viernes, 25 de octubre de 2013

Una experiencia con la Ouija.

¿Año? Tal vez, 1968. Lugar, el comedor de la casa de mi amiga Anita en Jesús María. Época, vacaciones escolares. Era una calurosa tarde de verano limeño, nos habíamos hecho una Ouija con  un tablero de cartón  en el que dibujamos todas las letras del alfabeto, los números del uno al nueve con cero incluido. Además, las palabras “Sí”, “No” y “Adiós”.  Pretendíamos convocar a un espíritu bueno del más allá para que contestara  las preguntas que le haríamos. Confieso que estábamos ansiosas, asustadas, pero eso no nos detenía. Ya teníamos la Ouija y debíamos comprobar si realmente a través de este instrumento artesanal  los espíritus nos iban a responder.
Nos sentamos, Ana y yo, mirándonos  una  frente a la otra con la ouija sobre nuestras piernas. Éramos en total cuatro chicas, las otras dos esperaban expectantes su turno para fungir como médiums. Mientras tanto su turno era escribir lo que el espíritu comunicara.
-Empieza tú, invócalo tú, le dije a Ani.
-No, tú pregunta primero… fue tu idea. Me contestó.
-¿Yo? mentira, yo no fui la de la idea. Le respondí y agregué. En todo caso tú eres la mayor a ti te toca empezar.
-Bueno pues. Pregunto  yo primero. Respondió Anita.
Empezó a hablar en tono suave, calmado, con palabras agradables  llamaba a un espíritu  bueno y a la vez escribiríamos lo que diría el fantasma. A mí me  tranquilizó escucharla y pensé: Esta Ani por algo está estudiando Relaciones Públicas, habla bonito y seguro viene un espíritu  culto, educado.
Transcurrieron varios minutos y el triángulo (una cuña de cartón), sobre el que habíamos posado ligeramente nuestras manos no se movía ni un ápice. Empezamos a relajarnos, a burlarnos de nosotras mismas por creer en estas cosas. ya lo íbamos a dejar,  en eso, se movió la cuña.
No seas tramposa Ana!. no  muevas tú el triángulo. Le dije.
-Yo no estoy moviendo nada. Eres tú la que lo estás agitando. Me respondió mirándome a mí y  a la cuña triangulada a continuación. 
No, yo no he movido nada ¡Te lo juro!  Le contesté. 
Nos miramos una a la otra y nos quedamos quietas sin apartar nuestras manos sudorosas del cartón que ahora se deslizaba de una letra a otra, como dirigido por una fuerza invisible y constante.
Tras unos primeros balbuceos el “espíritu”  empezó a formar palabras. Estábamos aterradas pero seguíamos conectadas aferradas a la cuña triangulada. Ani iba deletreando cada palabra en voz alta. Las otras chicas expectantes empezaron a escribir lo que decía.
-¿Quién eres?  Le preguntamos.
-Soy un espíritu femenino. Al principio no quiso darnos su nombre y se mostraba huidiza. No quería hablar de sí misma; no quiso decirnos dónde estaba. Dijo que  se sentía bien.
-Soy una chica como ustedes. Contestó el alma.
Y tú cómo sabes que somos chicas. Escribimos en el tablero.
Lo intuyo. Realmente lo sé. Las veo. Siempre son chicas bobaliconas las que hacen la ouija. Escribió el espíritu.
- ¿En serio? No nos ofendas sólo queríamos curiosear y probar si esto de la ouija era cierto. Escribimos.
Ahora las voy a asustar. Me llamo Belinda, y sí, es cierto esto de la ouija. Yo morí el siglo pasado.  Puedo hacerles lo que me dé en gana. Les lanzaré los vasos, platos, cuchillo, tenedores y cucharas por la cabeza. Y les advierto no convoquen nunca más a los espíritus o no las dejaré tranquilas.
El triángulo se movía a una velocidad sorprendente. Ani me gritaba  y yo a ella, estábamos espantadasYa no teníamos quién anotara lo que Belinda decía porque las otras chicas  habían salido corriendo de la casa.
Nos mirábamos las dos con ojos desorbitados, llorosos ¿Y ahora qué hacemos? Nos preguntamos sin soltar las manos del triángulo.
    - No podemos soltar esto y huir tenemos que hacer que Belinda se vaya en paz de la casa. Me dijo Anita.
El anima seguía dictándonos -Nosotros estamos en otra dimensión.  Sí existe conexión entre el mundo real de ustedes y éste en el que estoy yo desde hace mucho pero en mi tiempo no es tanto. Les advierto,  es peligroso atreverse a cruzar la línea. Si lo vuelven a traspasar ustedes no las dejaré tranquilas. Les aviso por segunda vez. Nos dijo Belinda.
Llorando de miedo  Anita y yo  escribimos.
-Perdónanos, nunca más volveremos a tratar de comunicarnos con el más allá ¿Qué podemos hacer por ti? Le preguntamos.
Sólo recen por nosotros. Aquí estamos bien ¡Esperando! No jueguen con la ouija o sabrán de mí. Nos contestó.
- Lo prometemos. nunca más. Gracias por tus consejos. Escribimos.
A partir de ese momento dejó de moverse el triángulo. Se quedó absolutamente quieto  a pesar que nosotras continuamos con nuestras manos colocadas encima del triángulo  hasta estar seguras que el espíritu Belinda se había ido de este mundo.
Anita lloraba porque no quería que nadie del más allá se quedara en su casa.  Yo lloraba  de miedo abrazada a ella. Las lágrimas nos brotaban a borbotones. Aún así, nos sentíamos valientes por  haber salido airosas de esta experiencia de ultratumba con la ouija. Esa tarde maduramos.

Hace un par de noches llamé a Lima a Anita, mi compinche de la niñez, para recordar juntas esa experiencia. Le pregunté si lo había vuelto a intentar. Me contestó que sólo cuando murió su mamá. Hace años trató de comunicarse con ella. Su madre acudió para decirle que rece, que ella está bien y que no  vuelva a repetir esta experiencia. Obtuvo un bis, pues.
Por mi parte nunca más lo intenté. 


¿Existe un mundo paralelo? No lo sabemos.
¿Existen otras formas de percibir el mundo del más allá por vías distintas  a los  cinco sentidos? Eso es mejor dejar  a los científicos que lo descubran y las personas dotadas del sexto sentido. 



No hay comentarios:

Publicar un comentario