Es verano, pero no para ella, los días seguían siendo fríos, las nubes se
adentraban veloces a la ciudad desde el mar como si alguien las empujara ¡apúrense nubes avancen! Atravesaban el parque, cubriendo las calles, los pisos altos de los edificios, todo se lo tragaba. Anastasia desde su casa no veía con claridad más allá de su balcón, la neblina tapaba todo. Ella como
cada mañana desde que se había mudado a vivir frente al mar, pensó: menos
mal que los aviones que recién han despegado desde el cercano aeropuerto ya han
agarrado altura y sus instrumentos los guían alto, más alto. Porque la visibilidad
es nula desde el cielo a la tierra por la espesura de las nubes. Cierto es, que ésta es la ciudad
gris, "Lima la horrible" como la llamó Sebastián Salazar Bondy en su libro (aunque él la tituló así por otra cosa), pensó. Estamos en marzo, es verano, pero no hay
sol, sólo ves un colchón espeso de nubes.
Estaba sola en su casa con su perrito, era su compañía. Su marido militar,
había partido hacía un año, a la selva a combatir la guerrilla, hablaban por
teléfono a veces, cuando él tenía señal; sucedía cuando se acercaban a los pueblos más importantes y poblados, él la llamaba. Pero como el amor es algo muy especial, esa
mañana desde muy temprano, ella pensó en su marido a quién no veía desde hacía
un año. La vida conyugal había durado apenas cinco meses cuando a él lo
llamaron para trasladarlo a la selva.
A
veces recibía cartas breves, notas de fechas tardías, nostálgicas, de deseos
de regresar a su lado, de amor conyugal frustrado, deseo y ella estallaba en
llanto.

Su familia cercana vivía en otro país, Anastasia no tenía a nadie cerca con
quien poder hablar y hacer catarsis. Una amiga le recomendó una psicóloga muy
buena, ella fue a la consulta, pero ¡oh! decepción, la psicóloga no entendió
bien su realidad, creía que arrastraba un trauma de amor frustrado, algo así y no
era su caso. Lo único que Anastasia quería era conversar, alguien que la
escuchara, entendiera su realidad, su amor ausente lleno de deseo y que la tranquilizara
en medio de su soledad. Con el tiempo, se integró como voluntaria en un asilo
de ancianos tratando de ocuparse y no pensar en su realidad. Luego dejó
el asilo y empezó a trabajar en su profesión, a estudiar alemán porque este
idioma le era muy difícil y le exigía mucho. Con todo su tiempo ocupado ahora pensaba en él,
en su esposo, como una nebulosa, una irrealidad, una ensoñación ¿realmente me
casé? Estuvimos juntos tan poco tiempo que ni se.
Una
tarde que había ido a visitar el asilo de ancianos, decide irse de allí a casa de su hermana, toman
lonche juntas, chocolate caliente con sanguche de jamón con queso y para
rematar una copa de vino. Luego ella se despide y se va a su casa. Busca en su
cartera la llave, abre la puerta y lo ve a él. Y como el amor es algo muy
especial, corre a sus brazos, se besan, se aman, ella lo siente más delgado. Él
le cuenta que se había escapado para estar con ella, para amarla, se vuelven a besar,
se aman, la noche es toda de ellos hasta que el sueño los silencia. Duermen.
Tocan el timbre de la puerta de la casa. Ella despierta, se pone la bata, pantuflas, corriendo lava sus dientes, enjuague bucal, se pasa rapidito el cepillo por su cabellera, él debe haberse levantado antes pues no está en la cama. Para no variar es una
mañana gris, cubierta de neblina. Son dos militares, ella abre la puerta. Se quitan el sombrero al verla, la saludan, los
hace pasar a la sala, ellos se lo piden, tenían una noticia que darle. Su esposo
había muerto hacía ya un tiempo, en plena semana santa, en combate.
¿FIN?
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