martes, 20 de enero de 2015

Turismo en una Venezuela devastada - 2.

Segundo día en la Isla de Arapo.

El 27 de diciembre estábamos de cumpleaños era el onomástico de mi esposo. Por eso, ese día, decidimos ir a celebrarlo a la isla de Arapo, ubicada en el Parque Nacional Mochima, al oriente de Venezuela entre los estados Sucre y Anzoátegui.
Hacia Isla  de Arapo  
La señora Gladys, encargada en la posada de preparar los deliciosos y típicos desayunos venezolanos constituidos  por  una o dos arepas rellenas de perico -es un sofrito de huevo revuelto aderezado con tomate y cebolla-; queso semiduro rayado, café a gusto del comensal,  el café  puede ser: negrito es café sólo y concentrado, guayoyo: menos café y más agua, marrón es café con leche y puede ser: clarito o marrón según se prepare con más leche o más café; jugo de parchita (maracuyá) o naranja. Gladys tan gentil y atenta llamó a su   nieto, quien trabaja con  su abuelo balsero que transporta turistas a las diferentes islas del Parque Mochima. Al llegar a la playa nos esperaba un niño de unos diez años de nombre Juan. – ¿Eres tú el nieto de la Sra. Gladys?... -Sí, soy yo-. –Pero si eres un niño cómo nos vas a llevar a la isla- Le preguntamos. Juanito se sonrío y con su carita avispada y mirada inteligente nos respondió: -Nos espera mí abuelo en la lancha… ¡Síganme!  Le digo: -Aquí los niños trabajan… él me responde… -Sí, yo ayudo a mi abuelo en vacaciones y los fines de semana- … -Qué bien, te felicito-, dirigiéndonos al bote. Juan se sentó  en la punta del  extremo delantero de la lancha y de allí no se movió.
El pequeño timonel Juan
En ningún  momento perdió el equilibro a pesar del oleaje que se formaba al tomar velocidad la barcaza a motor.  En un bello día soleado, luminoso, temperatura ideal descendimos en la playa de la isla de Arapo. Paradisíaca, arena blanca, vegetación abundante con arbustos y helechos, agua cristalina se ven los  arrecifes de coral y a lo lejos las frondosas montañas verdes repletas de flora y fauna. Atravesamos islas en las que viven los pescadores con sus familias, veíamos a lo lejos a sus mujeres en su cotidianidad, los niños más pequeños  hacían adiós. La isla muy bonita. Comimos más ostras tan frescas como las primeras... y yo pensaba en París y sus restaurantes exhibiendo con orgullo sus  ostras y vinos a tono... aquí en las playas de Mochima las teníamos recién sacadas del mar a un precio bien asequible-. A la hora del almuerzo pescados: catalanas, calamares, en fin lo que cada quién pedía a gusto de su paladar. Por último, casi al final de la tarde antes de embarcarnos de regreso probamos un dulce típico preparado por las madres de los niños que los vendían, una especie de gran galletón frito y bañado de miel ¡Otra delicia!
Isla de Arapo
A la hora acordada  apareció el bote del abuelo. Era la hora del retorno. Al llegar a Playa Colorada el pequeño Juan fue el que nos cobró y a él se le dio el dinero, el abuelo nos miraba desde su lancha sin descender.  Para la cena de esa noche de cumpleaños había tratado de contratar a Gladys para que nos preparara una comida rica especial. Gladys se disculpó: -es que en la posada ya no se dan cenas... por la inseguridad los empleados nos  retiramos temprano a nuestras casas. Los huéspedes debían ingeniarse para asegurar la manera de satisfacer su apetito antes de irse a dormir. Gladys nos recomendó que al subir en la tarde luego del paseo a la isla de Arapo, buscáramos el restaurante de pizzas que atendía por encargo a puerta cerrada y estaba a cuadra y media de la posada en la que estábamos alojados.
Las ostras con cangregitos vivos que nos comimos
¡Happy Birthday to you!
Así lo hice. Luego de pagar el pedido de pizzas le dije a la señora que pasaría a las 7:30 pm. a buscar las pizzas.  Ella me respondió: -Mejor no venga usted, pídale el favor al vigilante nocturno para que venga él a buscar las pizzas…  aquí todos nos conocemos…pero a usted no la conocen y la pueden asaltar... Es preferible…  y usted luego  le da su propina al vigilante… es por la inseguridad, señora- me dijo. Pensé: -¡Ay Dios! Otra vez la inseguridad atentado contra ellos, contra nosotros, contra el turismo y contra toda Venezuela… ¡Hasta cuándo, Dios!-.  En fin, seguimos su consejo al pie de la letra.  La señora Gladys nos dejó usar la cocina de la posada así pudimos organizar una bonita velada con pizzas, vino, torta y nuestra alegría y agasajar al cumpleañero. Finalmente, la habíamos pasado estupendamente  bien. Venezuela tendría que ser un destino predilecto para el turista nacional y el extranjero para ello el turismo hacia Venezuela debe ser política de Estado con todo lo que ésto implica sobre todo Seguridad, infraestructura vial y dejar que el sector privado invierta.
Con el  cumpleañero
Islote al lado de isla de Arapo
Niños vendiendo dulces
que mamá prepara.
Ostrero adereza con limón
 las ostras antes de comerlas.

Playa de la isla de Arapo

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