martes, 24 de septiembre de 2013

Amor de nube.


¡Dios, qué nostalgia me invade! ¡Cuánta soledad!¡intensa soledad siento! ¡llora, llora alma mía! ¡Te olvidaré! ¡Pasarás a ser sólo un recuerdo más! ¡Hasta hoy te pienso! ¡Adiós! 

Todos estos sentimientos se agolpaban en la mente de Andrea. Acababa de terminar con su novio una relación tormentosa, vaivén de pleitos y reconciliaciones. Andrea enjugó sus lágrimas y se fue a trabajar.
Transcurrieron  días con sus noches, semanas, meses. Andrea a trompicones depresivos  imbuidos de soledad había recuperado su vida de soltera disponible a nuevos amores.

Una noche entró a su Facebook.  De pronto recibe un mensaje ¿Quién lo envía? ¿Quién es este chico? Dudó, pero contestó.  Converso más de una hora hasta que escribió: Me voy  a dormir. Mañana me espera un día de trabajo intenso ¡Adios! Seguimos a la misma hora mañana.
Transcurrió un mes.
¿Por qué sigo en esta relación por Internet? Pensó Andrea mientras conducía camino a casa. A la vez  anhelaba que volaran  las horas para conversar con Santiago.
¿Qué me pasa? Yo soy una mujer sensata, precavida, decente, no me relaciono con extraños  por Internet.
Luego de varios meses la relación había pasado de Facebook a Skype.
Todas las noches conversaban  ¡horas! por videoconferencia.  Él desde Roma, ella en Caracas. Hablaban de música, lugares, viajes, libros, poesía.  En fin, de todo. No se les agotaban los temas. Hasta bailaban juntos por Skype. Eran felices cuando se veían  se sentían juntos.
¡Él está tan solo como yo! Si tan sólo pudiéramos atravesar la pantalla de la computadora. Pensaba Andrea, mientras soportaba la cola vehicular de la autopista Francisco Fajardo.
¿Estoy enamorándome de Santiago?
Últimamente estaban muy románticos A él se le iluminó el rostro cuando Andrea una vez le dijo: ¡Si, mi amor!  Ella tuvo que explicarle que en Venezuela  todo el mundo te dice mi amor porque somos gente muy cariñosa.  A ella le complació que él pensara otra cosa.  A su vez Santiago empezó a llamarla il mio amore. 
¿Y si así fuera? ¿seré el suo amore?  ¿Estaré sintiendo sentimientos más profundos que una simple amistad por él? ¿será igual de su parte? ¿Cómo era posible que ella estuviese enfrascada en esta relación por internet en vez de salir con nuevos pretendientes. 

Una noche Andrea le dijo:  Mejor dejemos de vernos por Skype. Decidieron  no comunicarse por un mes.
Los días, las semanas, se le hacían largos y tediosos a Andrea. ¡Dios, no puedo apartarlo de mi mente! ¡No me concentro, a pesar que me he convertido en una workaholic.

Tenía que reprimirse para no llamarlo. Reprimirse para no dejarle un mensaje de Skype.  Daba vueltas en la cama. Se esforzaba para no pensar en Santiago ¡Y otra noche más de insomnio!
Son  las 3 de la mañana y no puedo dormir. Tomó su Ipad de la mesa de noche y entró a Facebook.
Casi inmediatamente le entró un mensaje. ¡Era de él! Santiago que le decía: No te he olvidado. Intento quitarte de mi mente y es en vano. ¡Pienso en ti todo el tiempo!
Andrea escribió: Yo tampoco te he olvidado.
Santiago: Espérame il mio amore, viajo para Caracas pasado mañana. 
Andrea se levantó muy temprano ese viernes. Había pedido permiso para no ir a la oficina. Fue al Spa. Un masaje relajante le vendría muy bien. Luego manicure, pedicure, limpieza de cutis, baño de crema para el pelo. Secaron su larga melena. Ya en su apartamento apenas se maquillo  los ojos con una tenue sombra marrón, rimel para las pestañas, su labial preferido Lancome. Se perfumo con su colonia Blueberry de siempre. Ese blue jean ajustado le quedaba perfecto la hacía más esbelta. Calzó sus tacones Jimmy Choo. Tomó su cartera y bajó al estacionamiento abordó su carro y en rumbó hacia el aeropuerto de Maiquetía.

Apenas salió él por la puerta mecánica del terminal internacional se reconocieron enseguida. Sonrieron felices. Se abrazaron y besaron amigablemente. Al llegar al hotel, él se registró. Ella le dijo: -Te espero aquí en el vestíbulo- al tiempo que Santiago subía a su habitación.  Esa noche cenaron en el restaurante cinco estrellas del hotel. Hablaban, reían, ¡no podían creerlo al fin juntos!
Él la miraba feliz  mientras  Andrea  sorbía vino de su copa.  La tomaba de las manos para acercarlas a  sus labios y las besaba. Él le pidió que se quedara con él un rato más. Ella le dijo que sí. Él la abrazó y busco sus labios. Se besaron, como si estuvieran solos, en el restaurante.

“Bésame con el beso de tu boca, cariñosa mitad del alma mía;
Un solo beso el corazón invoca, que la dicha de dos me mataría…1

De pronto ella despertó y se dio cuenta que estaba desnuda. Lo miró a él. Dormía plácidamente, su rostro satisfecho esbozaba una sonrisa dulce, feliz, plena. Santiago despertó cuando ella  salía del baño después de darse una ducha. Él se incorporó, fue al baño y regresó a la cama al lado de Andrea. Empezó a abrazarla, a besarla con ternura, con pasión. Se amaron.  Pidieron servicio a la habitación. Seguían amándose. Así paso el fin de semana ¡Qué felices hemos sido juntos! El lunes él se embarcó de regreso a Roma.


Tómame ahora, que aún es sombría esta taciturna cabellera mía...
Ahora, que tengo la carne olorosa y los ojos limpios y la piel de rosa...
Hoy, y no mañana. Oh, amante, ¿no ves que en la enredadera crecerá ciprés? 2

1 Poema:  Extracto de 'Un beso nada más'. Manuel M. Flores.
2 Poema: Extracto de 'Las Horas'. Juana de Ibarbourou.

Fin









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