Para Adita, my sister
Ada mi hermana, mi mamá y yo hablamos todos los días
por vídeo WhatsApp, siempre en la mañana, ellas desde Puerto Ordaz, Venezuela y
yo desde Lima, Perú.
| Mamá Inés en Museo D'Orsay de París |
| Ada y yo en Caracas |
Pero, ayer 2/4/2023 sonó mi teléfono pasadas las 6 de
la tarde, es Ada quien me está llamado ¿otra vez? ¡Qué extraño! pienso yo. Mi
mente veloz quiere angustiarse, pero mi yo positivo no lo permite y manda esos impertinentes
pensamientos a la porra. Contesto la video llamada, Ada con su entonación normal
me cuenta algo que la ha sorprendido y me comenta: He soñado con el Ing.
Antonio Sánchez Feijóo (alias el flaco), pareja de tía Cuchi, hermana de
nuestro papá ya ellos fallecidos. Ni Ada ni yo, tenemos claro, si el ingeniero
y tía Cuchi en algún momento se casaron. Ellos fueron fieles enamorados uno del
otro durante muchos años; es más, nosotras crecimos viendo al Flaco siempre
con un libro en sus manos desde que tuvimos uso de razón; él a determinada hora se iba a su casa a dormir la noche. Los encuentros de los enamorados eran
diarios. Fueron una pareja disímil pero muy bien avenida, jamás se les vio
discutir, menos pelearse; era una relación armoniosa aun cuando no tenían nada
en común en cuanto a gustos y aficiones. No tuvieron hijos. Ella, tía Cuchi,
mujer práctica con los pies bien puestos en la tierra, carácter alegre,
risueña, burlona, e independiente económicamente producto de su trabajo en una
entidad estatal. A tía nunca la vi leer un libro de filosofía o de lecturas profundas,
reflexivas, científicas, sí hojeaba el diario El Comercio que llegaba todos los
días a casa; se compraba la revista Vanidades y hasta allí llegaba su
intelectualidad; fue una mujer con muy buen criterio, pero sus preferencias intelectuales
no calzaban con las de su novio Ingeniero. Cuchi trabajaba como oficinista en
el Seguro Social en Lima. En cambio, su pareja Antonio, era un ávido lector de
la filosofía de Kant, conocía, tal vez de memoria el libro “La crítica de la
razón pura”, él buscaba a las chiquillas sobrinas Silvia y Ada, desde que estudiaban
en el colegio para comentarles sobre teorías filosóficas o sobre su última
lectura. En este instante, me viene a la
memoria que tal vez, en algún momento ya ellos a puertas de su vejez sí llegaron
al matrimonio, pero no estoy segura. Lo que sí puedo afirmar es que fueron pareja
muchos años. Al menos desde que yo tuve uso de razón el ingeniero ya estaba en
la vida de tía Cuchi. Al llegar Ada y yo, a estudiantes universitarias el
Ingeniero nos buscaba exprofesamente con mucho entusiasmo para comentarnos
su nuevo descubrimiento filosófico. Al menos yo, lo oía con la mente en otro
lado ¿con cierto fastidio por su perorata? Sí recuerdo su alegría que expresaba con emocionadas
palabras sobre la filosofía, su absorta felicidad a mí me resbalaba y a pesar
del desgano juvenil, me sorprendía, “¡que fastidio su discurso filosófico!” pero
por respeto lo miraba y asentía con la cabeza. Era lo que me habían enseñado en
casa: el respeto a los mayores. Nunca entendí cómo dos personas tan
disímiles, tía Cuchi y el Ingeniero pudieron tener una relación tan duradera ¿hasta
el final de sus vidas? Sí, supimos muchos años después que en una época se
alejaron uno del otro ¿meses, años? Pero, no podían vivir uno sin el otro, se volvieron
a buscar y juntar.
| Inés e hijas en Rest. al pié del rió Rimac en Lima-Perú |
Mi hermana, ayer, muy sorprendida, me llamó dos veces
en el día para comentarme que no entendía ¿por qué? Había soñado con el
flaco. Lo dejamos de ver siendo jovencitas, han transcurrido más de cincuenta
y pico de años sin siquiera recordarlo o mencionarlo ¿por qué soñé con el
ingeniero? Me pregunta Ada ¿Qué sé yo, hermana? Le respondo.
Ahora especulo sobre la pregunta de Ada: ¿Será que el
Ingeniero necesita oraciones?
-Puede ser, me contesto mentalmente. Aunque él era tan correcto,
tan buena persona, tan culto, que creo otra debe ser la causa de ¿su necesidad
de oraciones? Le contesto a mi hermana.
-Agrego ¿Quién sabe? Ada, será que recuerdas las
cualidades que el Ingeniero tenía, su intelectualidad, su sapiencia, él era un
hombre culto, un empedernido lector.
Continúo con mi
perorata reflexiva, Ada, tal vez, es tu subconsciente onírico quién lo buscó
por esas cualidades que él tenía como ingeniero y tú eres también una ingeniera
de la Universidad Nacional Agraria La Molina. Ada, busca introducirte a tu
profesión nuevamente de Tecnóloga de alimentos. Ahora que Venezuela, siendo una
tierra tan rica en recursos naturales y que tú vives en esa tierra bendita por
Dios ¡Cómo es posible que, sin embargo, su pueblo se muere de hambre!
Besos, hermanita, te
quiero so much!
Silvia. 3/4/2023.
No hay comentarios:
Publicar un comentario