-¡Hola
chicas! ¡Muac, muac! ¡Besos a todas! Saludó Adela, a la vez que tocaba con su mano derecha sus labios besando sus dedos, para luego extender la mano besada en dirección a cada una de sus
tres amigas.
- Disculpen la tardanza. No quería perderme
esta reunión tenía muchas ganas de hablar con ustedes ¡después de tanto
tiempo sin vernos! En fin, ponernos al día sobre nuestras vidas.
-¡Adela,
qué bueno que viniste! – Contestaron,
al unísono, las tres amigas que ya
estaban sentadas conversando en el restauran y cafetería “El rinconcito de Gretel” del
óvalo de Miraflores. Las señoras ocupaban una mesa ideal para ellas. Un poco distante de las otras mesas.
Cecilia había elegido el lugar del ágape, era una asidua cliente. Bonito ambiente, discreto, gourmet, y poseía una de las mejores bodegas de vinos de Lima.
-¡El
ambiente es regio! Íntimo Como para
que te inviten y te digan:"¡Mi amor, estoy loco por ti!” Dijo Cecilia que provocaron carcajadas y chistes alusivos de sus amigas.
-Espero
que Sabrina no demore mucho, debe estar full de invitaciones después de vivir
tantos años fuera no es para menos. -Mientras tanto, pidamos la carta de vinos. Sugirió Natalia.
-¡Claro! Al instante les trajeron la carta de vinos. Se la dieron a Cecilia.
Las amigas se habían conocido en la universidad, cuatro décadas atrás y aún lucían radiantes de vida, de aspecto
fresco, hasta juvenil a sus cincuenta y tantos años o
¿sesenta? Un caballero galante diría que se conservaban como un buen vino, mejorando con los años. ¡Cuanto
más añejas, más buenas!
Adela, era delgada; pequeña de estatura; de pelo castaño oscuro pintado
con mechitas rubias muy a la moda, lo llevaba hasta los hombros recogido en una media
cola de caballo; de tez blanca, con algunas pecas salpicadas en su rostro; ojos
marrones, ligeramente maquillados con máscara en las pestañas que hacían
destacar su mirada penetrante; labios carnosos con pequeños pliegues de
amargura en las comisuras, propios de su edad. Conservaba sus facciones bonitas
de juventud. De carácter alegre, ligero, agradable, a pesar del sufrimiento que le había tocado vivir.
Cecilia, era la líder, de aspecto exuberante,
sexy, sensual, llena de vida. Sus coquetos ojos
negros curiosos, chispeantes, hablaban por sí solos; de labios finos pintados
de rojo carmesí; cutis trigueño; y estatura mediana, siempre usaba tacones altos que le daban mas prestancia. Orgullosa de sus generosos pechos que se insinuaban en los vestidos
descotados que siempre usaba, que en ella, por su personalidad burbujeante, lucían estupendamente
bien. Era la más coqueta.
Marcela, de finos modales, risueña, dulce,
cariñosa; una perfecta ama de casa, que enamoraba a todos los paladares con sus
sabrosas recetas dulces y saladas. Era rellenita sin ser gorda; discreta,
conciliadora; de un cutis bien cuidado; maquillaje impecable; vivaces ojos
pardos; pelo crespo de color rojizo, de
estatura mediana.
Natalia, mujer alta; contextura delgada;
culta; sobria en el vestir, elegante; cabello teñido de castaño claro, que llevaba largo hasta
el cuello, bien peinado; cutis trigueño; ojos grandes, marrones, expresivos,
discretamente maquillados; su piel suave olía a perfume francés, tal vez ¿Magie
noire de Lancome?
-¡Chicas, por fin con ustedes! -Disculpen la tardanza, me acaban de dejar a la puerta de la cafetería. -Ya
saben, tratando de ver a los amigos de toda la vida y compartir aunque sea un ratito. -Sabrina hablaba
mientras se acercaba y saludaba a cada una de sus amigas con un abrazo y
un beso.
-¡Ay! ¡Dichosos
los ojos que te ven, por fin llegas, Sabrina ¡pero qué bien luces amiga! Los años no pasan por ti, si pareces de 30 años y
sigues siendo flaca ¡quién como tú! -Comentó Marcela.
-¿Te parece? Yo creo que exageras Marcelita son tus ojos cómplices
que me ven así. Le contestó Sabrina. -¡Si ya
tengo un hijo de 32 años! Dime tú ¿cómo voy a parecer de 30? -Ni en Shangrilá amiga. En todo caso, serán los genes de
mi abuela materna; ella murió viejecita y con su cutis de porcelana. Y ahora pónganme al corriente ¿Cuál es la novedad chicas? ¿Qué cuentan?
- Realmente estábamos esperándote para empezar a ponernos al día con nuestras vidas. Dijo Cecilia.
Las amigas levantaron sus copas llenas del aromático y afrutado vino tacneño que se estaba promocionando en Perú para darse a conocer como el acompañante ideal de la gastronomía peruana.
-¡Salud chicas,
por el gusto de estar juntas otra vez! - Brindaron todas uniendo sus
copas.
