| La ciudad vieja - vista desde la torre del reloj astronómico - Praga. |
En uno de sus paseos solitarios por las calles
de Praga, Gregor Samsa se cruzó con una chica que lo impresionó al verla. No, no era
Felice, su novia. Él se detuvo en seco. Ella también. Ambos sonrieron manteniéndose
la mirada como atraídos por un imán. Se
presentaron.
Me
llamo Gregor Samsa.
Yo, Josefina, cantante de ópera.
Josefina
voy a cenar al Inca Köstlichkeiten (Delicias incas) ¿vienes conmigo?
¡Sí! Voy contigo.
¿Has
probado la gastronomía peruana?
¡Claro
que sí! Cuando canté en Lima almorcé en el restaurante Cordano ¡Una delicia!
Los
sabores de Perú reaniman mi espíritu, me sacan de mi apatía y afecciones. A veces me veo como un topo gigante…
¿Puedes creerlo? Comentó Samsa.
Tras caminar a paso lento por la Ciudad Vieja, al atardecer, cerca del reloj
astronómico, entraron en el restaurante.
Pidieron de aperitivo, dos Pisco Sour; plato
de entrada: Ceviche de pescado; plato
principal: Lomo saltado, y de postre: Crema volteada. Era un local muy agradable, informal y con precios
asequibles. La iluminación era tenue, en cada mesa había una vela encendida, se
escuchaba música suave: El cóndor pasa. Mantuvieron una grata conversación, la
típica entre dos personas en su primera cita (si es que a ese encuentro casual
se le pudiera llamar cita). Bebieron dos Pisco sour más. Emocionados, eufóricos, se confesaron entre sí a la luz de una vela y del mágico sonido
de una quena.
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| Ceviche de pescado |
Esa noche Gregor por primera vez fue realmente
feliz. Salió de su ensimismamiento. Todo ocurrió natural. Se
confortaron en cuerpo y espíritu. Sucedió
como un sueño. Han pasado los años y sin embargo, se recuerdan uno
al otro cada vez que beben un Pisco sour o escuchan El cóndor pasa. Nunca más
se volvieron a ver.
| Casa de Franz Kafka |
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| Lomo saltado |
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| Pisco Sour |
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| Crema volteada |




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