Primer día en Playa Colorada
El 20 de Diciembre llegamos a
Puerto Ordaz, mi esposo y yo. Nuestro hijo se nos uniría el 22. Íbamos a pasar las fiestas decembrinas con la familia
de mi comadre Teresa y con mi mamá.
| Cena navideña venezolana: Hallacas, pernil, pan de jamón, ensalada de pollo, salsa. |
Lo primero que divisas conforme el avión
inicia el descenso en Puerto Ordaz, es la frondosa vegetación, el río Caroní y
Orinoco que serpentean graciosamente el suelo verde guayanés. Sobrevuela parte
de la ciudad en su ruta a la pista de aterrizaje puedes ver casi que al
alcance de tu mano, la Siderúrgica de Orinoco y sabes que lo es, por el polvo naranja que cubre como un velo todas sus
instalaciones. A su lado divisas la empresa básica del aluminio Alcasa y la
reconoces por la pátina de color plata que cubre sus edificaciones. Y así te
vas adentrando desde el aire a la hermosa, joven, vasta, ciudad de Puerto Ordaz
y te invade una sensación de frescor al
ver la ciudad desde el aire que luce húmeda y soleada porque acaba de llover. Nos
reciben en el aeropuerto mi mamá y Teresa.
Camino a su casa Teresa nos cuenta
que se le había echado a perder el aire acondicionado de la camioneta – Y no hay repuestos por ningún lado… Le
digo: -Dios mío con este calorón cómo
puedes manejar sin aire acondicionado- Me responde: -Bueno con las ventanas abiertas… He buscado por todos lados el
repuesto y no lo encontramos, ni yo ni el mecánico- … -Tampoco consigo…y desde hace tiempo… la manija de una de las
puertas traseras de la camioneta… no sé puede abrir esa puerta- Así
estamos viviendo… acá no hay repuestos
de nada... Concluye Teresa.
Veo los cables pelados y el hueco
vacío donde va el radio ¿qué le paso al reproductor de sonido de tu
camioneta? Le pregunto - Me lo han robado- ¡¿Qué?! Le contesté. Me
respondió: –No te sorprendas tanto, tú
sabes bien cómo está la inseguridad y la escasez en toda Venezuela… Se quién fue, pero me tuve
que quedar callada- concluye. –Pero ¿cómo?... ¿no pudiste hacer nada?-. -Nada…me responde Teresa... fue en el estacionamiento del automercado al que voy… cuando estacioné la camioneta… había una mujer que supuestamente cuidaba los carros- Ella fue la
que me robó o alguien a quien ella pasó
la voz… en un instante…al salir ya no estaba el equipo de sonido... en las ciudades del interior estamos con una calidad de vida peor que la de Caracas.
Algo preocupada le contesto -¡Ay! menos mal que tienes la
camioneta de tus hijos que te la
pueden prestar para el viaje programado a Playa Colorada- Al tiempo
que miro a mi esposo… ambos cruzamos
miradas de interrogación, de angustia. Al bajarnos de la camioneta porque ya habíamos
llegado a la casa de Teresa, ella me contesta: -En esa camioneta no cabemos todos- Si no conseguimos los repuestos de
ésta, tendremos que emprender el viaje
así como está- -Además, de motor esta perfecta… el mecánico me dijo que me
puedo ir de viaje en ella a donde
quiera… no me va a fallar. Mi mamá me mira y sosteniéndome la mirada me dice: -Vamos a emprender una aventura… es mejor que
te relajes-. Enmudezco de pura angustia porque además a la camioneta le
faltaba el parachoques y el espejo retrovisor. – Por eso no te preocupes- Me contesta Teresa –mi mecánico me ha dicho que el parachoques
ya está casi listo que me lo entregará en estos días y él nunca me falla es un
hombre serio, es ingeniero civil pero antes fue mecánico y atiende a unos
cuantos nada más… y el espejo retrovisor
lo voy a poner yo misma ya tengo la pega. Mi mamá me vuelve a mirar y me
repite: -¡Una aventura! Vamos a vivir una aventura.
El 26 de diciembre a las 6 de la
mañana partimos con destino a Puerto La Cruz en la camioneta de Teresa, rogando
que no lloviera pues las maletas iban atrás al descubierto y nosotros
viajaríamos con las ventanas bajadas, sin aire acondicionado pero sí con el
parachoques puesto de la camioneta. Lo demás seguía igual pero así partiríamos
encomendándonos a Dios para que nos hiciera invisibles ante el peligro. El día se anunciaba cálido. Desayunaríamos en El Tigre.
