Llovió toda la noche en Caracas, amaneció nublado, cielo gris, ambiente
húmedo. Son las 5 a.m. según el reloj digital de
la mesa de noche. Estiro los brazos y piernas a la vez que me visualizo como si fuera una cuerda elástica que se extiende a lo largo de la cama. Me paro para ir al baño, bostezo y aún soñolienta hago pis, luego cepillo mis
dientes. Veo mi cara en el espejo, agarro el cepillo y peino mis greñas. Regreso a la cama, acomodo en el respaldar las almohadas y cojines apoyándolos en la cabecera y me recuesto sobre ellos. Estiro mi brazo izquierdo
hacia la mesa de noche, agarro el celular para revisar el WhatsApp. Es ritual
en mí para ver si ha escrito mi familia. Encuentro mensajes que no leo. Éstos pueden esperar. Dejo el teléfono y tomo la novela que estoy leyendo, Anna Karenina. De pronto,
en un tris, estoy en San Petersburgo del mil ochocientos. Me convierto en una
intrusa mirona invisible del complejo mundo de
la alta sociedad rusa. Sufro como en
carne propia las angustias de la princesa Kitty. -¡No Kitty, no rechaces a Levin él es bueno,
noble, aristócrata, rico y te ama con locura. Olvida a Vronsky. Él está obsesionado, apasionado, por Anna
Karenina. Él no te va a pedir matrimonio, Kitty. En cambio Levin te adora!-.
¡Ya me angustié todita! Hago una pausa en mi lectura, entrecierro el libro con
los dedos aún en la página que leo y pienso en Tolstoi ¡Es un genio. Si yo
pudiera escribir como él! Miro el reloj, son 6:30 a.m. dejo la novela tomo mi rosario y empiezo mi rezo diario
matutino. Listo, terminé. No me va a dar
tiempo de bañarme. Lo haré a mi regreso del mercado. Agarro el celular y llamo a Eva, amiga y vecina venezolana de origen chino, políglota pintora y chef.
Iremos juntas hoy domingo 01 de julio de
dos mil dieciocho, a las 7 a.m. al mercado chino que se instala los domingos en los pasillos del club chino en la urbanización El Bosque. Ahora estoy en el lugar y época en que me ha tocado vivir.
Los caraqueños duermen.
Nos cruza uno que otro carro en la ruta hacia el mercado. Eva dice señalando -métete
en el estacionamiento de ese restaurante, es de una amiga.- Me estaciono
pegadita a la puerta. Está full de carros. Llegué justo cuando otros compradores se iban. Bajamos. El chico que cuida
los carros saluda a Eva. Es temprano y
hay mucho movimiento. Gente de
origen chino, en su mayoría, circulan
con bolsas repletas de comida, otros miran, compran. En algunos puestos, te permiten probar la
mercancía si deseas, un poquito.
Varios puestos venden verduras, frutas, carnes, dulces, embutidos. Hay
de todo. El idioma que se escucha, que hablan, es el chino. Eva pregunta en su idioma original y yo no
entiendo nada. La saludan señoras, comerciantes, amigas, se encuentra con gente. Probamos ¡hum! delicioso. Me va explicando qué es cada verdura,
fruta, comida de origen asiático que yo no
conozco. ¡Qué rico! Nos despachan las compras que hacemos sin pagar un centavo.
Aquí, en Venezuela, todos estamos viviendo la escasez del dinero en papel
moneda. No hay efectivo. En algunos puestos pasamos las tarjetas, otros no
tienen punto de venta. Esa es otra tragedia instalada en este país
caribeño. Pero Eva me dice, te fijaste,
nos dan la mercancía porque los paisanos
confiamos uno en el otro. Vamos a pagar la
compra desde casa por transferencia. Los
comerciantes le dieron los datos de sus cuentas bancarias para procesar
el pago a posteriori. Mi amiga me comenta, -esto sucede sólo entre los paisanos. Los demás,
tienen que pagar en efectivo o con
tarjeta de débito. Si no tienen no les
venden-.

Es que la viveza criolla, eso de aprovecharse del otro, que padece un gran sector del gentilicio de este país es harto conocida y el comercio en el mercado chino se basa en la confianza y honradez.¡El mercado es una nota estoy entusiasmada! Ya de regreso, en nuestro edificio, cada una se fue con sus compras a su piso. Pero antes, nos juntamos en
el mío para separar lo que habíamos comprado, entre las dos, para nuestro
almuerzo de hoy. En un par de horas, Evita subirá a mi apartamento para cocinar. Y yo
aprenderé a preparar platos de la gastronomía china. Nuestro almuerzo delicioso y fácil de preparar:
Sopa con vegetales choy sum mo qua con
tofu. Arroz chino con Siu chu yuk (cerdo), vegetales Pak choi. En la tarde
tratamos de ver una película peruana Asu Mare, pero ¡qué va! Nos quedamos dormidas en el sofá las dos. Despertamos, nos reímos al descubrirnos ambas dormidas, al rato nos despedimos. Regreso a mi cama, acomodo en el respaldar las almohadas y cojines apoyándolos en la cabecera, me recuesto sobre ellos y retomo mi lectura de Anna Karenina y en otro tris regresé al San Petersburgo del mil ochocientos. ***
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| Bodegón - Eva pintora |
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| Eva corta el pollo en mi cocina |

Es que la viveza criolla, eso de aprovecharse del otro, que padece un gran sector del gentilicio de este país es harto conocida y el comercio en el mercado chino se basa en la confianza y honradez.¡El mercado es una nota estoy entusiasmada! Ya de regreso, en nuestro edificio, cada una se fue con sus compras a su piso. Pero antes, nos juntamos en
el mío para separar lo que habíamos comprado, entre las dos, para nuestro
almuerzo de hoy. En un par de horas, Evita subirá a mi apartamento para cocinar. Y yo
aprenderé a preparar platos de la gastronomía china. Nuestro almuerzo delicioso y fácil de preparar:
Sopa con vegetales choy sum mo qua con
tofu. Arroz chino con Siu chu yuk (cerdo), vegetales Pak choi. En la tarde
tratamos de ver una película peruana Asu Mare, pero ¡qué va! Nos quedamos dormidas en el sofá las dos. Despertamos, nos reímos al descubrirnos ambas dormidas, al rato nos despedimos. Regreso a mi cama, acomodo en el respaldar las almohadas y cojines apoyándolos en la cabecera, me recuesto sobre ellos y retomo mi lectura de Anna Karenina y en otro tris regresé al San Petersburgo del mil ochocientos. ***![]() |
| Iglesia del Salvador sobre la sangre derramada San Petersburgo |




Que buen post! Yo he comprado en el mercado chino de Madrid pak choy, gai larn y brecol chino para hacer sopas para el invierno.
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