Mí "Entre paréntesis"
José Ignacio (J.I.), nuestro hijo
menor, viajó en 2020 por vacaciones con una estadía programada de 3 meses. Sin
embargo, por causa de la pandemia Covid, no pudo regresar, tuvo que residenciarse y buscar trabajo hace 2 años en el país que visitó. Consiguió un empleo novedoso para él en una actividad nunca antes abordada. Así se descubrió
a sí mismo. A nosotros, sus padres, nos tocó entregar su vivienda en alquiler,
retirar sus cosas, las que donamos en su mayoría siguiendo sus instrucciones.
Nos quedamos con su pequeña biblioteca de renombrados autores de novelas y biográficas.
Por mi hijo he descubierto autores que no conocía y si los conocía de nombre, nunca
los había leído.
Mi esposo me
pregunta: ¿Has leído a Roberto Bolaño? Mientras tiene entre sus manos “Entre
paréntesis” de Bolaño. Es un libro de la colección de J.I.
Sí, ¿por qué? Le contesto. Lucho me
muestra una nota escrita por mí, pegada en una página del libro de relatos
autobiográficos de Bolaño. Vaya no lo recordaba, leo mi anotación y recuerdo inmediatamente
por qué la escribí.
Bolaño cuenta en una de las páginas
de Entre paréntesis, su estadía en Berlín. Y me impresionó.
| Roberto Bolaño 28/4/1953 - +15/7/2003 |
¿Porqué Bolaño con su relato de la
llegada a su hotel en Berlín me recordó nuestro anecdótico viaje en el tren
nocturno de Viena a Venecia?
Bolaño cuenta que cuando estuvo en Berlín, se encantó por la hospitalidad de los berlineses, la comida no le sentó mal, todo normal, salvo por dos cosas, la primera lo alojaron en una mansión junto al lago Wannsee, en las afueras de la ciudad, en la que se suicidó un escritor. En el hotel que antes había sido un castillo, no había ni un alma, le dejan la llave en un buzón que parecía una cañería junto con una nota donde le especifican el número de su habitación, está completamente solo. No había ni un alma. Cuando encuentra su habitación, la ventana estaba abierta, las paredes llenas de mosquitos. La plaga de mosquitos del Wannsee. Era una plaga que no había visto en años. Sólo vio algo semejante, pero menos, cuando estuvo en Panamá o en el Amazonas. A Bolaño le pareció tan extraño, de lo más excéntrico encontrar semejante plaga de mosquitos en Berlín. La soledad de Bolaño, tan valioso escritor, me pareció tan increíble, que mi mente voló y sentí que esa especie de soledad de Bolaño cuando desesperado salió inquieto a pedirle a alguien un spray anti mosquitos y se dio cuenta que estaba sólo en aquella enorme mansión ¡Qué impotencia habrá sentido Bolaño! No había nadie, no empleados. Es la soledad que vi en la cara de Lucho, su angustia reflejada al ver a la señora alemana gorda entrada en años y su hijo o nieto; esa mujer sudorosa y su hijo, ambos emanaban olores fuertes desagradables, que amenazaban nuestra tranquilidad, de una noche soñada por nosotros en un tren de Viena a Venecia. Se dice que las mujeres somos de armas tomar. Yo creo que sí. Como mujer reaccioné rápido esa noche, salí como un bólido a buscar al oficial a cargo para que nos solucionara el impase. Habíamos pagado, desde América, un viaje en tren en primera clase y era lo que tenían que darnos.
Bolaño cuenta, en su relato que se pasó toda la noche matando mosquitos, los contaba uno tras otro, hasta que dejó de contarlos. En los intervalos pegaba la nariz en el cristal de la ventana que ya no se atrevió a abrir más. Más bien, Bolaño, en sus delirios soñolientos creía ver a las orillas del lago Wannsee, al fantasma del escritor berlinés que se suicidó allá por años anteriores, lo veía bailando con una nube de mosquitos fosforescentes. Hasta que finalmente se durmió. Como nos dormimos nosotros, pero a diferencia de Bolaño, nosotros nos dormimos cómodos cada uno en nuestra respectiva litera, propias de la primera clase que habíamos pagado desde Caracas. Amanecimos en Venecia. Al pie del muelle del mar veneciano un bote taxi nos llevó por los canales venecianos hasta nuestro hotel en la isla de Lido. Venecia será otro relato.
| En Venecia |
Me gustó. Bonito relato.
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