Serían 5 horas y media de viaje. Teresa al volante. El aire fresco entraba por las
ventanas a medio abrir . Atravesamos Puerto Ordaz,
y tomamos la carretera hacia El Tigre, la vía estaba buena, lo mejor fue el
tramo rodeado de un bosque de pinos silvestres. El aire se cubrió de un oloroso
aroma a pino fresco y nosotros aprovechamos para aspirar profundo ese aroma,
después de todo tenía sus ventajas viajar con las ventanas abiertas. Cruzamos poblados en los que los vendedores
de café, dulces criollos, artesanías, se acercaban a los vehículos a ofrecer su
mercancía en las alcabalas cuando uno disminuye al mínimo la velocidad. Por
fin, llegamos dos horas después a El Tigre en el Estado Anzoátegui. Nos
detuvimos en una bomba de gasolina a llenar el tanque, ir al baño, y a
desayunar. Se turnaron mi esposo y mi hijo para vigilar la camioneta, -no vaya a ser que a alguien le gustaran
nuestras maletas y se las llevaran-
mientras desayunábamos en el
tarantín de la bomba de gasolina: -un
marrón grande para cada uno y empanadas
de harina pan rellenas de pollo-. Estuvo bueno el desayuno. Satisfechos y
con Teresa todo el tiempo al volante
seguimos viaje… atravesamos El Tigre –con
nuevos edificios, mejor ornato aunque sigue siendo un pueblo en el que campea el
desorden urbanístico de pueblo del interior del país, es caótico.- Su crecimiento se
debe principalmente a las empresas de servicios destinadas a la industria
petrolera, se engalanaba con nuevos
centros comerciales y edificios empresariales. Aún nos faltaban tres horas más
de viaje. Hasta que llegamos a la ciudad portuaria de Puerto La Cruz en el mismo Estado Anzoátegui
que alberga la refinería de petróleo, centro de almacenamiento, procesamiento y
exportación del crudo venezolano. En esa costa caribeña atravesamos una vía
serpenteante al borde de las montañas del
parque nacional Mochima, entre Puerto La Cruz y Cumaná con una vista
esplendorosa de la bahía, podíamos ver algunos buques petroleros reposando en
ese mar de azul cristalino, tranquilo, sin olas, en
nuestra ruta hacia Playa Colorada, sus montañas al pie del mar y sus pequeñas
islas, unas pobladas y otras aún vírgenes.
Cuando llegamos a lo que vendría a ser el pueblo de Playa Colorada su vía principal que alguna vez fue pista asfaltada presentaba un estado caótico, por las lluvias, se habían
formado cráteres enormes que un carro normal no podría sortear. Buscamos la
posada Casablanca ubicada en lo que
vendría a ser la calle principal del pueblo de Playa Colorada, que nos
cobijaría del 26 al 30 de diciembre de 2014.
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| Niñas de Playa Colorada |
Nos instalamos, dejamos nuestras cosas en las habitaciones, nos
cambiamos y salimos con nuestros trajes de baño puestos nuevamente a la
camioneta para que nos llevara al pie de la playa. Pagamos el derecho del estacionamiento, -¡Aquí, aquí, estacioné aquí! nos gritaban los
muchachos- agitando sus manos… uno no sabía a quién seguir hasta que optamos por el que nos
pareció el mejor sitio. Inmediatamente
nos dijeron: -¡Bienvenidos! Si quieren mesa, sillas, toldo son Bs.400,
todo el día. Está bien lo tomamos. Y se acercaron unas muchachitas
ofreciéndonos un menú que preparaban unas señoras en unas chocitas ubicadas hacia el lugar de
parqueo.
| Parguitos con ensalada, arepas y patacones |
Optamos por pescado fresco: parguito, catalana, calamares arrebozados,
corvina, con patacones, arepita y ensalada, cada uno a Bs.350 en promedio. La comida, el pescado todo fresco y delicioso. ¡Un manjar, pues! De repente las muchachitas que nos estaban
atendiendo desviaron su mirada de nosotros para enfocarse hacia un sector de la
playa como a 200 metros de donde estábamos, hacia el mar. Les preguntamos a ellas qué pasa. No contestaban, eran unas niñas las que nos
atendían. Nosotros insistíamos y les volvimos a preguntar qué pasó cuando
regresaron con las bebidas. –No. Nada, no
sabemos-. Optamos por auto respondernos: -Seguro que alguien se estaba ahogando porque
todos miraban hacia el mar… pero que raro en este mar tan tranquilo ¿un ahogado?. Y nos
olvidamos del incidente. Luego nos enteramos por tuits y lo confirmamos en la posada que lo que había sucedido era un asalto con armas largas a unos turistas en la playa. Les robaron sus pertenencias y su dinero. Los delincuentes llegaron a la playa desde el mar con un bote y huyeron también por el mar en la lancha de un pescador al que se la quitaron a punta de pistola. ¡Qué susto… de la que nos salvamos! dijimos cuando nos enteramos. Dios nos había hecho invisibles. Continuará...
| Balseros listos para pasear al turista en Playa Colorada |
| Atardecer en Playa Colorada y hora de retirarse a tu posada. |


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