Que os améis unos a otros; que como yo
os he amado, así también os améis unos a otros.
Juan 13:34
Esta época del año, en la que uno suele meditar sobre los
sucesos de su vida, los familiares, del país en que uno vive y del mundo en general pensé ¡Basta
ya! Ni siquiera en estos días podemos
descansar de escuchar tantas malas noticias que nos llegan por todas las vías
comunicacionales: Periódicos, radio, televisión, Tuits, WhatsApp, Messenger,
etcétera. ¡No es
justo! Y, deseé una tregua, ya que es imposible tenerla para siempre.
En días pasados leí en una vieja Selecciones
del Reader Digest, que en tiempos de guerra en la Edad
Media se dio una tregua en medio del horror del combate. La Iglesia Católica logró
imponer una pausa, una interrupción. En
francés se llamó: la Tréve de Dieu.
Como no podían dejar de matarse mutuamente, saquearse, espiarse, por lo menos convinieron hacer un alto en los
días de guardar, los fines de semana y en días especialmente sagrados como Navidad.
En nuestro tiempo, Sería
grandioso despertarse en estos días de Navidad, de Año Nuevo, y saber que
ningún ser humano matará a otro, no habrán asaltos, ni intrigas, ni
robos. Los estantes de los mercados
estarán llenos de comida, para comprar; las farmacias bien abastecidas de medicamentos; la gente tendrá dinero suficiente para cubrir las necesidades propias y de sus familias; los hospitales contarán con todos los insumos
y equipos necesarios para atender a sus pacientes. Cito estas últimas situaciones porque es el caso particular de Venezuela que padece estas escaseces desde hace unos años y que se ha acentuado aún más últimamente. De que no habrán colas de gente para poder, con dignidad, adquirir cosas para cubrir
sus necesidades u obtener algún servicio público o privado, Saber que tampoco
habrán torturas en las cárceles. Que se
liberarán a todos los presos políticos y no habrá corrupción. En general, que los políticos del mundo no se atacarán mutuamente. Los contratos serán respetados y la palabra empeñada se
cumplirá cabalmente. Los seres humanos, todos se amarán entre si.
Sé perfectamente que todo esto es
una utopía, una ingenuidad. Sin embargo, aceptaré una cordial trevé que
empiece en la puerta de mi apartamento, se
extienda a la de mi vecino y que él la trasmita a otro y así sucesivamente se extienda
a otro y otro hasta que llegue a todos los
confines de la tierra
Dic. 30, 2016.



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