El mozo les recomendó: Sopa a la minuta, está deliciosa, dijo. O moldecitos de alcachofas; rosbeef a la jardinera; pavo al horno; chupe especial; pescado a la cacerola; tamalitos a la piurana; lasagna, butifarra al modo de
Gretel, ensalada fantasía. La carta era bastante amplia. Tardaron en decidirse pero al fin completaron sus pedidos. Luego elegirían los postres.
-¿Qué es eso?, dijo Marcela.
- De "catarsis" pues, le contestó Natalia.
- De "catarsis" pues, le contestó Natalia.
-¡Sí!, contestaron al unísono todas, así es más ordenado y democrático, ninguna se escapa.
-Ergo, tú eres la primera Adela, dijo Marcela.
-¡Está
bien, espero no arrepentirme de lo que
voy a contarles!
-¡Vale! No te preocupes, contestaron las señoras.
- Adela
empezó así: -Después de años de dimes y diretes me divorcié de mi
marido, fue traumático, doloroso y no se
lo recomiendo a nadie. Visitas a psiquiatras,
psicólogos, sexólogos. Un dineral. Hasta que,
por un milagro, Teodoro y yo nos pusimos de acuerdo. Él se mudó a un departamento. No quería ver a nadie, no recibía visitas, tiempo largo estuvo así. Para hacer el cuento corto, por fin, lograron convencerlo sus hermanos, su papá y nuestros
hijos, de que tenía que buscarse un trabajo aún cuando tuviera sus rentas y pensión. De mí no quería saber nada. Tanto él como yo, teníamos que rehacer nuestras vidas, eso lo sabía todo el mundo. Siguieron las sesiones con psiquiatras, curas,
etcétera. Pasó un tiempo, hasta que consiguió un trabajo. Conoció a alguien y ahora parece que ya tiene una
relación.
- ¿En
serio? ¡qué bueno! Dijeron
todas.
-Así
es. La vez pasada fue a buscar a nuestra hija Betty. Dejó a su amiga dentro del carro estacionado frente a mi casa.
Yo curiosee a través de la ventana. Como Teodoro entró directo al cuarto de Betty,
yo aproveché y decidí ir hacia el carro. Toqué la ventana del lado del copiloto sin
saber cómo iba a reaccionar la amiga de Teodoro. Y ¡Oh, sorpresa!.. Ella abrió
la puerta, se bajó del carro y me
abrazó y yo le correspondí ¡nos
abrazamos las dos!, contó Adela.
-¿En
serio? ¡Increíble! ¿Cómo es su amiga? ¿Es joven? ¿Es de nuestra edad?¡Cuenta!, preguntaban todas a la vez.
- Es
como de nuestra edad. Flaca, de pelo castaño y más o menos de mi tamaño. Hasta creo que
se parece un poco a mí.
-Eso sucede. a veces parece que se buscan casi que la gemela de uno, comentó Cecilia.
-A mí me dio mucha alegría, continúo Adela -Hace
años que dejé de sentir amor carnal por Teodoro ahora es cariño filial. Claro, él es el padre de mis hijos y alguna vez nos
quisimos mucho vivimos juntos más de 20 años y siempre contaremos uno con el otro. Pero vivir juntos nunca más.
-¡Qué
bueno! Adela. -¡Ahora sí estarás más tranquila! Que Teodoro se enamore y que siga con su relación. Opinó Sabrina.
-Y., como tú eres una mujer joven aún y que luce estupenda, puedes conseguirte un
novio, comentaron sus amigas.
-En eso
ando, dijo Adela.
-¡Qué! ¿Te conseguiste otra pareja? ¿Tan rápido? Exclamaron todas ¡Sigue contando, no te detengas!
- No, no fue tan rápido, acuérdense que pasamos por un largo período de sufrimiento mutuo, Teodoro y yo.
-El año
pasado cambié la cocina de mi casa y unos meses antes de eso, una amiga me había recomendado a
unos arquitectos que se dedicaban a remodelaciones a precios solidarios. Los
llamé y acordamos una cita. Fui hasta sus oficinas. Les expliqué lo que quería.
Me parecieron buenos profesionales y los contraté. Ellos me remodelaron mi cocina.
-Y. ¿Qué tiene que ver con tu vida amorosa? preguntó Marcela.
-Ya verás. Le contestó Adela.
-Y. ¿Qué tiene que ver con tu vida amorosa? preguntó Marcela.
-Ya verás. Le contestó Adela.
-¡Uy!
Esto se está poniendo emocionante tú que eres tan miedosa y seria, le dijo Cecilia.
-¡Ay… me da vergüenza contarles!, dijo Adela.
-No seas
boba, ahora sí que tienes que ir hasta el final. Si no, de aquí no salimos, exclamaron todas.
-Alfredo,
uno de los arquitectos, fue el que hizo
todo el diseño de la cocina y fue a mi
casa varias veces. Conversábamos sobre los cambios, tocábamos también otros temas de la vida y resolvíamos el mundo como uno suele hacer trivialmente. Yo le invitaba a tomar té o hasta almorzar, dependiendo
de la hora que llegaba a comentarme sobre cómo iba la remodelación.
