martes, 15 de octubre de 2013

La Dama de las líneas de Nazca



Dra. Maria Reiche Neuman
En la década de los setenta, tiempos de dictadura en Perú, era  yo una estudiante de Derecho en una universidad de Lima. Cuando me tocó iniciar mis prácticas legales, mi mamá, quién trabajaba en el Ministerio de Salud desde muy joven, me consiguió a través de su jefe, un gentil Coronel de la Fuerza Aérea peruana, que hiciera mis prácticas jurídicas en la Dirección Legal de Transporte Aéreo, del Ministerio de Transportes y Comunicaciones. Trabajé allí unos cuantos años. Una mañana cualquiera llegó a la oficina una anciana delgada, de tez blanca muy bronceada, su piel curtida denotaba que se exponía a un sol constante e inclemente, de  ojos claros que cubría con lentes de aumento, vestía muy casual, simple, calzaba sencillos mocasines o botines, su cartera era un bolso indio que llevaba colgado atravesando su pecho.  Al ver a la dama que se acercaba hacia mí, con  pasos lentos, tímidos, dudosos, me incorporé inmediatamente, dejé mi escritorio, y me acerqué a ella.
        ¡Buenos días! señora qué desea. Le pregunté.     ¡Buenos días! Me contestó ella, al tiempo que yo la invitaba a que tomara asiento.  
    Soy María Reiche y vengo a solicitar, si es posible…
       ¡Dios! es la arqueóloga alemana de las líneas de Nazca.  Me dije mentalmente ¡tan modesta y frágil que luce. Sin embargo, es un coloso de fortaleza y atrevimiento! ¡Qué honor! para mí, pensé.
Conversé largo rato con la Doctora Maria Reiche, además de arqueóloga, era matemática. En la oficina atendimos su pedido y mientras esperábamos que le dieran curso a su solicitud, entablamos, ella y yo, una amena conversación. 
Pude enterarme directamente por ella sobre su teoría acerca de  los misterios de las líneas de Nazca. Ella es un recuerdo que se presenta en mi memoria muy rara vez, pero concurre como si se tratara de una vieja y ajena crónica de  mi vida. Y la evoco. 
Parte  sur del mapa del Perú

¡Dios! era la científica que  entregaba su vida entera sin importarle vivir con escasez con tal de  poder  estudiar in situ las líneas de Nazca quien acudía a mi. Si, esa misma  sobre la que habíamos hablado en casa, con mi papá previo a un viaje familiar a Ica y Nazca. 
A continuación simulo una conversación que se dio más o menos así, entre la Dra. María Reiche y yo un día cualquiera de mil novecientos setenta y tantos.
    Habla la Dra. Reiche:  Ninguno de los innumerables misterios arqueológicos de Sudamérica supera los extraordinarios dibujos del desierto de Nazca. Las líneas de Nazca tuvieron que aguardar hasta la era de la aviación para ser descubiertas porque sólo pueden verse por aire.

      Doctora Reiche, pregunté ¿Eran las Líneas de Nazca pistas de aterrizaje de naves espaciales, de      extraterrestres?  
El mono - Las Líneas de Nazca
Declaradas Patrimonio de la
Humanidad en 1994.

     María Reiche, me contestó: No, no para mí. Llegué al Perú antes de la segunda guerra mundial, como institutriz de los hijos del Cónsul alemán en Cuzco. Quedé impresionada con sus construcciones, sus paisajes. En esa época conocí a un astrónomo paisano mío, un alemán.  Él había analizado la alineación de la catedral de Cuzco y el Coricancha o templo del Sol, sobre el que se construyó luego la Iglesia de Santo Domingo. El Dr. Muller decía que los incas habían alineado los ejes de sus edificios según el solsticio.  Y continuó la Dra. Reiche más o menos así: Después de la segunda guerra mundial regresé a Perú. En Lima conocí al científico Paul Kosok.  Fui a Nazca para trabajar con el profesor Kosok, él venía de la universidad de Long Island. Él me contó que una tarde de los años 40, vio ponerse el sol precisamente en el lugar que terminaba una de las líneas de Nazca. Era un 22 de junio, solsticio de invierno en el hemisferio Sur. Esto confirmó sus teorías de que las líneas marcaban alineaciones astronómicas, de que era “el libro de astronomía más grande del mundo”.
 ¿Una astronomía prehistórica? Le pregunté. La Dra. Reiche, me miró fijamente y continuó.
   Al morir el Dr. Kosok, seguí con las investigaciones en las que ambos trabajábamos. Yo vivía en esa época, en el único y modesto hotel de Nazca. Ahora vivo en un alojamiento de una granja en Ingenio, es el pueblo más cercano a las líneas y jeroglíficos.
Los nazca poseían la facultad del pensamiento abstracto, conocían la aritmética y dominaban un método topográfico. Me contaba la Dra. Reiche. Los dibujos nos permiten conocer sus procesos mentales y sus logros intelectuales. Los incas sabían de geometría, la ausencia de interrupciones en las curvas de sus dibujos lo dicen.
En la década de los setenta la Dra. Reiche ya había dedicado más de 25 años  de su vida a las líneas de Nazca. Sé que muchas de sus ideas originales fueron modificadas, reformuladas, cuestionadas. Sin embargo, ella siempre creyó que las líneas representaban  un gigantesco calendario.
Hombrecito, es gigante, en la ladera de una montaña


   Los nazcas, afirmaba la Dra. Reiche, eran en primer lugar y por encima de todo, agricultores que necesitaban calcular el momento adecuado para plantar y cosechar sus alimentos. Muchas de las líneas parecen trazadas para señalar al Sol, a la Luna o a las estrellas.


Sea cual sea el propósito de la líneas ubicadas en el desierto de Nazca, su precisión y belleza prueba que fueron trazadas en el contexto de una sociedad culta y con gran sentido de la estética.

Avioneta sobrevolando las líneas de Nazca
La Dra. Reiche expresó  otros elementos que lo confirman: - Se han encontrado hermosos objetos de oro finamente labrados, tejidos muy perfeccionados, vasijas de cerámica; todos estos objetos hallados en el interior de las tumbas verticales que salpican el desierto de Nazca, revelan una cultura artísticamente sofisticada.

La Doctora Maria Reiche Neumann, vivió hasta los 95 años,  murió el 8 de Junio de  1998 y está enterrada en un mausoleo ubicado al lado del museo que lleva su nombre en la ciudad de Ica, Perú.


Emocionados luego del sobrevuelo por las pampas de Nazca.
 Lucho, mi esposo, y yo. 14 de Abril de 2011.
Luego del sobre vuelo por las líneas de Nazca
nos bebimos sendos vasos chicha morada bien fría.






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