miércoles, 17 de abril de 2013

Un viaje a París... ¡Ohlala! 1978.

¿Ese es el asiento número 22? Le preguntó Silvia a una chica que estaba sentada en el autobús.
 Si, ese es. Le contestó la muchacha a la vez que se paraba para dejarla pasar.
Menos mal que es ventana así voy viendo el paisaje durante el viaje, dijo Silvia.
Pues sí, le respondió la chica tuviste suerte.  y le preguntó ¿De dónde eres?..tu acento no es español de aquí. 
Soy de Lima, Perú, vine a estudiar un postgrado en la Complutense. me llamo Silvia. 
La chica le respondió -Yo soy Esther, madrileña, mucho gusto. al tiempo que se daban la mano.
Esther comentó, ¡Ah! fíjate, justamente acabo de leer 'La ciudad y los perros' del peruano  Mario Vargas Llosa. es uno de mis autores favoritos.  
Y mío también. has leído ¿'La casa Verde'? le preguntó Silvia.
Corría el primer trimestre del año 1978.
Ambas pertenecían a un Club Cultural de la universidad Complutense que organizaba
viajes turísticos culturales para los estudiantes  a diferentes países. En esta  oportunidad el viaje era a París para estudiantes y universitarios de las distintas Escuelas y Facultades. El objetivo que buscaba el Club era que el viaje dejara un grato recuerdo en los viajeros, que superara la idea que cada quién tenía y sobre todo 'Que vosotros no paséis por París como simples turistas, sino que París penetre en vosotros con toda su carga de historia, humanismo y romanticismo' .Y, eso mismo me sucedió a mí.
              
El autobús partió a la hora prevista de MADRID, desde la calle Bernardo 5 (Gran Galería). A eso de las 10:00 de la mañana, hizo una primera parada de 20 minutos (para estirar las piernas), en SOMOSIERRA, una pequeña ciudad al norte de Madrid. Me llamó la atención sus hermosos y altos pinos silvestres. Luego de tomar  un café o chocolate, continuamos el viaje. A medio día llegamos a la ciudad de BURGOS, paramos para almorzar. Recuerdo que el autobús se estacionó cerca de la imponente Catedral Santa María, de arquitectura gótica y declarada, por la Unesco, Patrimonio de la Humanidad .  A esas alturas, ya me había dado cuenta que tenía en Esther a la propia guía turística y sólo para mí . Me hablaba de lo más resaltante sobre cada sitio por el que pasábamos. Me enteré que Burgos forma parte del Camino de Santiago, otro Patrimonio de la Humanidad.

Nuestro bus y el grupo de jóvenes viajantes - 1978.
Continuamos el viaje y a media tarde hicimos otra parada de unos 30 minutos en VITORIA, ciudad vasca, con construcciones de estilo gótico, renacentista, barroco, neoclásico, romántico, dependiendo de la época. Su Casco Viejo aún conserva los nombres originales de sus calles según el gremio que la ocupaba: Cuchillería, Pinturería, Zapatería, etcétera. Hacia las 6:00 de la tarde llegamos a SAN SEBASTIAN, se nos permitió recorrerla a pie un trecho más o menos largo y pudimos ver desde lo alto la bahía de La Concha. Esa época eran tiempos difíciles para San Sebastian por los atentados terroristas. Avanzamos unos 20 kilómetros y llegamos a FUENTERRABIA, frontera con Francia y dónde nos alojamos por una noche en una bonita hostal toda de madera, con  dormitorios acogedores y muy confortables. Demás está decir, que compartimos la habitación doble Esther y yo. Esa noche alguien del grupo sugirió salir a un bar y brindar con cervezas vascas. Lo hicimos. Recuerdo que fue la primera vez que tomé vino desde una bota vasca, tenías que dirigir el pico de la bota llena de vino desde la distancia del largo de tu brazo extendido hacia tu boca bien abierta. Debías apuntar bien para que recibieras el chorro de vino sin derramar una gota ¡súper divertido! Nos reímos mucho pues no es nada fácil para quien lo hace por primera vez. En el bar conocimos chicos vascos que nos enseñaron cómo superar la prueba con la bota de vino ¡lo logramos!

