
Las familias con sus hijos se reunían en verano en el Condominio de Bujama desde
que los chicos eran pequeños. Las propiedades de los Perales y Robinson por circunstancias
del azar colindaban. Sus hijos Serena Robinson y Joaquín Perales estaban alegres
de reencontrarse nuevamente al cabo de un año, pasarían los meses de verano juntos.
Esa tarde, los jóvenes conversaban animadamente mirando el mar, pronto
empezarían los fuegos artificiales que anunciaban el inicio de la temporada. La
familia los separaba con uno u otro pretexto; a ellos no les importaba con
saberse cerca uno del otro les bastaba. La mamá de Joaquín había invitado a Amelia
la flamante novia de su hijo y esperaban que Joaquín pidiese su mano pronto, le
entregará el anillo de compromiso y se casarán. Los padres de Joaquín eran
dueños de una fábrica de componentes electrónicos. La mamá de Serena era viuda,
trabajaba para conservar su estabilidad económica. El padre de
Serena siendo su hija una niña pequeña compro su casa de playa en plano cuando aún
era un proyecto, esa zona era un desértico arenal como es la costa limeña, a un escaso kilómetro la playa, lástima que el padre de Serena falleció sin ver logrado su sueño. Las familias pertenecían a estratos
económicos diferentes. Amelia la rolliza
novia de Joaquín, era hija única y heredera de buena fortuna. -Qué calor
hace ¿A qué hora empiezan los fuegos artificiales? Se quejó la mamá de
Joaquín. -Pronto mamá, ten un poquito de paciencia, le contestó su hijo
al tiempo que Amelia tomó la mano de su novio. Un poco más allá, a cierta
distancia estaban Serena y su mamá, conversaban con los vecinos las ocurrencias
del momento de la gente congregada en la playa para ver de cerca los fuegos
pirotécnicos. De pronto Joaquín llamó alzando la voz a Serena para decirle que
se pusiera delante de él, pues desde allí verían mejor el espectáculo, a Serena
y su mamá les pareció bien la sugerencia de Joaquín y se acercaron a ellos,
inmediatamente Joaquín agarro la mano de Serena para ayudarla a ubicarse bien.
Fue un bonito evento al cabo de los cuales cada familia se retiró a su casa. Joaquín
y su novia sin tomarse de las manos caminaron hasta el lugar dónde estaban los
padres de Joaquín, que se habían alejado para conversar con amigos.
La vecindad del conjunto residencial era un albur. Las familias podían vivir puerta con puerta
unos con los otros y sin embargo, muchos no intercambiaban miradas, así de
distantes podían ser algunos vecinos entre sí. Afortunadamente las familias respetaban
sus espacios. Esa noche Serena pensó y no se sorprendió por pensar, para
qué juntarme y relacionarme con Joaquín si se casará pronto, no debo siquiera ilusionarme.
Él nunca me ha dicho nada, es amable, sí, como puede serlo con cualquier otra
chica ¿él me quiere? No. Además, él tiene novia, la conozco se
llama Amelia pronto se casarán. Eso nos ha contado su mamá. Joaquín es honesto
por eso no me ha hablado nunca de amor. Serena pensó, si él me quisiera yo lo
seguiría hasta el fin del mundo, y se le humedecieron los ojos, secó sus lágrimas
tristes, suspiró y suspiró hasta que se durmió.
