miércoles, 18 de diciembre de 2013

¡Feliz Navidad!

"La Virgen concebirá y dará a luz un hijo, y le pondrán
por nombre Emmanuel, que significa: "Dios-con-nosotros"
Mateo 1,23.

Diciembre es una época muy especial para los cristianos y también para muchísimos no cristianos que celebran con nosotros esta fecha alrededor del mundo. En esta era de la web, internet, las redes sociales nos enteramos al instante cómo están viviendo la Navidad  en otras latitudes por más alejadas que estén. Para nosotros los cristianos, empieza la celebración navideña con un tiempo de espera: Adviento es el primer período del año litúrgico, en el que nos preparamos espiritualmente para la llegada del Niño Jesús, para la Natividad.
 Es una celebración esencialmente religiosa y deberíamos vivirla así. Sin embargo, hay que decir que tal vez sin intención la humanidad la ha ido paganizando cada vez más. Al punto que la gente ya no vive ese tiempo de espera  para conmemorar el nacimiento  del Niño Jesús, sino más bien se ocupan de  los regalos de Navidad “qué le voy a regalar a fulanito o sultanita”. Esa es una realidad.
Los regalos de Navidad nos generan estrés. En esta sociedad de consumo en la que vivimos inmersos, la gente y los niños tienen generalmente más de lo que necesitan.  Triste porque los regalos materiales no son lo más importante.
Mamá supera su estrés: "¡Espero les gusten sus regalos!"

Como madre, yo recuerdo cada año en esta época cuando llevaba a mis hijos mayores, de pequeños, a ver el “Cascanueces” de Chaikovski  en el Teatro Teresa Carreño de Caracas. Los vestía elegantes y nos íbamos a ver el cuento-ballet. Confieso que a ellos no les hacía mucha gracia vestirse de traje (terno). Familias con sus niños agotaban las entradas con bastante anticipación (siguen agotándose las entradas). Recuerdo también  la vez que mi sobrina ahijada Karen, pre-adolescente, pasó un Diciembre con nosotros. Las dos solas fuimos a ver el “Cascanueces” al teatro. En  esa oportunidad Karen se estrenó en el uso de zapatos de tacón (le presté unos míos). La maquille ligeramente... se le veía  tan linda y candorosa. Karen y yo, disfrutamos mucho del Cascanueces.  Era una dicha ver cómo la gente  se vestía con sus mejores trajes para ir al teatro Teresa Carreño.
Cascanueces. Ballet de Tchaikovsky

Lo importante en Navidad  no es llenar de regalos a nuestros seres queridos y salir ‘endeudados’ de estas festividades decembrinas.  Para mí, lo más importante, aparte de vivir la conmemoración religiosa como tal, es generar gratos recuerdos, infundir alegría, despertar la sensibilidad, los buenos sentimientos, la empatía, en nuestros seres queridos, es lo que perdurará en sus recuerdos y en nosotros por siempre.
Mi abuelita Matilde me contaba cuando yo era una  niña una historia que nunca olvidé.  -Sucedió durante la época de la Segunda guerra mundial.  Había escasez, sufrimiento y muchas privaciones. Una madre no tenía  nada para regalar a sus pequeños en Navidad. Lo único que ella guardaba como un tesoro era una cajita de chocolates que le había regalado su esposo antes de irse al frente a luchar. Ella conservó unos cuantos bombones de chocolate para cuando regresara su esposo, que nunca retorno. Una Navidad la madre  sacó para obsequiar a sus hijos su más preciado tesoro: Su hermosa cajita de chocolates.  Los niños la abrieron luego de admirar la belleza de la impresión de la tapa. Inmediatamente emanó un delicioso olor a chocolate que los niños y su madre disfrutaron con los ojos cerrados. Luego cada uno y la madre pudieron compartir juntos los cuatro chocolatitos que ella había conservado con tanto amor y devoción.
Creo que lo importante no es qué regalar, sino cómo regalar.  Se trata de trasmitir cariño, amor, amistad, empatía. A veces una simple nota escrita de tu puño y letra puede convertirse en un tesoro para quien lo recibe de ti.  

No hay comentarios:

Publicar un comentario