Nuestra jefa de grupo nos advirtió que al día siguiente, a las 5 a.m. partiríamos hacia el cruce de la frontera a Francia. A la primera ciudad que llegamos en Francia fue a BURDEOS (Bordeaux ), portuaria, conocida en el mundo entero por sus viñedos. El río Gerona atraviesa Burdeos; A Esther y yo, nos tomaron una foto en el muelle de Burdeos al pie del río Gerona con el fondo de su puente de piedra. El coche avanzaba, nos dirigíamos  hacia la parte central de Francia, podíamos ver desde el coche la preciosura de los campos verdes, abundantes, húmedos, sus viñedos, un sueño de campiña, labriegos, agricultores, hombres y mujeres afanados labradores, trabajaban sus sembradíos, sus cosechas, una delicia de paisaje. Me resultaban familiares aunque era la primera vez en mi vida que los veía con mis propios ojos, y es que ya los había visto reproducidos en los cuadros de famosos pintores europeos paisajistas. Recuerdo que era una mañana  esplendida, luminosa, el sol nos acompañaba a pesar del frío. Los viajantes, ya eramos amigos, todos jóvenes al fin. Parecía que nos conocíamos de siempre. Espontáneamente formamos un bonito grupo de cuatro chicas: una española, una  brasilera, no recuerdo su nombre, una venezolana, recuerdo que era arquitecta pero no su nombre -una lástima... quién hubiera dicho que con el tiempo Dios me tenía reservado que viviría en Venezuela y adquiriría su nacionalidad-, y yo, chica peruana. Permaneceríamos juntas durante toda la excursión a París.                                                                
Con Esther en Burdeos y Poitiers,  yo en  Palacio de La Ópera
El coche avanzaba a velocidad moderada,  nos permitía disfrutar del paisaje, como ya dije. De pronto empezamos a ver mayor movimiento,  habíamos recorrimos 224 kilómetros, que es la distancia de Burdeos a  POITIERS, estábamos entrando a esta  ciudad. A mí me parecía una especie de volver al pasado. Poitiers,  en 1978, no sé ahora, lucía como una ciudad antigua, de la Edad Media, con sus calles  tortuosas y construcciones antiguas, castillos de piedra. Tal cual, las películas del 'Cid Campeador', de la época de la revolución francesa (quién sabe si en Poitiers se filmaron algunas de las películas como la de 'Los miserables' ¡Una belleza! Me sentía tan emocionada que quería quedarme en Poitiers... pero sólo bajamos para caminar por el casco central, tomar un bocadillo y estirar las piernas. 
Continuamos el viaje, se había hecho de tarde y atravesamos TOURS. Desde el autobús pudimos ver una ciudad muy bonita, de hermosos jardines, conocida por sus vinos y su francés bien hablado.                      
Llegamos a PARÍS como a las 10 de la noche. La entrada a París fue emocionante, todos estábamos adormilados pero a la expectativa, de pronto calles pobladas, coches, gente caminando, edificios iluminados, luz, luz y más luz. techos azules. El coche serpenteaba entre esas calles, semáforos, paradas, gente que atravesaba la pista en las paradas. Nuestro hotel estaba en el barrio de Montmartre.  Tenía ese look parisino, bohemio propio del lugar. El cansancio se nos fue como por arte de magia, tan pronto nos ubicaron a las cuatro chicas: Esther, la brasilera, la venezolana y yo en una misma habitación bien grande, con cuatro camas individuales y lo más importante ¡teníamos baño privado! que en esa época y en un hotel de 2 ó 3 estrellas era casi que imposible de conseguir. La habitación estaba bien limpia, catres un poco viejos pero cómodos, buenas cobijas y calefacción. El desayuno estaba incluido. Sólo nos teníamos que preocupar del almuerzo y cena. Y ustedes dirán ¿ estas chicas después de viajar todo el día caerían rendidas a dormir?.. ¡Pues no, señor!..

