martes, 28 de mayo de 2013

Un marido enamorado. Versión I

Estaba en el campamento del Salto Ángel,  acostada boca arriba retozando en la aromática grama acolchada, húmeda, miraba el cielo azul, esplendoroso. Sonreía consigo misma, ensimismada en pensamientos agradables; se  sentía transportada al mismísimo cielo por una ternura que provenía de las profundidades de la madre  tierra que la acariciaba con dulzura… -tengo que disfrutar estos instantes únicos-… Se decía a mí misma  -¡yo, con yo!  Muy poca gente viene por estos lugares en medio de la selva pemona… no saben lo que se pierden.  

De pronto sintió unos pasos cercanos que la apartaban de un hermoso letargo. Abrió los ojos, miró por todos lados, y no había nadie. Pensó…  ¿será que me pareció sentir una presencia?.. O es una gallina, o un pollo de esas que crían los pemones para alimentar a los turistas. Volvió a recostarse; entrecerró los ojos nuevamente para seguir disfrutando de ese éxtasis,  de  paz interior… de repente, crujieron las ramas de los árboles. Volvió a sentir esta vez...  unos pasos humanos.
Abrió los ojos sin moverse… de nuevo un crujido de ramas. Se sentó tratando de mantenerse serena, pues se asustó. Miró a su alrededor y no había nadie. Se incorporó y vió que se acercaba un muchacho turista que conoció en el Puerto de embarque de Ucaima. Tenía el rostro afligido. Algo le preocupaba.

La miró fijamente y le dijo: -La estuve buscando en el campamento y como no la encontré pensé que podría estar aquí… ¿Recuerda que nos  comentó, a Elisa y a mí, cuando estábamos navegando en la curiara que en algún momento se vendría a este lugar a ‘un encuentro consigo misma’?

-Si lo recuerdo. Más o menos eso es lo que estoy tratando de hacer. Comunicarme con mi Yo. Le respondió.

- De repente balbucea, y le dice: Siento interrumpirla en su meditación, pero es que creo que puedo hablar con usted sobre algo que me tiene muy angustiado. Como abogada que es, tal vez me pueda ayudar.

-Dígame qué le preocupa Reinaldo… estamos solos ¡lo que tú me digas… aquí se queda! Y ojalá pueda serte útil. Habla con confianza.

Salto Ángel  foto tomada desde la avioneta
Quiero a mi esposa más que nada en el mundo! Llevamos cinco años casados. No tenemos hijos, porque no los hemos buscado aún… Sé que Elisa también me quiere. Ella es buena esposa. Pero atraviesa por épocas un tanto extrañas… En cierta forma esas circunstancias son las que me indujeron a realizar este viaje.

- Dejo que se desahogue, sin interrumpirlo.

- Elisa atraviesa por épocas en que adquiere otra personalidad,  como si fuera otra persona. Cambia su actitud hacia mí. – Me evita, parece ausente, no me habla, ni me mira a los ojos cuando le hablo, no me contesta. Frunce el ceño.  Se aparta, habla sola bajito.

-¿Será que está enferma?  – ¿Ha pensado en llevarla a un psiquiatra? Piensa.  

- La última vez, la seguí hasta nuestro dormitorio y la observé a través de una rendija de la puerta. Se había arrodillado, lloraba desconsoladamente y se frotaba las manos, se tocaba las mejillas,  la cabellera. Sacó un cofre de su closet y de allí un pañuelo blanco, se lo pasaba por la cara, como acariciándose y lo besaba con vehemencia… Nunca le he visto esa entrega hacia mí, ni siquiera en nuestra noche de bodas... Creo que me engaña... que tiene un amante al que ama más que a mí.  Y sin más… ¡estalló en sollozos! se desfogó a gritos en pleno bosque. Como un niño.

- Tomé su mano y lo abracé para tranquilizarlo. Así permanecimos, sentados en la grama,  unos momentos hasta que él se fue apaciguando.

- Entonces le hablé a Reinaldo y le recomendé que fuera sincero con su esposa. Ella lo entendería. Que le comentara de su dolor a causa de su comportamiento. Seguro que juntos encontrarían la solución.  Cualquier cosa podían contar conmigo.

Él se fue serenando. Nos quedamos un rato conversando en medio de la soledad de ese bosque virginal. Su mirada era de gratitud, como si lo hubiera liberado de una fuerte opresión, me dio un fuerte apretón de manos y nos incorporamos para regresar al campamento charlando de cosas de la vida, de recuerdos, del pasado, del futuro, cruzamos el sendero de árboles y plantas silvestres. Se había recuperado. Se lo entregué a Elisa ‘livianito’.

- Al día siguiente  el grupo de turistas subimos a la montaña que esta frente al Salto Ángel, disfrutamos de esa delicia de permanecer mojados, embarrados de lodo por todo el día. Escalamos  la montaña a la par que aguantábamos la copiosa  lluvia y el sol inclemente... Al regreso nuestro guía pemón nos llevó por la ruta de los rápidos. Una aventura total con un final feliz.

fin

... 
























                

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