Segundo día en la Isla de Arapo.
El 27 de diciembre estábamos de
cumpleaños era el onomástico de mi esposo. Por eso, ese día, decidimos ir a celebrarlo
a la isla de Arapo, ubicada en el Parque Nacional Mochima, al oriente de
Venezuela entre los estados Sucre y Anzoátegui.
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| Hacia Isla de Arapo |
La señora Gladys, encargada en la posada de
preparar los deliciosos y típicos desayunos venezolanos constituidos por una o dos arepas rellenas de perico -
es un sofrito de huevo
revuelto aderezado con tomate y cebolla-; queso semiduro rayado, café a gusto
del comensal, el café puede ser: negrito es
café sólo y concentrado,
guayoyo:
menos café y más agua, marrón es café con leche y puede ser:
clarito o marrón según se prepare con más leche o más café; jugo de
parchita (maracuyá) o naranja. Gladys tan gentil y atenta llamó a su nieto, quien trabaja con su abuelo balsero que
transporta turistas a las diferentes islas del Parque Mochima. Al llegar a la
playa nos esperaba un niño de unos diez años de nombre Juan. – ¿
Eres tú el nieto de la Sra. Gladys?... -Sí,
soy yo-. –Pero si eres un niño cómo nos vas a llevar a la isla- Le
preguntamos. Juanito se sonrío y con su carita avispada y mirada inteligente
nos respondió: -
Nos espera mí abuelo en
la lancha… ¡Síganme! Le digo:
-Aquí los niños
trabajan… él me responde… -
Sí, yo ayudo a mi abuelo en vacaciones y los fines de semana- …
-Qué bien, te felicito-, dirigiéndonos al bote. Juan se sentó en la punta
del extremo delantero de la lancha y de allí
no se movió.
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| El pequeño timonel Juan |
En ningún momento perdió el
equilibro a pesar del oleaje que se formaba al tomar velocidad la barcaza a
motor. En un bello día soleado, luminoso, temperatura ideal descendimos en la playa de la isla de Arapo. Paradisíaca, arena blanca, vegetación abundante con arbustos y helechos, agua cristalina se ven los arrecifes de coral y a lo
lejos las frondosas montañas verdes repletas de flora y fauna. Atravesamos islas en las que viven los
pescadores con sus familias, veíamos a lo lejos a sus mujeres en su cotidianidad, los niños más pequeños hacían adiós. La isla muy bonita. Comimos más ostras tan frescas como las primeras...
y yo pensaba en París y sus restaurantes exhibiendo con orgullo sus ostras y vinos a tono... aquí en las playas de Mochima las teníamos recién sacadas del mar a un precio bien asequible-. A la hora del almuerzo pescados: catalanas, calamares, en fin lo que cada quién
pedía a gusto de su paladar. Por último, casi al final de la tarde antes de embarcarnos
de regreso probamos un dulce típico preparado por las madres de los niños que
los vendían, una especie de gran galletón frito y bañado de miel ¡Otra
delicia!
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| Isla de Arapo |
A la hora acordada apareció el bote
del abuelo. Era la hora del retorno. Al llegar a Playa Colorada el pequeño Juan fue el que nos cobró y a él se le dio el dinero, el abuelo nos miraba desde su lancha sin descender. Para la cena
de esa noche de cumpleaños había tratado de contratar a Gladys para que nos
preparara una comida rica especial. Gladys se
disculpó:
-es que en la posada ya no se
dan cenas... por la inseguridad los empleados nos retiramos temprano a nuestras casas. Los huéspedes debían ingeniarse para asegurar la manera de satisfacer su apetito antes de irse a dormir.
Gladys nos recomendó que al subir en la tarde luego del paseo a la isla de
Arapo, buscáramos el restaurante de pizzas que atendía por encargo a puerta cerrada y estaba a cuadra y media de la
posada en la que estábamos alojados.
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| Las ostras con cangregitos vivos que nos comimos |
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| ¡Happy Birthday to you! |
Así lo hice. Luego de pagar el pedido de
pizzas le dije a la señora que pasaría a las 7:30 pm. a buscar las pizzas. Ella me respondió: -
Mejor no venga usted, pídale
el favor al vigilante nocturno para que venga él a buscar las pizzas… aquí todos nos conocemos…pero a usted no la conocen y la pueden asaltar... Es preferible… y usted luego le da su propina al vigilante… es por la
inseguridad, señora- me dijo
. Pensé:
-¡Ay
Dios! Otra vez la inseguridad atentado contra ellos, contra nosotros, contra el turismo y contra toda Venezuela… ¡Hasta cuándo, Dios!-. En fin, seguimos su consejo al pie de la letra. La señora Gladys nos dejó usar la cocina
de la posada así pudimos organizar una bonita velada con pizzas, vino, torta y nuestra alegría y agasajar al cumpleañero. Finalmente, la habíamos pasado estupendamente bien. Venezuela tendría que ser un destino predilecto para el turista nacional y el extranjero para ello el turismo hacia Venezuela debe ser política de Estado con todo lo que ésto implica sobre todo Seguridad, infraestructura vial y dejar que el sector privado invierta.
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| Con el cumpleañero |
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| Islote al lado de isla de Arapo |
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Niños vendiendo dulces
que mamá prepara. |
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Ostrero adereza con limón
las ostras antes de comerlas. |
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| Playa de la isla de Arapo |
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