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| Marlene Dietrich |
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| Matilde Legrand Morse |
Abuelita Mati además de contarnos cuentos era muy
buena refranera. Por ejemplo, cuando nos quejábamos de los sucesos de la
cotidianidad en nuestra niñez y juvenil vida en voz alta, o porque se lo
comentábamos directamente a ella, nos respondía con un dicho o un refrán “no
te quejes, la vida es un experimento”. Otro que recuerdo de ella era: “tarde
o temprano la vida te dará lo que mereces”.
En las tardes, luego de su siesta, Matilde relataba
historias de sus lecturas, gustaba leer las Tradiciones Peruanas de don Ricardo
Palma. Luego las comentaba a la hora del lonche limeño (costumbre peruana como
el té inglés).
Alicia,Inés Pastor Legrand & cónyuges
Noviembre es el mes de Todos los Santos, época
propicia para escuchar cuentos de ultratumba. Mi memoria evoca y viajo en mi
túnel del tiempo. La familia está a la espera de la llegada de la
tía Rosa, todo un acontecimiento, se hospeda en casa de Alicia. Cada año
se preparaban especialmente para recibirla y adaptarse a las costumbres caseras
de tía Rosa, mujer grande, robusta, bastante mayor que su hermana Matilde quién
podría haber sido hasta su hija por la diferencia de edad.
Las estadías de la tía Rosa no pasaban desapercibidas para la familia de Matilde, para sus hijas y las pequeñas nietas Silvia y Ada, pero con suficiente memoria infantil para recordar momentos, vivencias y porque luego Matildita los relataba.Por ejemplo, el acicalar matutino de tía Rosa era todo un evento y tomaba más de una hora. Despertaba tarde la principesa Rosa, su baño era con sales, ungüentos, una esponja enorme. Siempre había que ayudarla a enjabonarse, secarla, peinarla y a vestirse. En los años 50, 60, las casas solían tener un solo baño completo. Por ello, todos en casa tenían que utilizar el baño antes que la tía Rosa se bañara. Afortunadamente a esa hora ya los demás habían salido de la casa. Rosa vestía como si fuera a salir a la calle, pero no salían de la casa, llegaban amigas de ellas a tomar el lonche, antes jugaban cartas. Recuerdo a la Sra. Felicita, alegre y risueña. A las 7 pm. suspendían el juego de cartas y se despedían. Así transcurría la semana, al cabo de la cual, llegaba el mismo carro negro que había traído a tía Rosa, para llevarla a casa de su hija Luisa con la que vivía y, cuyo suegro fue un connotado político aprista de esa época.
Rosa visitaba a Matilde 6 semanas alternadas al
año. Su última estadía en el mes de noviembre. Así sucedió hasta que, en algún
momento de nuestra niñez, tía Rosa falleció. Abuelita Matilde decía que los
recuerdos, el tiempo vivido, son de lo más valioso en la vida. ¿Todo tiempo
pasado fue mejor? No lo sé, lo que sí sé, es que Dios creo el tiempo para que
lo disfrutemos y vivirlo intensamente. Por ello, procuremos que sean gratos
momentos para los seres que te rodean. Lo cotidiano es lo que el día a día te
da, trata que sea de lo mejor para los tuyos. Vives cada día, atesora tus
vivencias, luego, de pronto florecerán como recuerdos en tu mente tal como
florecen las magnolias en la naturaleza y sucederá cuando menos lo imaginas. La
realidad es que la vida trascurre inexorablemente para todos.
Marlene Dietrich y Matilde Legrand Morse ¿qué de
común podrían tener? Muy poco realmente, se dice que Marlene en su vida privada
fue una persona muy solitaria y manipuladora, lo contrario a mi abuela Matilde.
En lo que sí coincidieron fue en ser ambas de sólidas convicciones políticas.
Las dos despreciaron el nazismo. A ambas se les admiró por su bonito cutis y
sus piernas largas. Marlene tuvo muchas parejas estando casada, fue sexualmente
libre. Matilde tuvo un sólo amor, mi abuelo Ismael, quién falleció de un ataque
al corazón en su consultorio, dejando a sus hijas, a las dos mayores
Alicia e Inés en la adolescencia, y a la menor Mercedes, una bebé aún. Finalmente, Marlene y Matilde, las
dos murieron tranquilamente en sus casas. Marlene en Paris y Matilde en Lima.