Tres meses más tarde, Serena y su mamá recibieron la
invitación para asistir a la cena de compromiso matrimonial de Amelia y Joaquín,
se llevaría a cabo en la casa de la novia. Para ese entonces Serena había
aceptado la propuesta amorosa de Darío un pretendiente diez años mayor que
ella a quien había conocido en la fiesta de matrimonio de su prima Isabela. La celebración
muy concurrida y animada. Al llegar la Sra. Robinson y su hija Serena saludaron
a los padres de los novios, a Amelia y Joaquín, la mamá de Serena les presentó
al novio de Serena. Al instante Joaquín palideció, la cara se le tensó, los labios
se le crisparon, aún así atinó a darle la mano a modo de saludo al pretendiente
de Serena; ella se dio cuenta de la transformación instantánea de Joaquín, de su
cara tensa, crispada; no supo qué pensar. Los mesoneros, mozos, circulaban entre los
invitados brindando canapés, variedad de bocaditos, vinos, wiskis, vermuts. En ese
momento el papá de Joaquín propuso un brindis. Dirigiéndose a los novios, le
dijo a su hijo, toma tu copa Joaquín, él la agarró con tal fuerza que la
rompió. Inmediatamente su mamá disipando la tensión de su hijo, dijo: romper
la copa trae buena suerte; así logró que los invitados sonrieran y ahuyentó
la tensión del momento. El papá de Joaquín se dio cuenta, Joaquín está
enamorado de Serena y no soporta saber que ella se ha comprometido en matrimonio. El sr. Perales siguió a su mujer hacía la cocina y le dijo, Rita, recuerdo nuestro compromiso, nosotros hemos sido felices, ojalá nuestro hijo también lo sea. Ella le contestó, esbozando una sonrisa, ¿porqué no iba a serlo? La velada continuó, Darío se había encontrado con unos amigos de su universidad con los que conversaba animadamente. Joaquín y Amelia apenas se hablaban entre sí, cada uno estaba por su lado con amigos. Joaquín se dirigió hacia el jardín, sabía que allí encontraría a Serena, como así fue. Ellos de antemano conocían sus gustos, el instinto los empujaba uno hacia el otro. A boca de jarro Joaquín le preguntó: ¿Serena, estás enamorada de Darío? ¿Te vas a casar con él? Ella le contestó: No, recién estamos saliendo, conociéndonos, cómo crees? Además, con que derecho me reclamas mi relación con Darío, se te olvida que estamos en la celebración de tu compromiso con Amelia? En ese momento Rita llamó a su hijo ¿dónde está Joaquín? ¡Vete le dijo Serena, Te están buscando! Joaquín algo alterado le contestó a Serena, ¡ya me tienen harto, ni siquiera me conoce mi mamá! ¿no sé da cuenta que no estoy enamorado de Amelia? ¡a quién quiero es a ti! Serena le contestó: ¡Estás loco, vete, no me metas en tus líos! ¡Quédate aquí le dijo Joaquín, tengo que hablar contigo! ¡No, yo me voy a mi casa! le contestó Serena, Joaquín le dijo: mañana voy a tu casa; al tiempo que Serena rápido buscó a su mamá, caminaron hacia el lado opuesto de donde estaba Rita. Serena le dijo a su mamá: Vámonos, luego te cuento. Al salir sólo pudieron despedirse del papá de Joaquín.

Al día siguiente Joaquín temprano se dirigió no a la casa de Serena, sino al lugar dónde había quedado previamente con ella por teléfono. La esperó un rato, estaba impaciente, pensó, ella vendrá quedamos en que nos veríamos aquí y vendrá. Pasaron minutos interminables para él. Se estaba impacientando, se puso a caminar de un extremo a otro, regresaba sobre sus pasos una y otra vez. En un instante alzó la vista hacia el frente, ve a Serena que se acercaba a él. Corrió hacia ella y le dijo: ¡Estaba seguro que vendrías! Esto es una locura, le contestó ella. ¡Tendrán que aceptarlo, Serena. No voy a dejar que dispongan de mí, ni de ti. Así me deshereden nos casaremos! Se casarían en la Iglesia San José dentro de un mes. Ahora era el momento de enfrentar los hechos y comunicarles su decisión a la familia. Se les venía un aluvión de circunstancias difíciles a Joaquín y a Serena.
[En la Iglesia San José de Jesús María se casaron mi papá Pedro Sergio Rodríguez Cárdenas y mi mamá Inés Pastor Legrand❤. Cuento dedicado a ellos.]