Para ese momento, ya se había constituido como  la líder del grupo, Esther, hablaba entendía francés, sabía de historia se había documentado bien, era más culta que nosotras y, al menos a mí, que siempre estuvimos juntas, me fascinaba todo lo que me contaba. Tan pronto nos acomodamos en nuestra habitación, Esther nos dijo salgamos a dar unas vueltas... nosotras dijimos ¡síííí! Y nos fuimos a caminar a las 11 de la noche por Montmartre. Salimos,  y un gentío en la calle. Señoras muy maquilladas, labios rojos, pestañas postizas, pelos rubios muy peinados, vestidos descotados, fumaban paradas en la calle, cubiertas con sus abrigos de pieles frente a locales nocturnos, travestís, tiendas sexy, discotecas, bares, el Moulin Rouge. Nosotras estábamos fascinadas, obnubiladas. Sí, cuatro chicas jóvenes caminando a esas horas solas por el barrio más bohemio de París. Recuerdo que un señor nos invitó a pasar a una tienda de venta de películas...  podíamos ver un corto de comiquitas gratis, le dijo, a Esther, en francés. Nosotras aceptamos y entramos, nos sentamos y empezó la comiquita de 'Blancanieves y los siete enanitos' a los cinco minutos nos salimos calladitas, porque realmente era una comiquita.., pero para adultos. Nos dio mucha risa. Regresamos al hotel a las 2 de la mañana. Y al día siguiente teníamos que estar listas a las 7 de la mañana.
Café de los impresionistas y poetas, moi en la puerta;  c'est moi en  'Le Place du tertre' (de  pintores naif, bohemios) ;  c'est moi en los jardines de Versailles y en laTorre Eiffel.
Por supuesto, ustedes se imaginarán ¿quién nos  sacó de la cama? Esther, ella ya estaba lista, el baño quedaba para nosotras, las tres dormilonas. Nos ordenamos y logramos llegar un poquito pasadas de las 7 am. al comedor donde ya estaba el resto del grupo desayunando. A cuenta del tour recorrimos  París panorámico: Pantheon, Boulevard Saint Michel, La Sorbonne, Notre Dame, Louvre, Puente Alejandro III, Asamblea Nacional, Plaza de la Concordia, Rue Royale, Iglesia de la Madelaine, Grandes Bulevares, Palacio de la Ópera, plaza Véndome, Rue de Rivoli, Campos Eliseos, Arco del Triunfo, Palacio Chaillot, Torre Eiffel, Boulevard Saint Germain, etc.

Recuerdo que en Lima, Lucho Calderón, mi enamorado para ese entonces, estaba sumamente preocupado, (al llegar a Madrid me enteré), porque en quince días no tuvo ninguna noticia mía. Las monjas de la residencia de Marques de Urquijo 18, me contaron. El viaje fue tan intenso y la guía exclusiva, Esther tan perfecta, activa, sabia, que recorrimos todo París a pie, conocimos todo (era capaz de caminar todo el día con la misma energía y sin cansarse).

Visitamos el café donde se reunían los pintores impresionistas  Van Gogh, Toulouse Lautrec,  Dalí, Picasso, el poeta peruano César Vallejo. Fuimos a la casa donde vivió Renoir, los bares y cafés donde cantó Edith Piaf, escuchamos misa en la Basílica Sacre Cour, nos fuimos a Versailles, recorrimos el palacio, los jardines, el Gran Trianon  que fue residencia de Napoleón, Petit Trainon, El templo del amor, la sala a las glorias de Francia, la mansión de la reina María Antonieta, el museo del Louvre, el George Pompidou. Además tengo que decir que como no teníamos tiempo para almorzar comprábamos los baguetes, queso, jamón, salchichón, (lo que fuera) una bebida y comíamos dónde nos agarrara el hambre. Regresábamos de noche al hotel, un descansito, nos cambiábamos y a salir otra vez ¿cómo podía yo escribirle a mi  preocupado enamorado en Lima?.. Caía en la cama rendida en las noches.

Puedo decir, que yo también viví por un par de semanas en el barrio  - Montmartre-  sí, ese mismo al que le cantó Charles Aznavour con la canción 'La Bóheme'  que  trata de un pintor que rememora sus años de juventud que vivió en Montmartre..., ese que ya no existe, como él lo recuerda.

Han pasado 34 años y Esther y yo seguimos siendo amigas. Hemos compartido nuevos momentos juntas, ya en nuestra edad de oro, la tercera edad. El pasado Enero de este año 2013, caminamos con la misma energía y recorrimos Madrid. Descubrí que ahora Esther es, además, una excepcional pintora (en mi siguiente entrega mostraré fotos de sus cuadros). Quiero darle el crédito a mi esposo Lucho Calderón, pues él ubicó a Esther hace tres años, en 2010, nos reunió después de 30 años.  Lucho pudo comprobar lo que yo le contaba de Esther. Compartimos un día con Esther en Madrid, caminamos varios kilómetros juntos pues ella prefiere andar, así nos mostraba las novedades de la ciudad, que tomar el metro o bus.  Lucho aguantó bastante, pero al final se fue al hotel y me dejó con Esther, ya no podía más, le dolían  los pies y se fue a descansar.
Silvia.

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