jueves, 15 de mayo de 2014

Mirar no cuesta nada

En la oficina a Marcelo  le dieron la tarde libre.   Y, él decide visitar  a  Sofía, su novia, en su nuevo empleo como promotora de una marca de whisky en un restaurante de Caracas. El trabajo consiste en acercarse a la mesa de los comensales recién llegados y con una amplia sonrisa insinuante, coqueta, invitarlos a beber la bebida espirituosa que promociona.
Así conoceré el prestigioso  piano bar en el que trabaja Sofía, de repente hasta me brinda un vaso de wiski por cuenta de la casa. Piensa para sí mismo, Marcelo.
Se sienta en la barra... busca a su mujer con la mirada.
¿Qué haces aquí? ¿Por qué no estás en tu oficina? Le pregunta Sofía un poco contrariada, cuando  ve a Marcelo sentado en el bar.
 Vaya Sofía, nunca te había visto tan maquillada, no te conocía ese pantalón  que te queda tan apretadito; y ¿esos tacones tan altos?
Es mi ropa de trabajo, tengo que promocionar mi producto y es así cómo nos vestimos las promotoras.
Ya veo, te ves muy sugerente  ¿Alguna posibilidad de brindarme,  tú sabes un trago,  una degustación de tu wiski? y le lanza esa mirada lujuriosa que ella conoce muy bien. 
Ni lo pienses Marcelo,  mejor te vas, estoy trabajando y contigo aquí no me siento  nada cómoda.
Marcelo pide una limonada al tiempo que dos hombres se sientan a su lado mientras esperan que les asignen una mesa en el comedor. Sofía se  acerca a los caballeros para sugerirles pidan al barman el whisky que  promociona.  Ellos conversan con Sofía, le hacen preguntas, sonríen y aceptan su consejo, a los piropos de ellos Sofía responde con sonrisas al tiempo que indica al barman les sirva sus wiskis. Cuando Sofía se retira uno le dijo al otro en voz clara ¿Viste ese culito? Pues claro, está punto de caramelo.  ¡Vamos! ¡mirar no cuesta nada!





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