las otras posibles clientes. Veo hacía dónde debe estar la vendedora la busco con la mirada pues me había dejado su vestido en la mano. No la veo por ningún lado. Pregunto a unas personas que caminaban por donde tenía que haber pasado la chica ¿han visto correr a una joven con un costal blanco?  Un señor contesta, se ha ido corriendo hacia esa dirección. Ya era de noche, me digo ¡Dios mío! ¿Qué hago? Tengo el vestido de la chica sólo me queda correr hacia donde ella se fue. Paso por calles solitarias, iba dejando el mercado atrás. Sigo mi camino, ya no corro sino camino y pregunto si han visto a la joven del costal blanco. Cada vez me alejo más, las calles cada vez más solitarias. Pienso ¡a mi edad, nadie se va a meter conmigo! y continuo mi caminata señor, señora ha visto una chica con una gorra blanca, cargando un costal blanco? Unos me respondían: ¡NO! Sigo mi caminata, dudo ¿qué hago? ¡pobre chica tengo su vestido! Camino, la busco con la mirada de pronto la veo, está parada en una esquina con una persona a su lado, no se mueven. Me acerco y le digo: ¡hija, me has hecho correr buscándote! ¡me dejaste tu vestido! Tómalo, aquí está. Ella me contesta ¡Gracias, señora! Tuve que correr sino me decomisaban mi mercancía. Le contesto: ¿En serio, te quitan toda tu mercadería? Antes que ella me respondiera, la persona a su lado habla: Sí, les quitan toda su mercadería, porque son informales, y compiten con los negocios que tienen sus locales instalados. Las escucho, y me cuentan ciertos episodios de experiencias pasadas, “se quedan con su mercadería”. Le pregunto ¿pero no te la devuelven? Porque podrán ponerte una multa, pero la mercancía es tuya, tienes una inversión dineraria en ella. La persona a su lado responde: señora usted no es de acá, ¿no? Le contesto, sí soy limeña, pero he vivido muchos años fuera hace poco regresé a Lima. Le digo a la chica vendedora, te voy a comprar el vestido ¿cuánto cuesta? He corrido para encontrarte y me gusta tu vestido, me lo pruebo encima de la ropa puesta y le pago sus 45 soles. Ella se pone contenta y me entrega el vestido en una bolsa blanca pequeña de plástico. Al llegar a casa le cuento a mi esposo. El vestido es ancho para mí, no me importa, lo usaré en casa.
Las peregrinas en Larcomar

Al día siguiente tomaremos lonche (como el té inglés de las tardes), juntas las peregrinas, somos compañeras de la universidad, nos hemos bautizado “peregrinas” porque tenemos la ilusión de algún día hacer el Camino de Santiago en España ¿cuándo lo haremos? No sabemos, pero no nos queda mucho tiempo por la edad somos dignas adultas mayores. Al día siguiente decidí ir al lonchecito trajeada con mi vestido nuevo del mercado, las peregrinas deberían darle el visto bueno después de todo no todos los días una puede engalanarse con un vestido con historia. A las peregrinas les gusto mi vestido. No he vuelto a ver a la vendedora ambulante de vestidos.

martes, 4 de abril de 2023

Un sueño inexplicable

                                                                                                   

                                                                                                           Para Adita, my sister




Ada mi hermana, mi mamá y yo hablamos todos los días por vídeo WhatsApp, siempre en la mañana, ellas desde Puerto Ordaz, 
Venezuela y yo desde Lima, Perú.