-Empezamos
a tener un trato más cordial y amigable y él me empezó a llamar 'señora
bonita'... A mí me hacía gracia, me gustaba, era un halago y dejé que siguiera diciéndome así.
-Un
día se me acercó demasiado y me besó de improviso. ¡Me quedé fría, pero la verdad es que dejé que me besara! No lo aparté; -Pero luego le dije que esto no
podía ser, que yo era una mujer mayor que él, que estábamos en mi casa. ¡Hablé, hablé y hablé! -Además, le
dije que a él le convenía tener una relación con una mujer de su edad.
-Nos dejamos
de ver varias semanas. Él no regresó a mi casa. Mandaba a los obreros a que hicieran los trabajos.
-¿Y la
cocina; la terminó?, preguntó
Marcela.
-¡Ay!
Marcela, ¿Cómo preguntas por la cocina? -¿Y, no se vieron más? ¿Allí quedó todo?-, intervinieron las amigas.
-Un
día él me llamó por teléfono y acordamos vernos en Larcomar. Allí le dije, que
yo no podía recibirlo en mi casa. Que yo casi le doblaba la edad que no me
podía dejar arrastrar por un capricho, por una pasión pasajera de su parte. Apelé a Dios, a mi religión. ¿Qué no dije?
-Me dijo,
que él no estaba con nadie, que no tenía pareja, que me extrañaba, que yo le gustaba mucho, ¡que se había enamorado de mí! ¡que yo era su 'señora bonita'.
-¡Dios
mío! ¿Por qué a mi no me pasan cosas así?-, comentó Cecilia. -No mentira, es un pensamiento en voz alta, lo
siento, no interrumpo más. Yo también tengo mi pareja. Les cuento en mi turno,- acotó Cecilia.
¡Sigue,
sigue, Adela!, pidieron las amigas.
-De
Larcomar fuimos a su departamento, ya era
de noche. Tomamos unas copas de vino. Hablamos de él, de su trabajo, de mí, me contó que había
estado enfermo-.
- ¿Qué
tuviste?-, le pregunté.
-Nada
grave, una gripe, me contestó. La verdad ¡Es que quería volver a verte ‘mi señora bonita’!-
-Yo
miraba al techo, al suelo, donde fuera para evitar mirarlo a los ojos porque a
mí también él me gustaba como hombre ¡el
corazón me latía con fuerza como si se me fuera a salir! A la vez, no quería
moverme de allí ¿Acaso no era obvio para qué había ido yo a su departamento?-
-Hasta
que no aguanté más y le dije. Alfredo, si vamos a tener una relación tenemos
que ser responsables ¿te harías una prueba de VIH? Yo también me la haré si tú
quieres y además, tú sabes, que a mi edad ya
no se puede tener hijos y agregué. Por ese lado, estamos tranquilos-.
-¡Ay!
que inteligente y que calculadora eres Adela creo que a mí no se me hubiera
ocurrido decir eso,- dijo
Marcela.
-A mí tampoco.-, dijeron las
demás.
-Si
chicas eso mismo le dije, y él estuvo de acuerdo. Ese día nos amamos por primera vez. Él se protegió. ¡Fue maravilloso! Él es muy tierno-.
-¿Y se
hizo la prueba del Sida? ¿Sólo por curiosidad?-, preguntó Natalia.
-Sí, un día se apareció con su prueba de laboratorio y me sentí mal soy una mujer fría y calculadora ¡Soy malvada!-
-No, hiciste bien ¡Una nunca sabe! ¡Y deja ya ese sentimiento de culpa!-, le dijo Sabrina.
-No sé cuánto
durará esta relación, amigas Aunque ya vamos a cumplir un año juntos. En mi
familia nadie sabe, ni sospechan-.
- Estás igualita que esas actrices, Madonna, JLo. que se acuestan con mocosos-, dijo Marcela.
- ¡No le digas eso! sonó cruel,- opinó Natalia.
- No me importa, ahora las entiendo a ellas, simplemente sucede, yo no busqué esto -, dijo Adela.
-Él ha traído nuevos bríos a mi vida, este terremoto emocional me hace sentir viva. He vuelto a trabajar. Me metí al gimnasio. Me hago dar masajes y esas cosas-.
- Estás igualita que esas actrices, Madonna, JLo. que se acuestan con mocosos-, dijo Marcela.
- ¡No le digas eso! sonó cruel,- opinó Natalia.
- No me importa, ahora las entiendo a ellas, simplemente sucede, yo no busqué esto -, dijo Adela.
-Él ha traído nuevos bríos a mi vida, este terremoto emocional me hace sentir viva. He vuelto a trabajar. Me metí al gimnasio. Me hago dar masajes y esas cosas-.
-Sé que
sufriré cuando se acabe, trato de no pensar en ello. Por
ahora me deleito con la sola idea de imaginar nuestra próxima cita-.
-
¡Tengo un amante!-, concluyó Adela.
Fin
Silvia
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