¿Año? Tal vez, 1968. Lugar, el comedor de la casa de mi amiga Anita en
Jesús María. Época, vacaciones escolares. Era una calurosa tarde de verano limeño, nos habíamos hecho una Ouija con un tablero de
cartón en el que dibujamos todas las letras del alfabeto, los
números del uno al nueve con cero incluido. Además, las palabras “Sí”, “No” y
“Adiós”. Pretendíamos convocar a un espíritu bueno del más allá
para que contestara las preguntas que le haríamos. Confieso
que estábamos ansiosas, asustadas, pero eso no nos detenía. Ya teníamos la
Ouija y debíamos comprobar si realmente a través de este instrumento
artesanal los espíritus nos iban a responder.
Nos sentamos, Ana y yo, mirándonos una frente a la
otra con la ouija sobre nuestras piernas. Éramos en total cuatro chicas, las
otras dos esperaban expectantes su turno para fungir
como médiums. Mientras tanto su turno era escribir lo que el espíritu comunicara.
-Empieza tú, invócalo tú, le dije a Ani.
-No, tú pregunta primero… fue tu idea. Me contestó.
-¿Yo? mentira, yo no fui la de la idea. Le respondí y
agregué. En todo caso tú eres la mayor a ti te toca empezar.
-Bueno pues. Pregunto yo primero. Respondió
Anita.
Empezó a hablar en tono suave, calmado, con palabras
agradables llamaba a un espíritu bueno y a la vez
escribiríamos lo que diría el fantasma. A mí me tranquilizó
escucharla y pensé: Esta Ani por algo está estudiando Relaciones
Públicas, habla bonito y seguro viene un espíritu culto, educado.
Transcurrieron varios minutos y el triángulo (una cuña de cartón), sobre
el que habíamos posado ligeramente nuestras manos no se movía ni un ápice.
Empezamos a relajarnos, a burlarnos de nosotras mismas por creer en estas
cosas. ya lo íbamos a dejar, en eso, se movió la cuña.
-¡No seas tramposa Ana!. no muevas tú el
triángulo. Le dije.
-Yo no estoy moviendo nada. Eres tú la que lo estás agitando. Me respondió mirándome a mí y a la cuña triangulada a continuación.
- No, yo no he movido nada ¡Te lo juro! Le
contesté.
Nos miramos una a la otra y nos quedamos quietas sin apartar nuestras
manos sudorosas del cartón que ahora se deslizaba de una letra a otra, como
dirigido por una fuerza invisible y constante.
Tras unos primeros balbuceos el “espíritu” empezó a formar
palabras. Estábamos aterradas pero seguíamos conectadas aferradas a la cuña triangulada. Ani iba deletreando
cada palabra en voz alta. Las otras chicas expectantes empezaron a escribir lo
que decía.
-¿Quién eres? Le preguntamos.
-Soy un espíritu femenino. Al principio no quiso darnos su
nombre y se mostraba huidiza. No quería hablar de sí misma; no quiso decirnos
dónde estaba. Dijo que se sentía bien.
-Soy una chica como ustedes. Contestó el alma.
- Y tú cómo sabes que somos chicas. Escribimos en el
tablero.
- Lo intuyo. Realmente lo sé. Las veo. Siempre son
chicas bobaliconas las que hacen la ouija. Escribió el espíritu.
- ¿En serio? No nos ofendas sólo queríamos curiosear y probar si
esto de la ouija era cierto. Escribimos.
- Ahora las voy a asustar. Me llamo Belinda, y sí, es cierto
esto de la ouija. Yo morí el siglo pasado. Puedo
hacerles lo que me dé en gana. Les lanzaré los vasos, platos, cuchillo, tenedores y cucharas por la cabeza. Y les advierto no convoquen nunca más a los
espíritus o no las dejaré tranquilas.
El triángulo se movía a una velocidad sorprendente. Ani me gritaba y yo a ella, estábamos espantadas. Ya no
teníamos quién anotara lo que Belinda decía porque las otras chicas habían salido corriendo de la casa.
Nos mirábamos las dos con ojos desorbitados, llorosos ¿Y
ahora qué hacemos? Nos preguntamos sin soltar las manos del triángulo.
- No podemos soltar
esto y huir tenemos que hacer que Belinda se vaya en paz de la casa. Me dijo Anita.
El anima seguía dictándonos -Nosotros estamos en otra
dimensión. Sí existe conexión entre el mundo real de ustedes y éste
en el que estoy yo desde hace mucho pero en mi tiempo no es tanto. Les advierto, es peligroso atreverse a cruzar la línea. Si lo vuelven a traspasar ustedes no las
dejaré tranquilas. Les aviso por segunda vez. Nos dijo Belinda.
Llorando de miedo Anita y yo escribimos.
-Perdónanos, nunca más volveremos a tratar de comunicarnos con el más allá ¿Qué podemos hacer
por ti? Le preguntamos.
- Sólo recen por nosotros. Aquí estamos bien ¡Esperando! No jueguen con la ouija o sabrán de mí. Nos
contestó.
- Lo prometemos. nunca más. Gracias por tus consejos. Escribimos.
A partir de ese momento dejó de moverse el triángulo. Se quedó
absolutamente quieto a pesar que nosotras continuamos con nuestras
manos colocadas encima del triángulo hasta estar seguras que el espíritu Belinda se había ido de este mundo.
Anita lloraba porque no quería que nadie del más allá se
quedara en su casa. Yo lloraba de miedo abrazada a ella. Las lágrimas nos brotaban a borbotones. Aún así, nos
sentíamos valientes por haber salido airosas de esta
experiencia de ultratumba con la ouija. Esa tarde maduramos.
Hace un par de noches llamé a Lima a Anita, mi compinche de la
niñez, para recordar juntas esa experiencia. Le pregunté si lo había vuelto a
intentar. Me contestó que sólo cuando murió su mamá. Hace años trató de
comunicarse con ella. Su madre acudió para decirle que rece, que ella está bien y
que no vuelva a repetir esta experiencia. Obtuvo un
bis, pues.
Por mi parte nunca más lo intenté.
¿Existe un mundo paralelo? No lo sabemos.
¿Existen otras formas de percibir el mundo del más allá por vías
distintas a los cinco sentidos? Eso es mejor dejar a los científicos que lo descubran y las personas dotadas del sexto sentido.
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