Mamá Inés en Museo D'Orsay
de París

Ada y yo en Caracas


Pero, ayer 2/4/2023 sonó mi teléfono pasadas las 6 de la tarde, es Ada quien me está llamado ¿otra vez? ¡Qué extraño! pienso yo. Mi mente veloz quiere angustiarse, pero mi yo positivo no lo permite y manda esos impertinentes pensamientos a la porra. Contesto la video llamada, Ada con su entonación normal me cuenta algo que la ha sorprendido y me comenta: He soñado con el Ing. Antonio Sánchez Feijóo (alias el flaco), pareja de tía Cuchi, hermana de nuestro papá ya ellos fallecidos. Ni Ada ni yo, tenemos claro, si el ingeniero y tía Cuchi en algún momento se casaron. Ellos fueron fieles enamorados uno del otro durante muchos años; es más, nosotras crecimos viendo al Flaco siempre con un libro en sus manos desde que tuvimos uso de razón; él a determinada hora se iba a su casa a dormir la noche. Los encuentros de los enamorados eran diarios. Fueron una pareja disímil pero muy bien avenida, jamás se les vio discutir, menos pelearse; era una relación armoniosa aun cuando no tenían nada en común en cuanto a gustos y aficiones. No tuvieron hijos. Ella, tía Cuchi, mujer práctica con los pies bien puestos en la tierra, carácter alegre, risueña, burlona, e independiente económicamente producto de su trabajo en una entidad estatal. A tía nunca la vi leer un libro de filosofía o de lecturas profundas, reflexivas, científicas, sí hojeaba el diario El Comercio que llegaba todos los días a casa; se compraba la revista Vanidades y hasta allí llegaba su intelectualidad; fue una mujer con muy buen criterio, pero sus preferencias intelectuales no calzaban con las de su novio Ingeniero. Cuchi trabajaba como oficinista en el Seguro Social en Lima. En cambio, su pareja Antonio, era un ávido lector de la filosofía de Kant, conocía, tal vez de memoria el libro “La crítica de la razón pura”, él buscaba a las chiquillas sobrinas Silvia y Ada, desde que estudiaban en el colegio para comentarles sobre teorías filosóficas o sobre su última lectura.  En este instante, me viene a la memoria que tal vez, en algún momento ya ellos a puertas de su vejez sí llegaron al matrimonio, pero no estoy segura. Lo que sí puedo afirmar es que fueron pareja muchos años. Al menos desde que yo tuve uso de razón el ingeniero ya estaba en la vida de tía Cuchi. Al llegar Ada y yo, a estudiantes universitarias el Ingeniero nos buscaba exprofesamente con mucho entusiasmo para comentarnos su nuevo descubrimiento filosófico. Al menos yo, lo oía con la mente en otro lado ¿con cierto fastidio por su perorata?  Sí recuerdo su alegría que expresaba con emocionadas palabras sobre la filosofía, su absorta felicidad a mí me resbalaba y a pesar del desgano juvenil, me sorprendía, “¡que fastidio su discurso filosófico!” pero por respeto lo miraba y asentía con la cabeza. Era lo que me habían enseñado en casa: el respeto a los mayores. Nunca entendí cómo dos personas tan disímiles, tía Cuchi y el Ingeniero pudieron tener una relación tan duradera ¿hasta el final de sus vidas? Sí, supimos muchos años después que en una época se alejaron uno del otro ¿meses, años? Pero, no podían vivir uno sin el otro, se volvieron a buscar y juntar.

Inés e hijas en Rest. al pié del rió
Rimac en Lima-Perú
Ubicada en el ahora, 3 de abril 2023, Ada, mi hermanita querida, en su edad sexagenaria, es una feliz abuela de 4 nietos, tiene a sus hijos cerca de ella convertidos en seres de provecho, muy trabajadores con un amor profundo, todos ellos, por la tierra que los vio nacer.

Mi hermana, ayer, muy sorprendida, me llamó dos veces en el día para comentarme que no entendía ¿por qué? Había soñado con el flaco. Lo dejamos de ver siendo jovencitas, han transcurrido más de cincuenta y pico de años sin siquiera recordarlo o mencionarlo ¿por qué soñé con el ingeniero? Me pregunta Ada ¿Qué sé yo, hermana? Le respondo.  

Ahora especulo sobre la pregunta de Ada: ¿Será que el Ingeniero necesita oraciones?  

-Puede ser, me contesto mentalmente. Aunque él era tan correcto, tan buena persona, tan culto, que creo otra debe ser la causa de ¿su necesidad de oraciones? Le contesto a mi hermana.

-Agrego ¿Quién sabe? Ada, será que recuerdas las cualidades que el Ingeniero tenía, su intelectualidad, su sapiencia, él era un hombre culto, un empedernido lector.

 Continúo con mi perorata reflexiva, Ada, tal vez, es tu subconsciente onírico quién lo buscó por esas cualidades que él tenía como ingeniero y tú eres también una ingeniera de la Universidad Nacional Agraria La Molina. Ada, busca introducirte a tu profesión nuevamente de Tecnóloga de alimentos. Ahora que Venezuela, siendo una tierra tan rica en recursos naturales y que tú vives en esa tierra bendita por Dios ¡Cómo es posible que, sin embargo, su pueblo se muere de hambre!

-Ada, tú que eres tan religiosa, la tierra en la que vives es pródiga en recursos naturales. Dios te está hablando a través de ese sueño con el Ingeniero Sánchez Feijóo. Él con su sapiencia, su intelectualidad, su avidez de conocimiento, se parece a ti, hermana que te graduaste con notas de sobresaliente. Recuerda tu época universitaria, trabajaste en tu Universidad Agraria. Yo me acuerdo que tus compañeros te buscaban para estudiar contigo. Nuestra casa se llenaba con tus amigos molineros. Todos a estudiar en casa de Ada.  Es lo único que se me ocurre, responderte, hermanita. Involúcrate en recuperar las bondades de la tierra en la que vives para felicidad de su pueblo. 
Acabo de buscar en Google sobre los sueños inexplicables y encontré que lo mejor en estos casos es buscar qué partes de la vida y las características de la persona soñada podemos rescatar para nosotros mismos de forma que nunca muera en nuestro interior. Coincide con lo que te acabo de escribir en el párrafo anterior. Manos a la obra, Ing. Ada Rodríguez Pastor, investiga, averigua cómo puedes ayudar a tu pueblo a superar la escasez. La hambruna en tu tierra bendita.

Besos, hermanita, te quiero so much!

 Silvia. 3/4/2023.